Desgraciados…

El drama por la alta afluencia de migrantes que intentan cruzar por el país y el endurecimiento de las medidas para frenarlos de parte de México y EU. Y esto apenas empieza…

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Eso fueron y eso son.
Involucrados en un dilema de supuesta libertad (humana y de soberanía nacional), migrantes y autoridades de México y Estados Unidos caminan hacia un destino incierto que puede ser muy distinto al acuerdo firmado el pasado 7 de junio.

Por diferencias de horas, y luego de 20 días en los que lo único que se preveía era el drama, ocurrieron dos hechos que marcan la dimensión de militarizar -porque no se puede nombrar de otra forma- las fronteras sur y norte de México.

El pasado 25 de junio, el caso más dramático fue el de un joven padre (Óscar) y el de su muy pequeña hija (Valeria, que cargaba en brazos), que murieron en el intento, de él, de alcanzar la frontera estadounidense hacia Brownsville, Texas, cruzando el Río Bravo, tras permanecer durante casi dos meses en un campamento en Matamoros, Tamaulipas.

La fotografía de sus cuerpos, de espaldas, como absorbidos por el agua, dio la vuelta al mundo. Incluso la penosa imagen de la bebé, casi abrazada a su papá, fue comparada con la del niño sirio Aylan, de tres años, que murió en las costas turcas durante la crisis de los refugiados de 2015.

Ante la negra y triste suerte de la familia de origen salvadoreño, tanto Andrés Manuel López Obrador como Donald Trump, Presidentes de México y Estados Unidos, respectivamente, expresaron su malestar hasta donde el honor de ser mandatarios y firmantes de un acuerdo ventajoso para el país del norte les alcanzó. Nada de lamentos que traspasen las decisiones de Estado.

El mismo día, un video transformado en cientos de fotografías por las redes sociales retumbó en el mismo escenario, ahora en la frontera sur; el objetivo de Trump, el primer “tapón” que México debía resolver so pena de recibir una andanada de aranceles a todos sus productos, y donde, para nuestra suerte y la de miles de migrantes que huyen de sus países por pobreza o violencia, fue el sitio que el Gobierno Federal escogió para estrenar la Guardia Nacional a nivel masivo.

Asomada por debajo de un portón (del albergue temporal instalado en Tapachula, Chiapas), recostada, gritando y lanzando una mirada de angustia con ojos desorbitados, una mujer haitiana imploraba ayuda para su hijo, que decía permanecía enfermo y sin atención adecuada.
Las estampas de la angustia comienzan a levantar un nuevo muro, el de la desgracia. El de los desgraciados.

ÓSCAR Y VALERIA

Sus cuerpos, inertes, yacían, boca abajo, sobre el agua. Ellos no tendrían que estar ahí. Nadie debería partir así. Eran Óscar Alberto Martínez Ramírez y su hija, Valeria, de un año y 11 meses de edad.

La imagen de los dos cuerpos causó un pesar similar al que conmocionó al mundo en 2015, cuando Aylan Kurdi, migrante sirio de dos años de edad, falleció, ahogado, al naufragar el barco en el que viajaba por el Mar Mediterráneo luego de escapar, junto a su padre, de la guerra en Siria.

La muerte de niños y niñas migrantes que siguen un sueño que no les pertenece es una tragedia que aún no conoce las palabras precisas.
El agua, el recurso natural que preserva la vida, cobró sus últimos suspiros. En 2015, el de Aylan, y ahora los de Valeria y su padre, Óscar. La migración de adultos y menores es una historia sin fin.

La imagen del pequeño sirio Aylan era estrujante. Arrastrado por las olas del mar, el cuerpo del bebé, con su inolvidable camiseta roja, yacía, boca abajo, en la orilla de la playa de Bodrum, en Turquía. El sueño de paz de su familia se esfumó. La guerra terminó con la naciente vida.

Así las cosas, de este lado del mundo, la historia se repitió; la salvadoreña Valeria Martínez murió, ahogada, en el cauce del río Bravo, en la frontera de México con Estados Unidos.

La fotografía de la niña al lado de su padre, ambos boca abajo, es una metáfora de cómo se aborda el problema en el mundo.
A escasos kilómetros de donde las víctimas intentaron cruzar, a pie, el río Bravo, por Matamoros, Tamaulipas, abunda la vegetación y las latas vacías de cerveza.

Ahí, el terreno acabó con los anhelos de un padre y la sonrisa de una hija. El sueño americano se disolvió y acabó con la incipiente vida de Valeria.

El color rojo de la camisa de Aylan y el pantaloncito de Valeria son una fatal casualidad.
La fotografía de Aylan tendrá, ahora, una desgarradora comparación: La imagen de Valeria y su padre.

Aylan, Valeria y miles de menores más deberían reír, disfrutar, aprender, en lugar de dejar su último aliento sobre el vital líquido que debería dar vida, no arrebatarla.

‘¡POR FAVOR, POR FAVOR, AYÚDAME!’

Una migrante haitiana clamando ayuda y comida para su bebé se erigió como la nueva imagen de la tragedia que golpea a decenas de miles de centroamericanos, caribeños y africanos que ingresan a México en su deseo de cruzar hacia Estados Unidos
“¡Por favor, por favor, ayúdame!”.

“Mi hijo está enfermo. Muchos días de sufrir. Pásame un poquito de comida. Todos los días no hay agua potable. ¡Ayúdame!”, era la súplica, en un español entrecortado, de la migrante haitiana en un albergue temporal para migrantes en la ciudad de Tapachula, Chiapas, en el que apenas sacaba su rostro por debajo de una puerta de hierro.

La imagen en cuestión fue captada por las cámaras de los reporteros desplegados en la zona, extensión de la estación Siglo XXI.
El clamor de la migrante haitiana, producido días después de que se conociera el fallecimiento de un hombre y su hija en el río Bravo, frontera natural entre México y Estados Unidos, se entrelazó con los gritos de “¡libertad, libertad, libertad!” de decenas de caribeños y africanos que aguardan una respuesta oficial para poder seguir con camino en busca del “sueño americano”, mismo que se empeña en no hacer realidad la Unión Americana.

Fruto de un acuerdo con su vecino país, para evitar la imposición de aranceles a sus productos, el gobierno de México desplegó 15 mil elementos de la Guardia Nacional en la frontera norte.
Paralelamente, otros 10 mil 500 refuerzan la seguridad en el borde con Guatemala y Belice.

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