El Frankenstein bancario

En el mundo de los grandes negocios de acaudalados de México y España se desentierra algo histórico; Cuarta transformación parece estarse plegando rápidamente a rapiña

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A la vez que el nuevo embajador de España en México Juan López Dóriga, habla de que la pretensión de Andrés Manuel López Obrador para que el Rey ofrezca disculpas a los mexicanos por la conquista de hace 500 años, no ha demeritado las buenas y sólidas relaciones de ambos gobiernos, en el mundo de los grandes negocios de acaudalados de ambos países se desentierra algo histórico, más importante que la insulsa petición presidencial sin claro sustento ni propósito. Lo que ahora aflora de verdadera sustancia y significado en las relaciones entre los pueblos de ambos países, es lo del neocolonialismo voraz-bancario que los gobiernos de México facilitaron a los consorcios españoles que ahora dominan prácticamente el control y manejo de los ahorros nacionales.

Cuando el Senado no pudo tocar, ni con el pétalo de una rosa las comisiones de los bancos en el país, que cobran las comisiones más altas del mundo a los ingresos exiguos de los mexicanos (que el propio López Obrador frenó), revive la afrenta que diariamente sufren los usuarios que cobran su nómina, pagan derechos, cuotas, transferencias, impuestos etcétera, pasan por la báscula para agigantar las utilidades de los concesionarios bancarios.

La empresa bancaria más importante del país acaba de romper su último contacto con su origen nacional al borrar de su denominación el nombre BANCOMER para quedar exclusivamente como BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria). Bancomer corresponde a una abreviación de Banco de Comercio S. A., que fue una institución fundada en 1932 entre otros por Raúl Bailleres, Salvador Ugarte, Mario Domínguez y Ernesto J. Amezcua (grupo BUDA) asesorado jurídicamente por Manuel Gómez Morín. Ese pasado institucional, quedará sepultado por la avalancha del extranjerismo bancario, que quiere borrar cualquier rastro nacional.

Todo esto tiene más fondo que la mera apariencia. La quiebra de los bancos que se dio en los 80 por la inflación galopante a la par de los buitres bancarios que lucraban con los autopréstamos no recuperables, llevó a Zedillo y después a Salinas, a salvar las instituciones con dinero público, quedándose el gobierno con la cartera incobrable para subastarla capitalizando a los bancos con dinero fresco, que sumaron a su capital contra el pasivo que crecía de la deuda pública en la panza del IPAB, que sigue pagándose a los bancos más importantes. De ahí salieron los negocios más jugosos de los hijos de Marta Sahagún y de muchos más que compraban carteras, para quedarse con las garantías inmobiliarias y revenderlas a mil veces el pago de la subasta.

Recientemente un desplegado firmado por Amparo Espinosa Rugarcía nos hizo recuperar en la memoria este siniestro cuadro cuando México entregó a extranjeros su banca nacional que, con altas y bajas, había logrado atender y promover los servicios financieros para cada día mayor número de mexicanos que fueron teniendo acceso a los mismos y eran objeto de un trato respetuoso y cálido que hoy ya no existe en las transnacionales apoderadas de nuestros sistemas de pago. Las autoridades bancarias cómplices cobijan la usura y abuso en las comisiones. En España BBVA es el banco más rentable de la cadena internacional por las aportaciones de los mexicanos con ingresos promedio de menos de la mitad que el de los españoles pagando el doble por el mismo servicio.

El Banco de Comercio se creó en 1932 como una red de bancos de provincia que en cada capital de estado tenía la sede de su matriz, con su propia administración y consejo local, para atender las necesidades de crédito y captación de ahorro de inversionistas regionales, para la atención de sus particulares condiciones en la industria, agricultura, servicios, comercio etcétera. Don Manuel Espinosa Yglesias logró después ampliar la red manteniendo una coordinación y una sinergia exitosa que innovó la práctica bancaria vinculándola al desarrollo nacional y de cada estado. Posteriormente lo rebautizó como “un banco con ideas modernas” aumentando sus servicios y sucursales a los lugares más apartados para cubrir el territorio nacional.

López Portillo se volvió loco con los exorbitantes ingresos petroleros y disparó la inflación al extremo que desquició a los propios bancos y a la actividad económica del país generando un caos que nunca quiso reconocer, optando por culpar a los bancos para apoderarse del sistema haciéndolo sobrevivir a medias otra vez con la inyección de recursos públicos a cargo del pueblo. De la Madrid centralizó al extremo los grupos bancarios de primer piso y les hizo integrarse en consorcio con financieras, afianzadoras, aseguradoras, casas de bolsa etcétera, para crear monstruos que poco a poco crecieron y se concentraron en la propiedad de magnates que hoy los manejan.

Como peor epílogo Salinas, aliado con el nuevo PAN para firmar el TLC, reprivatiza la banca y abre las concesiones para su venta a extranjeros. Soliviantó que sus antiguos propietarios sacaran sus recursos del país, se quedaran con las casas de bolsa y se hincharan con nuevos negocios inmobiliarios que todavía están en boga. Total una metamorfosis bancaria financiera, que engendró el actual Frankenstein de nuestra endeble economía que teme tocar a los banqueros por las respuestas que sus gobiernos pueden dar al propio, de los mexicanos que pagan ese enriquecimiento. Aun así, la cuarta transformación parece estarse plegando rápidamente a la rapiña bancaria como si fuese un mal necesario para los nacionales.

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