El desarrollo regional en la nueva era

Crisis financiera global inicio de un gran proceso de cambio económico, social, político y tecnológico

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La crisis financiera global es el inicio de un gran proceso de cambio económico, social, político y tecnológico. Es sólo el inicio de una naciente era de metamorfosis de la civilización planetaria, cuyos alcances rebasarán, con mucho, los límites del naciente siglo XXI. Esta transformación es inevitable e impostergable. Ahora hay que construir un nuevo orden mundial que, como las redes, que le van dando sustento económico y cultural –y, por cierto, como el cosmos mismo-, no tenga ni polos ni centro, ni periferia. Sólo interconexiones, sinápsis múltiples y simultáneas, una dinámica de liderazgos locales responsables para una sociedad global abierta.

La gran revolución tecnológica y económica que se gesta desde hace al menos dos décadas sigue un patrón exponencial. Y todo fenómeno exponencial  comienza casi invisible y aparentemente insignificante, para de pronto volverse masivo y arrollador. Antes de que lleguemos a  la década de los 2020 estaremos inmersos en un proceso de transformación global generalizado y sorprendente. A muchos les toma ya por sorpresa; a otros los está arrollando sin remedio, pero a quienes van adelante e impulsan esta gran ola los hará inmensamente prósperos. Los innovadores y emprendedores que acierten hoy serán los amos del porvenir. Quienes, tras los líderes de la destrucción creativa, aprendan a surfear esta gran ola podrán también prosperar, pero quienes se empeñen en defender lo obsoleto, por “grande” que sea, y en volver al pasado, se hundirán sin remedio. Ya no hay espacio ni tiempo para los “museos vivientes”. La única constante es el cambio.

De aquí en adelante, la tarea primordial de los poderes públicos es facilitar a los mercados la tarea de generar  una nueva economía real y una nueva arquitectura financiera que permitan el despliegue de las nuevas fuentes de productividad y de crecimiento, de ahí que, como primer elemento de una estrategia exitosa de desarrollo regional, resulte impostergable crear las condiciones y las infraestructuras que permitan a los innovadores y emprendedores competir en terreno parejo con sus contrapartes del resto del mundo.

Esta no es, primordialmente, una tarea cuyo éxito dependa de la disponibilidad de  recursos financieros, sino de crear, en cada región, un clima de negocios favorable a la innovación, la productividad y el crecimiento. Y esto hay que hacerlo sin demora,  sin darse tregua,  y con una clara vocación federalista que  mejore la distribución territorial de las infraestructuras y los recursos productivos.

Cuando la recuperación global se consolide cabalmente, el mundo que emergerá será muy diferente al mundo anterior a la crisis no sólo en lo económico, sino también en lo político, social y cultural. Una de las implicaciones más visibles de esta transformación para las estrategias de desarrollo regional será la redistribución espacial de las actividades humanas de producción y consumo, siguiendo un patrón caórdico de red, en lugar de uno aleatorio o cupularmente impuesto de concentración y dispersión, meramente lineales.

Esta lógica tiene consecuencias múltiples y formidables. Una de ellas es el derrumbe del imperialismo hegemónico y de los nacionalismos belicosos, y su reemplazo por instituciones supranacionales y, eventualmente, planetarias, capaces de afrontar con rapidez y efectividad los grandes retos globales mediante liderazgos activamente sensibles a los consensos y a las sensibilidades de un mundo políticamente multipolar y económicamente interconectado e interdependiente.

Ahora, el único modelo sostenible de crecimiento y desarrollo globales, al que deberán adaptarse e integrarse los modelos de desarrollo regional que aspiren a ser eficaces, tendrá que ser uno que redistribuya, entre todas las naciones del mundo, las capacidades de consumo, producción e innovación.

 

 

 

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