El escabroso camino al T-MEC

Esquema fruto de un complejo contexto político, económico y comercial en América del Norte

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El histórico Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que eliminó la mayoría de los aranceles sobre el comercio entre México, Canadá y los Estados Unidos, entró en vigencia el 1 de enero de 1994.
Desde ese año y hasta el día de hoy, el TLCAN ha brindado certidumbre a empresas mexicanas y extranjeras que operan en América del Norte, permitiendo a México aumentar sus exportaciones a Estados Unidos y Canadá así como atraer inversión extranjera dirigida a la producción compartida en la región.
Desde la toma de posesión del nuevo presidente norteamericano, una de sus principales promesas de campaña era modernizar el TLCAN, ya que desde el principio siempre aseguró que todo estaba mal negociado y que las ventajas para México y Canadá eran gigantescas, sacando “provecho” de los norteamericanos. El ambiente político derivado de las exigencias del presidente Trump de renegociar de manera más favorable para Estados Unidos o abandonar el TLCAN durante su campaña generó enorme incertidumbre sobre las reglas comerciales que normarían las relaciones en América del Norte, ocasionando una fuerte depreciación del peso y la desaceleración de flujos de IED hacia México.
Por si no fuera poco las exigencias comerciales a lo largo de las siguientes décadas, generaron la necesidad de modernizar y optimizar el TLCAN, el acuerdo ayudó a propiciar la instalación e inversión de empresas multinacionales en México, principalmente para abastecer las demandas de los consumidores estadounidenses.
El 30 de septiembre de 2018, Estados Unidos, México y Canadá acordaron la modernización del TLCAN en términos de lo que se conocerá como Tratado México–Estados Unidos–Canadá (T-MEC) o USMCA por sus siglas en inglés (United States Mexico-Canada Agreement).
El propósito del TLCAN desde un inicio era fomentar la actividad económica entre las tres principales potencias económicas de América del Norte, cuyo valor de mercado se estima en 20.5 mil millones de dólares.
La modernización del TLCAN, originalmente nombrado TLCAN 2.0, pero bautizado por el presidente Trump como USMCA o T-MEC. El propósito del T-MEC es promover la aplicación de los derechos laborales fundamentales en la legislación laboral; garantizar la protección a los trabajadores migrantes; impulsar una agenda de cooperación que permita la aplicación de los derechos laborales fundamentales y fomentar el diálogo.
El T-MEC, es el resultado de un complejo contexto político, económico y comercial que vive la región de América del Norte, si bien las negociaciones se dieron durante la administración del Presidente Peña Nieto, es responsabilidad del gobierno en turno buscar la voluntad política con los EUA y Canadá para que entre en vigor.
El escabroso proceso de negociación del nuevo T-MEC se llevó a través de ocho rondas y más de un año de intenso trabajo. Sin embargo, la ratificación del tratado en materia legislativa aún debe pasar por los respectivos Congresos de cada país. El 30 de septiembre de 2018, de acuerdo a lo citado por la Secretaría de Economía fue acordado por los tres países y firmado posteriormente el 30 de noviembre, en el marco de la Cumbre de Líderes del G-20, celebrada en Argentina.
Para México, dicho proceso deberá pasar por el Presidente de la República para la firma del acuerdo con fundamento en lo dispuesto por la Ley sobre Aprobación de Tratados Internacionales en materia económica, el texto final deberá ser enviado al Senado de la República para su discusión y aprobación de conformidad con el artículo 76 de la Constitución de nuestro país.
No sólo se comienza a recorrer el escabroso y lleno de obstáculos camino para hacer entrar en vigor, no sólo por los Congresos de cada país, ahora debemos sumarle las declaraciones de la demócrata Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes en EUA, quien ha declarado que si México no demuestra la aprobación y vigencia de la reforma laboral no se aprobará el nuevo tratado.
Aunado a lo anterior, antes de lograr un tratado en vigor por las tres naciones, es primordial que los EUA levanten los aranceles al acero y aluminio impuestos a México y Canadá. Obtener los 218 votos bipartidistas necesarios para la aprobación del T-MEC, el cual en su mayoría se encuentra en manos de los demócratas. Asimismo, se deberá ganar al arranque de las primarias presidenciales para reelegir o quitar al Presidente Trump.
Por si fuera poco, temas con los cuales los norteamericanos pueden buscar una renegociación de ciertas cláusulas y sin los cuales afectarán la entrada en vigor del T-MEC son la posición de México frente a Venezuela, el cambio de la postura oficial frente a las caravanas migrantes que llegan por miles a nuestro país y se les permite internación y tránsito hasta llegar a la frontera con los EUA, el muro fronterizo y los que se vayan sumando que sean de interés para los norteamericanos.
Los tiempos para Canadá son menos alentadores para la votación ya que en el mes de octubre se tienen contempladas las elecciones parlamentarias y posiblemente los EUA busquen sacar mayor ventaja si logran reabrir las negociaciones del T-MEC.
PARA REFLEXIONAR: En estos días, de acuerdo a lo dicho por Moisés Kalach, director del Consejo Consultivo Estratégico de Negociaciones Internacionales del CCE, el empresariado mexicano junto con la SRE y la SE, llevará a cabo reuniones con sus homólogos norteamericanos para sensibilizar sobre la importancia de hacer entrar en vigor el T-MEC y no buscar reabrir las negociaciones. Si lo que desean es mandar confianza y un buen mensaje a sus contrapartes norteamericanos, enviando a toda la caballería, francamente hacen notar el nerviosísimo y la falta de voluntad política y económica en nuestro país para mejorar las condiciones laborales de millones de mexicanos.

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