El enojo del vecino

México sin margen de acción ante la política migratoria que impone Donald Trump; Marcelo Ebrard y grupo negociador solamente fueron a recibir ultimátum a Washington

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Donald Trump. El poder político nace del cañón del fusil

En nuestra relación bilateral con nuestro vecino del norte, la que nunca ha sido de buena vecindad, de la que nunca hemos recibido un trato integral de amigos o de socios comerciales, siempre en un plano de desigualdad y, en reiteradas ocasiones de humillación, injusticia y saqueo, siempre se han superado las adversidades.

Un país encaramado como primera potencia del mundo que nos beneficia, pero cómo nos desequilibra, manipula y degrada; a cuya población sajona primordialmente, le ha vuelto aflorar el sentimiento de supremacía de raza, con sus connotaciones de discriminación, pero sobre todo, y lo más lamentable, la imposición de su poderío económico que nos ultraja y somete a sus intereses: capitaneado por Donald Trump.

En este avatar de vecindario, alguna vez en la administración de Vicente Fox bajo la promoción de Jorge Castañeda su canciller, se aspiró a una negociación denominada “la enchilada completa”, sustentada por la afinidad y una supuesta amistad presidencial con George W. Bush, en la que se trataron de aterrizar elementos de beneficios mutuos, donde se destacaba la regulación de la migración, lógicamente la de inmigrantes mexicanos (cerca de 30 millones de avecindados); que por falta de oficio, compromiso y visión política y diplomática del mandatario mexicano, se desperdició.
Una ventana abierta irrepetible para consolidar beneficios históricos, que nos hicieran con el tiempo menos vulnerables ante la situación actual de crisis que se vive con el país más poderoso del mundo, que nos impide una respuesta o una exigencia de igual a igual.

Dificultades insoslayables, sólo equiparables guardando sus equivalencias con las invasiones a través del tiempo que se han padecido en nuestro territorio de parte de Estados Unidos, pero con los mismos efectos de deshonra para el orgullo nacional, con su implícito deterioro económico de sanción por claudicar.

En esta vecindad, donde nuestro comercio exterior depende en su exportaciones del 80 por ciento de su recepción en suelo estadounidense, un puntal esencial de nuestra economía; se enfrenta a un personaje que explota esta dependencia en favor de sus aspiraciones personales para perpetuarse en la historia norteamericana, encaminada a su reelección presidencial.

EL INQUILINO DE LA CASA BLANCA

Donald Trump, con un estilo que retoma los principios de Mao Tse Tung, donde: “el poder político nace del cañón del fusil”, secundado por el de Lenin: “en política no hay moral sólo conveniencia”, sustenta su esencia filosófica en su actuar.

Un mandatario que se ha convertido en un hombre fuerte y temido, no sólo en su país, sino en el mundo entero, el que polariza, enfrenta, humilla y desafía, y, que hoy, se encarama contra México.

Un instigador arrogante, sembrador de inquinas y resentimientos; acostumbrado a influir, atemorizar y manipular para el logro de sus objetivos, aunque en la difusión y aplicación de sus políticas, la justicia tenga que salir por la ventana.

Un personaje acostumbrado a imponerse sin miramientos, aunque muchas de las veces también se convierta en víctima de sus acciones, donde es indudable que influye y conecta con una gran parte del electorado norteamericano que lo secunda, cuyas acciones las fomenta una y otra vez para seguir seduciendo a ese conglomerado, sin importarle el complemento poblacional.

Un protagonista al que no le importa que sus propuestas o decisiones se multipliquen a favor o en contra de la causa o bandera que suele perseguir, convertido en un incurable negociador al que no le gusta perder; al que no se ha podido neutralizar o limitar, principalmente por los contrapesos de sus país y de las potencias mundiales como China y Rusia y, que hoy, como casi es recurrente, toma como “sparring” o “piñata” a México, para encumbrarse como el gran negociador de la crisis migratoria centroamericana que penetra y quiere invadir su país, en la que México sirve de tránsito permisible.

ASCENSO SISTEMÁTICO

Una crisis migratoria que ha generado el “enojo” no solamente del presidente estadounidense, sino de la población estadounidense en general, principalmente los que viven a diario esta invasión inusual que, según cifras de control migratorio norteamericano en un ascenso sistemático mensual, en mayo alcanzó la cifra record y preocupante de 144 mil 278, cuando en promedio se detenía a 60 mil; lo que provocó la decisión unilateral de castigar al vecino que no coopera, no obstante que desde inicio de la administración de López Obrador se habían hecho observaciones y solicitado medidas de acción para frenar algo que se predecía e inquietaba y que hoy, ya se salió de control.

