Domingo de Ramos

Es el único y último gozo del condenado a muerte; es el día en que los pobladores de Jerusalén reconocen divinidad de Jesús de Nazareth y lo reciben como a un rey; es, quizá, su día más dichoso

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Lo que conocemos como El Proceso de Cristo ha sido abordado por el arte moderno. Mencionaré tres piezas excelentes y que representan mucho de este asunto. Me refiero a una miniserie dirigida por Franco Zeffirelli y a una película de Mel Gibson. La primera llamada “Jesús de Nazareth” y la segunda intitulada “La Pasión de Cristo”. Lo tercero a mencionar es la obra musical “Jesucristo Superestrella”, creada por Andrew Lloyd Weber y convertida, además, en cinta bajo la dirección de Norman Jewison.
A las tres se les ha tachado de exegéticas de crueldad. He escuchado la frase de que se tratan de un “baño de sangre”. No soy de esa opinión porque creo que se trata de obras realistas.
La profesión y la especialidad que escogí, y que he ejercido, me han hecho ver de cerca, a lo largo de la vida, a miles de individuos maltratados, golpeados, torturados o asesinados. Ellos se parecen a los que presentan Jewison, Zeffirelli y Gibson, no a las imágenes bellas, limpias, sonrosadas y dulces que vemos en muchos cuadros, en muchas películas y en muchas iglesias.
Me queda en claro que la Iglesia haya decidido no presentar a su Dios como una figura aterradora y repulsiva. Entiendo sus razones y me parecen valederas, pero también me queda claro que los individuos que han sido torturados son una masa sanguinolenta y que el Cristo que llegó al Gólgota debe haber sido un costal de sangre, de heridas, de llagas, de hinchazones, de moretones, de escupitajos, de polvo, de sudor y de todo lo que pueda imaginarse que contiene un hombre que, en la más absoluta de las soledades, ha quedado expuesto a la violencia sin freno de una milicia imperial y al abuso incontinente de un salvajismo popular.
Las horas de La Pasión corresponden a lo que todos sabemos cómo son los momentos previos al linchamiento. Crueles, estridentes, abusivos, cobardes, anónimos, repulsivos y repugnantes.
Los reproches históricos sobre la muerte de Cristo más o menos pueden sintetizarse en lo siguiente: Por una parte, una crueldad excesiva de la soldadesca romana y una cobarde condescendencia del gobernador y procurador romano Poncio Pilatos. Por otra parte, una conspiración de la cúpula religiosa judaica asociada con una traición abominable del discípulo Iscariote.
No debe perderse de vista que a los judíos no se les acusa de crueldad, sino de traición, y a los romanos no se les acusa de traición, sino de crueldad. Los judíos no tocaron un solo cabello del Nazareno. Todo el martirio corrió a cargo de los romanos, pero los romanos no se enfrentaron a Jesús por razones religiosas. Esos fueron los judíos. Por eso, a los romanos se les acusa de sadismo y a los judíos se les acusa de deicidio. Aclaro que estas acusaciones no son mías, sino que sintetizo las de la historia.
Yo soy un decidido partidario de la reconciliación porque, además de creyente en Cristo, soy un firme amigo de la comunidad judía y un ferviente admirador de la herencia romana, pero eso no me lleva a desconocer la participación de cada uno de los actores en el drama de La Pasión.
Roma fue rica y generosa. Los humanos, pero muy especialmente los occidentales, estaremos en deuda eterna con ella, pero Roma fue cruel, como suelen serlo todos los imperios, sobre todo los de la antigüedad. Fue cruel como característica idiosincrásica. Había crueldad refinada en los césares y crueldad cavernaria en las bases militares y populares.
Esta práctica no era judía, sino romana. Nunca he escuchado que alguien afirme lo contrario. Por eso me extraña que se hable del antisemitismo en obras teatrales y cinematográficas muy expresivas de la crueldad de La Pasión. Es decir, muy centradas en la contribución romana de este suceso.
La contribución judía en este asunto es mucho más complicada de describir en este breve espacio. Sin embargo, subrayo que Gibson la disminuye, pero Weber-Jewison la tratan con cierto equilibrio y Zeffirelli van en ella mucho más a fondo.
En fin, esa semana de hace 2 mil años, y que hoy la conocemos como la Semana Santa, se inició un domingo que ha sido llamado como Domingo de Ramos. Es, como dice Giovanni Papini, el único y último gozo del condenado a muerte. Es el día en que los pobladores de Jerusalén reconocen su divinidad y lo reciben como a un rey. Es, quizá, el día más dichoso de Jesús de Nazareth.

Abogado y político
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Twitter: @jeromeroapis

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