El pasado 13 de julio, 10 ex presidentes del PRI en Chiapas urgieron al dirigente nacional del partido, Enrique Ochoa Reza, a la remoción inmediata del senador Roberto Albores Gleason como presidente del tricolor en la entidad.  La petición tiene sustento en dos hechos irrefutables: Albores Gleason fue electo para un periodo de cuatro años, entre 2011 y 2015, y el proceso electoral federal del año pasado culminó en diciembre de 2015.  Así, en abierta violación a los estatutos del partido, el senador Albores ha permanecido, irregularmente, en el cargo durante más de nueve meses.

Lo malo es que Ochoa Reza ha hecho caso omiso del legítimo llamado de los ex dirigentes del tricolor en Chiapas para mantener  en contra de la militancia a Albores Gleason.  En su misiva fundan su petición con base en el artículo 163 de los estatutos: “Nombre usted a un presidente provisional con probada experiencia política, que se haga cargo de promover los consensos entre los grupos y preparar, así, las condiciones necesarias para que haya un proceso de elección armónico y sin confrontaciones”.  Más de dos meses después y Ochoa Reza guarda silencio.

Durante 12 años, de 2001 a 2012, el PRI fue oposición en Chiapas.  La experiencia demostró que la traición y la incondicionalidad al gobernante en turno se convirtieron en el camino idóneo para subsistir políticamente.  De ese periodo de oposición sólo dos de los firmantes tienen la autoridad moral suficiente para pedir la destitución de Albores Gleason: Mario Carlos Culebro Velasco y Aquiles Espinosa García. 

Culebro Velasco, actual secretario del Transporte, soportó en 2001 las presiones del entonces gobernador Pablo Salazar y las agresiones del actual diputado federal Julián Nazar, quien, garrote en mano, varias veces interrumpió las sesiones de Consejo Político Estatal y tomó por la fuerza la sede del PRI en el estado por negarle su postulación a diputado local.

Aquiles Espinosa García, actual director de Gobierno, pagó su osadía al enfrentarse, abiertamente, con Pablo Salazar.  En aquel memorable discurso pronunciado en el cine Alameda de Tuxtla Gutiérrez, en enero de 2003, exhibió a la administración pablista bajo el signo de la represión y el autoritarismo, y que nadie, ni el propio gobernador,  debería de  inmiscuirse en la vida interna del PRI.  Pablo Salazar ordenó a su temible procurador, Mariano Herrán, inventarle a Aquiles Espinosa el delito de robo de vehículo para poder arraigarlo durante 89 días.  Al final, Espinosa García fue exonerado, en tanto que Pablo Salazar y Mariano Herrán deambulan por el basurero de la historia.

Con tantas traiciones, el PRI continuó en caída libre.  Entre 2001 y 2012 perdió 200 mil votos y pasó de 71 presidencias municipales a sólo 29 en la actualidad.  Los artífices de ese notable descenso tienen nombre y apellido: Arely Madrid Tovilla, Sergio Lobato García y Roberto Albores Gleason.

Senadora de la República, cinco veces diputada federal y una vez diputada local, todo por el PRI, en el 2006 resultó la gran traidora y artífice del “triunfo” del mayor ladrón en la historia de Chiapas: Juan Sabines Guerrero.  A un mes de la elección para gobernador en el 2006, Madrid Tovilla citó en su casa a todos sus operadores políticos.  La consigna fue inducir la elección a favor de Juan Sabines y procurarle el mayor número de votos.

Con ello, Arely Madrid atentaba en contra de su compañero de fórmula al Senado de la República, José Antonio Aguilar Bodegas.  Y como a veces la traición si paga, Juan Sabines, un gobernador perredista,  impulsó a Arely Madrid como presidenta del PRI en Chiapas y, después, diputada local.

Sergio Lobato García también escaló posiciones partidarias desde la traición.  Reclutado por el ex gobernador Roberto Albores Guillén, Lobato García hizo abierto proselitismo en favor del bandido de Juan Sabines.  Su felonía le valió ser recompensado generosamente.  Sabines lo hizo presidente del PRI estatal, diputado local y diputado federal.  Por eso carece de calidad moral para, ahora, exigir la salida de Roberto Albores Gleason cuando juntos recorrieron el estado para llevarle votos fraudulentos a Juan Sabines.

Sin embargo, o más allá de la conclusión del periodo estatutario de Roberto Albores Gleason, su permanencia lesiona profundamente a la militancia por su probada deslealtad al partido.  Al lado de su padre, Roberto Albores Guillén, operó a favor de la candidatura de Juan Sabines bajo el membrete de una organización que documenta la traición: Fuerza democrática, que, finalmente, terminó en farsa democrática.

Esa traición le valió a Albores Guillén la expulsión definitiva del PRI, en el que militó durante 40 años y al que le debía una diputación federal y la gubernatura del estado de Chiapas.  Sólo que, a cambio, el vástago Albores Gleason fue recompensado con largueza.  Juan Sabines lo hizo secretario de Turismo, diputado federal, presidente del PRI estatal y Senador de la República.  Y en reciprocidad, bajo un absurdo, Albores Gleason calificó al ladrón Sabines como un gran gobernante.   Ojalá hoy saliera a ratificar esa blasfemia.

Ahora que Albores Gleason se siente el candidato del PRI a la gubernatura, habría que recordarle que por decoro personal debería de declinar esa aspiración.  Y al PRI -leáse Ocho Reza- negarle, desde ahora, toda posibilidad, por salud política y por respeto, a la institución de la cual renegó y a la que tanto ha ofendido.

La biografía política personal de Roberto Albores Gleason le impide postularse por el PRI.  Hay demasiados argumentos en su contra. En el 2006 aparecía como candidato suplente del senador Manuel Velasco Coello.  Después de la expulsión del PRI de su padre, Roberto Albores Guillén, Albores Gleason renunció, pública y simultáneamente, a la candidatura y al PRI.  Como el calendario electoral estaba muy avanzado, ya no fue posible excluirlo de las boletas y permaneció en fórmula con el actual gobernador de Chiapas.

Su actitud paterno-filial en nada lo exonera de la traición y, por el contrario, se agrava con la complicidad.  Roberto Albores Gleason era candidato priísta y, al mismo tiempo, secuaz incondicional del candidato perredista a la gubernatura Juan Sabines. Bajo esas circunstancias, Albores Gleason aceptó de Albores Guillén el nombramiento y el honor (sic) de representar a Fuerza Democrática como coordinador operativo estatal. 

Sin embargo, también Albores Gleason se convirtió en un contumaz violador de la Constitución.  A mediados de abril de 2012, el senador, del Verde Ecologista, Manuel Velasco Coello solicitó licencia para buscar la gubernatura de Chiapas.  Por disposición del artículo 63 constitucional, tocaba al suplente Albores Gleason asumir la titularidad de la vacante en el Senado de la República, a lo cual se negó. Así lo hizo saber el presidente del Senado, Ricardo García Cervantes, al manifestar que cuando solicitó la presencia de Albores Gleason, este adujo que iba a contender por una senaduría en el estado de Chiapas y, por lo tanto, estaba imposibilitado para protestar el cargo.

Toca ahora a Enrique Ochoa Reza responder a los ex presidentes del Partido y excluir, en definitiva, de cualquier aspiración a todos los que traicionaron al PRI.  Ampliaremos…

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