Cuando la fuerza del alma termina, no más

Los deseos no siempre son realidades, como el de querer vivir para siempre, así que abusado

Compartir:
La pandemia y la realidad económica nos obliga a cambiar de todo, la vida y hasta la solución a los problemas.

> No estamos acostumbrados a los sistemas de chequeo de cada seis meses o cada año, pensamos que en la realidad es el negocio de médicos y de laboratorios

Seguramente cuando pasamos los setenta y cinco años entramos de lleno a condiciones en que debemos de cuidarnos en todos los sentidos. La realidad es que los años nos dan confianza y creemos que todo sigue igual y que comer o andar de juerga o en la inactividad ya pasará y que después se podrán corregir las deficiencias que nos agobian, pero no es así, de pronto, la presión arterial se descompensa y se llega a niveles de intolerancia y de peligro que nos pueden llevar a un infarto cardiaco o un aneurisma cerebral y entonces sí como decíamos en nuestros tiempos: “pues chufamos faros”, y esto era con referencia en que en los velorios, además de café, y con la jodidez del tiempo, pues no había más que fumar los famosos cigarros FAROS que según las leyendas se fabricaban con los sobrantes de los cigarrillos rubios como el Raleigh y otros que eran los de “carita”.

Hace apenas unos días sufrí los efectos y el sustazo de la descompensación de la presión y llegué a extremos en realidad preocupantes, gracias a la familia que tuvieron la visión de atenderme y controlarme salí de la crisis, porque nuestra generación no está formada ni educada para solicitar auxilios, nos formaron en aquellos sistemas en donde los hombres no se quejan y aguantan, no andan chillando y suplicando por dolorcitos de cabeza, y además, ni lloran ni lloriquean ni se quejan y es por ello que muchos en la realidad, venimos “chupando faros”.

No estamos acostumbrados a los sistemas de chequeo de cada seis meses o cada año, pensamos que en la realidad es el negocio de médicos y de laboratorios, y todo está resumido en el obligarnos a consumir medicamentos que cada día suben de precio y al parecer no nos sirven de nada, porque al final de cuentas nos sentimos fatales y creemos que solamente es por los años y no por los síntomas que nos alertan de que andamos cercanos a dar el petatazo.

Es cierto que con los años dejamos de pensar en la muerte porque no está tan lejana y la traemos cerquita, algunos más cerca que otros, pero lo que es seguro es que no nos salvamos cuando llegue el tiempo y la raya. Y a lo mejor somos tan egoístas que pensamos que en la muerte se terminan nuestros problemas que nos agobian, ahora más que nunca, y de viejos peor, como dirían en mi pueblo, viejos, jodidos y angustiados porque ya no tenemos la fiereza para resolver problemas y perdemos fácilmente la forma y los medios para tener los recursos suficientes para sostenernos, la pandemia y la realidad económica nos obliga a cambiar de todo, la vida y hasta la solución a los problemas, la realidad es que perdemos recursos y no sabemos ni tenemos la capacidad para encontrar otros mecanismos para superar las penurias familiares y esto genera el estrés que también jode, y de más, a los que sufrimos por esa realidad.

Hace unos días pensaba en las pláticas que tuve con muchos de los amigos del campo, esos que todo lo saben por los tiempos y que observan lo que sucede sabiendo que nada es eterno, ni lo bueno ni lo malo, algunos me decían hace tiempo que no hay que preocuparse por los problemas, pues si tienen solución ya llegarán las mismas, y si no, pues nos chingamos y ya, no hay más que hacer ni podemos obligar a la realidad, ni al “altísimo” a cambiar las cosas para nuestro favor, lo que es, es, y ya, total, todo pasa y si no, nos lleva el ·demonio”. Ahí vamos pateando el bote y sufriendo las penas del alma y del cuerpo, porque para ello las enfermedades son del alma y del cuerpo y nos debemos preocupar más por las del alma que por las del cuerpo; las del alma joden al cuerpo y si uno tiene bien el alma las enfermedades del cuerpo se superan y no hacen más daño, y al pensarlo, pues tienen razón.

Una ocasión estando con un viejo curandero cercano a la Huasteca de Hidalgo, en la Sierra, cerca de Xochicuatlán, me senté a su lado, en una enorme roca que estaba cerca de la entrada de la choza, mientras callado y sin hablar, solamente veía a lo lejos y a la laguna de Atexca y se perdía entre sus profundidades como queriendo sacar vida o respuestas de sus preguntas y dudas y fumando, al principio, hojas de tabaco fuertes y apestosas que se compraban en el mercado de Huejutla por brazadas, me decía que de pronto hay que dejar vagar la mente para que descanse, siempre apresamos las ideas y las palabras y las dudas y emociones en el cerebro, y hay que dejarlas salir para que se acomoden, así, pronto nos pusimos a tomar algunos tragos de aguardiente de caña, fuerte y rasposo. Decía que los hombres deben sentir la fuerza de lo que se bebe para que el cuerpo lo sienta y el corazón se alegre.

Después de varios tragos comenzó a sentir que la lengua se aflojaba y eso era bueno, decía que esto era como una confesión con el señor cura, porque es lo que les brindó la fuerza a los curas para controlar a los hombres por medio de sus mujeres y que al final de cuentas, cuando uno habla con los amigos, verdaderos amigos que no andan de chismosos ni hocicones, pues el corazón se limpia, y por tanto, el espíritu también comienza a limpiarse, y con ello, el cuerpo a curarse, todo tenía una lógica y esto no lo aprendió de libros sino de las limpias y curaciones que daba a los que acudían a él, pero siempre tenía una limitante, nos decía, que no atendía ni a los malignos ni a los culeros, los malignos eran los explotadores de indios, los asesinos, los que les robaban las tierras o sus productos o sus ganados y gallinas y guajolotes o lastimaban a sus mujeres y niños, y los culeros eran todos aquellos que les ayudaban, y cuando esos venían a consultarle, solamente les decía que no sabía que tenían ni cómo resolver sus males para convertirlos en bienes.

Hay algo que recuerdo bien, cuando me dijo que uno de los motivos en que se pierde la vida es cuando falla el corazón, y el corazón falla por desgaste, no de tanto amor, esos son cuentos, se termina la energía que le hace bombear sin parar aunque estemos dormidos y todos los años, los días de todos los años, las horas y los minutos y me decía que alguien le había dicho que bombeaba miles y miles de litros de sangre por todas las venas y arterias del cuerpo que suman miles de metros, todo el tiempo, y que esa energía era el alma, la que sostiene la vida ,y que cuando el  alma se cansa y fatiga se acaba todo.

Y así será cuando todo se apague, la visión y la luz, y todo sea como negro ,y al final, cuando viaja el alma, me decía, se ve un lucero y las almas de los que amamos y nos vamos a otros espacios y jamás volvemos, esos son cuentos, deseos, y los deseos no siempre son realidades, como el de querer vivir para siempre, así que abusado, cuando sienta que el alma se cansa, prepárese, porque la vida se acaba y ya, no más…

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...