El círculo que nos envuelve

Política exterior de México ha virado hacia América del Sur; ¿qué postura debemos tomar cuando en Washington nos pidan una posición oficial sobre países de ideología izquierda o con tendencia dictatorial?

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En lo que va del año, la política exterior de nuestro país bajo la batuta de la 4T, se ha visto inmersa en un sinfín de situaciones ya sean causadas por mano propia; por recordar algunas como las disculpas a España por la Conquista de nuestro país, la visita de Nicolás Maduro a “escondidas” durante la investidura presidencial del presidente López Obrador, nuestra postura de no intromisión en asuntos internos de Venezuela. O también por reacción como seguir la línea que nos dictan desde Washington derivado de la crisis migrante o la postura que debemos adoptar por la situación política que atraviesa el T-MEC en EUA y Canadá.

La política exterior de ningún país es sencilla ni se debe cuantificar en logros o fracasos, simplemente son las relaciones entre los Estados que forman la comunidad internacional, y debemos aprender a manejar política y diplomáticamente a cada Estado, en un contexto individual y posteriormente colectivo.

Desde hace unos días, nuestra política exterior ha virado hacia América del Sur, con nuestra mira puesta sobre Bolivia, que por reacción de sus acontecimientos políticos internos, ha renunciado el presidente Evo Morales que buscaba un nuevo mandato por medio de la reelección para instalarse en el poder hasta 2025 y así durar casi 20 años en el poder.

¿Y a todo esto en qué le compete a nuestra política exterior la situación de Bolivia? La política exterior de nuestro país tradicionalmente ha otorgado asilo político a distintos personajes a lo largo de la historia sin contar si son de derecha o izquierda.

El caso particular del ex presidente Evo Morales, no es la excepción y mucho se ha especulado sobre si se debió aceptar su propuesta de asilo o debimos rechazarla por miedo a molestias o posibles repercusiones desde Washington.

Primero, debemos ampararnos bajo el paraguas de la historia diplomática de nuestro país en materia de asilo que ha otorgado a personalidades que han influido a lo largo de la historia, por citar algunos se encuentran León Trotski (Rusia), Rigoberta Menchú (Guatemala), José Martí (Cuba) o Manuel Zelaya (Honduras) entre otros.

“En términos de la legislación existente, la cancillería mexicana, previa opinión de la Secretaría de Gobernación, en voz de la secretaria Olga Sánchez Cordero, ha decidido concederle asilo político al señor Evo Morales por razones humanitarias y en virtud de la situación de urgencia que se enfrenta en Bolivia, en donde su vida e integridad corren riesgo”, refirió Ebrard.

Segundo, comprender la definición de asilo político que se encuentra en el artículo 2, párrafo I, de la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político “Asilo Político: Protección que el Estado Mexicano otorga a un extranjero considerado perseguido por motivos o delitos de carácter político o por aquellos delitos del fuero común que tengan conexión con motivos políticos, cuya vida, libertad o seguridad se encuentre en peligro, el cual podrá ser solicitado por vía diplomática o territorial. En todo momento se entenderá por Asilo el Asilo Político”.

Es importante recordar que el estatuto de asilado político no es permanente y en sentido práctico la estancia de Evo Morales en nuestro país será hasta que se normalice la situación política en Bolivia y su vida no corra más riesgos, se traslade a otro país de ideología similar de izquierda y aliada del ex mandatario o hasta que cumpla los requisitos de la Ley de Migración y se le pueda otorgar la condición de residente permanente en nuestro país –esta última improbable ya que significaría que Evo dejaría de luchar por mantener una influencia política en su país y vivir en el nuestro como cualquier ciudadano-.

Si bien la diplomacia y la política son “hermanos” en materia de política exterior, debemos recordar que su quehacer y sus objetivos son muchas veces distintos; y es por eso que existe confusión, malestar o crítica por parte de actores políticos, ONG’s o la sociedad civil.

Por dar un ejemplo, en materia diplomática sabemos que es tradición dar asilo político a personalidades cuyas vidas corren peligro en sus países de origen pero pocas veces nos percatamos de la realidad política que se vive, tanto en su país como en el nuestro.

Durante las últimas administraciones se ha tenido una política exterior que sin duda, es marcada por la persona que se encuentre en el Ejecutivo en ese momento.