Una crisis que según los afectados, llámese Estados Unidos e indirectamente Guatemala, Honduras y El Salvador principalmente, en gran medida fue alentada, adicionalmente por las condiciones críticas de inseguridad y falta de empleo de los países centroamericanos, por el ofrecimiento humanitario mexicano de buena vecindad, pero populistas a fin de cuentas por sus efectos de ofrecer visas humanitarias, trabajo, becas y apoyos para los migrantes que aceleró este éxodo, para un México en proceso de transformación que está muy lejos de proporcionar, y que hoy, se convierte en una encrucijada política y económica que indudablemente trastocará las políticas públicas que persigue.

Muchos factores se pueden adicionar para detonar la avalancha humana de centroamericanos, a los que se les ha sumado un sinnúmero de haitianos, cubanos y africanos, estos últimos, dentro de los más rijosos que han provocado incidentes y tumultos, que buscan acceder por igual al famoso pero ya inalcanzable sueño americano, convertido ya en vía crucis para los que se atreven en este periplo.

LAS CONSECUENCIAS

Bien señalaba Sándor Márai: “las palabras una vez pronunciadas cobran vida”. Y con muchos pronunciamientos de corte popular, se inquietó y se abrió las puertas a poblaciones muy vulnerables en su país, a las que se ofreció toda clase de apoyos.

Presentes se tienen las declaraciones de la secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero: “Vamos a dar visas de trabajo, vamos a construir el Tren Maya, el Tren Transístmico, vamos también a plantar cuatro millones de árboles, vamos a darle trabajo (…) a migrantes que vengan a nuestro país”, y lo imaginable, se detonó la migración como nunca se había padecido, transformándose en una problema de seguridad nacional no solamente para los Estados Unidos, sino también para México, teniendo que afrontar las consecuencias, obligados por el garrote de Donald Trump.
Hoy, Washington impone una agenda migratoria al gobierno mexicano, a pesar de los esfuerzos de Marcelo Ebrard y el grupo negociador que solamente fueron a recibir un ultimátum.

Una agenda que en su campaña presidencial López Obrador en octubre pasado señaló: “No nos gusta que vengan a imponer agendas desde el extranjero”.
Quedando de manifiesto que, la popularidad de una decisión no significa que sea una buena política pública, donde los migrantes está siendo utilizados como: “moneda de cambio”.

SUS EFECTOS

Ante los ojos del mundo, nos ven como víctimas de una política desdeñable, deshumanizada y “oscura”, como la describe Porfirio Muñoz Ledo.
Donde el reciente acuerdo de los 45 días, desde la perspectiva de lo justo e injusto que pudiera parecer, nos trastorna, afecta y deteriora social y económicamente, ante las dificultades de alcanzar la contención, el control, la regulación y manutención de una migración que se debió sujetar aún en contra de principios políticos, ya que un país se regula por leyes.

Una política contradictoria que se debió rectificar a tiempo, la cual terminó por explotarnos en la cara.

Todavía está en el imaginario de una generación que antecede a los milenios, la renuncia abrupta que le propinó Vicente Fox al embajador de México en la ONU, Adolfo Aguilar Zínser, al señalar que nos estábamos convirtiendo en “el traspatio de Estados Unidos”.

¿Será nuestro destino próximo? Lo tangible es que, México se quedó sin margen de acción ante la política migratoria que nos impone Trump.
Ahora se tiene que asumir la responsabilidad de proteger a los migrantes a través de una migración segura y ordenada, tanto en su frontera norte como en la del sur, que generará inevitablemente presiones de gasto público, además de las incomodidades y conflictos a las ciudades receptoras de asilo-refugio y de tránsito.

Un gasto público actualmente rasurado por los programas de austeridad, que impactarán sustantivamente en la política social y de obras de la 4T.
Por otra parte, México sacrificará sus finanzas para ofrecer protección real a los migrantes, quienes, además, no tienen como objetivo echar raíces en tierra mexicana ni mucho menos.

Bajo el espectro de esta problemática, como lo señalara Winston Churchill: “Éste no es el final (de la lucha), no es siquiera el principio del fin. Pero sí es, quizá, el final del principio”, porque estamos en manos de profetas irresponsables, parafraseando a Ahmet Hamdi.

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