Cuando Vicente Fox era presidente de la República recordemos que aplicó el famoso “comes y te vas” al entonces mandatario –y dictador- de Cuba, Fidel Castro, en 2002 en la víspera de la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, derivado de su aviso de último momento de que asistiría. El hecho es simple, diplomáticamente es un Jefe de Estado y como tal se le debía recibir y otorgar todas las atenciones necesarias que su investidura requería pero políticamente se percibía como un “problema” ya que se mantenían tensiones entre Washington y La Habana en aquel momento.

Otro claro ejemplo fue cuando el ex presidente Calderón recibió en calidad de asilado político a Manuel Zelaya, ex presidente de Honduras depuesto por un golpe militar en su país. El ex presidente Calderón comentó en aquella ocasión “por eso México urge a las partes para que se encuentren fórmulas que permita resolver el problema”. En aquel momento, se le entregaron todas las atenciones de un Jefe de Estado, aun cuando la Suprema Corte de su país había declarado su destitución por traición a la patria y otros delitos.

Durante el sexenio pasado, el caso más sonado fue cuando el ex presidente Peña Nieto, recibió con todos los honores al entonces candidato a la presidencia Donald Trump. El recibir al empresario y político estadounidense sin duda no fue erróneo, la manera en que se le recibió sí. Al final, el resultado fue un desacierto político para la administración y hasta el día de hoy no hemos conseguido una fórmula para contener el mercurial temperamento del presidente de los EUA.

Ahora con la 4T, se repite una situación similar a las ya expuestas, se recibe a Evo Morales en su calidad de asilado político y ex mandatario de su país, lo cual desde el punto de vista diplomático es un gran acierto y una tradición de nuestra política exterior pero que bajo la lupa de lo político se ha vuelto todo un reality show donde se le ha recibido con avión militar mexicano, honores de persona VIP, huésped distinguido de la CDMX, escoltas y donde las distintas dependencias federales mexicanas que ha visitado se han utilizado para generar propaganda a la situación actual del ex mandatario bolivariano que en nuestro país se le tacha de mártir y víctima y en su país lo miran como futuro dictador y dejar Instituciones y Dependencias del Gobierno a modo para sus propios fines (¿coincidencia con la izquierda mexicana?).

Para sumarle a la complicada situación de percepción sobre la situación de asilado político de Evo Morales en nuestro país debemos sumarles dos puntos de vista muy relevantes; la posición oficial de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que en su comunicado C-101/19 declara: “Frente a la crisis política e institucional en Bolivia, la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos rechaza cualquier salida inconstitucional a la situación. La Secretaría General llama a la pacificación y al respeto al Estado de Derecho. En este sentido, la Secretaría General solicita que en forma urgente se reúna la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia a los efectos de asegurar el funcionamiento institucional y nombrar nuevas autoridades electorales que garanticen un nuevo proceso electoral”. Y lo dicho por la presidenta interina de Bolivia, Jeanine Áñez “me dan mucha pena los mexicanos, porque de lo que queremos salir, ellos decidieron entrar”.

Sumado a lo anterior, la presidenta interina ha comentado que se hará un reclamo diplomático formal a nuestro país derivado de las actividades abiertamente políticas del ex presidente Morales en nuestro país y que no corresponden al estatus de asilado político que mantiene “Tenemos una canciller que hará la representación que corresponda ante esa ruptura de ese protocolo de asilo político”, advirtió Jeanine Áñez en conferencia de prensa.

Es así, como la política mexicana y su diplomacia se encuentran en un círculo que nos envuelve, pues hasta el día de hoy no hemos podido encontrar una fórmula de armonía del quehacer diplomático que muchas veces es diferente a las actividades y fines políticos, pero que impactan constantemente en uno u otro. ¿Qué postura oficial debemos adoptar frente al reconocimiento de la nueva presidenta interina en Bolivia? ¿Qué trato debemos darle a Evo Morales en México en su calidad de ex presidente y de asilado político? ¿Qué postura debemos tomar cuando en Washington nos pidan una posición oficial sobre países de ideología izquierda o con tendencia dictatorial?

Por ahora, tenemos a Evo Morales de asilado político, habrá que ver qué sucede en Bolivia y cómo maneja la 4T la situación. Lo que queda claro es que a la ciudadanía no le causa agrado mantener a un ex mandatario en nuestro país con los impuestos de todos los mexicanos.

 

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