Cárdenas quiere ir a la guerra con Trump

El problema es que pudiera ocurrir que Cárdenas siente precedente y que los descendientes de Moctezuma sigan reclamando el “Codueñazgo de los Moctezuma”, es decir, el territorio entre San Luis Potosí y Tampico que Felipe II obsequió con títulos nobiliarios y todos a los herederos del Xocoyotzin

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Tenía razón el general Marcelino García Barragán: el poder enloquece a los tontos y apendeja a los inteligentes.

Cuauhtémoc Cárdenas ya encontró la manera de tener una cuarta oportunidad de emular a su padre, el general Lázaro Cárdenas, y regresar a recorrer los jardines de Los Pinos en donde correteaba cuando era un niño.

Es una pena que ya doña Amalia Solórzano no esté para tundir a nalgadas a su vástago que parece haber perdido la cordura de que hizo gala cuando no secundó a quienes le exigían en 1988 tomar Palacio Nacional, y para apartarlo de las malas compañías, como el abogado Guillermo Handam Castro, que le mete ideas disparatadas.

Hoy, en su cuarta intentona por cumplir su sueño de ser tan grande o por lo menos del mismo tamaño que su padre, nos salió con la novedad de que el Presidente Peña Nieto debe exigir a Donald Trump pagar una indemnización por los 168 años que Estados Unidos ha ocupado la mitad del territorio mexicano que perdimos en 1848.

Menos mal que no quiere que nos regresen todo lo pavimentado, es decir, California, Nuevo México, Nevada, Arizona, Utah, y partes de Colorado, Wyoming, Kansas y Oklahoma, porque el siguiente paso sería declarar la guerra a Estados Unidos para recuperar lo que el general Antonio López de Santa Anna entregó con la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo.

Eso sí, quiere que la indemnización sea pagada en oro, no en pesos ni dólares.

Es una ventaja que no se le ocurriera emular a los carrancistas que pretendían, mediante el “Plan de San Diego”, recuperar los mismos territorios por cuya indemnización claman hoy Cárdenas y Handam.

Aquellos patriotas, organizados en el llamado “Ejército Liberador de las Razas y del Pueblo”, pretendían levantarse en armas el 20 de febrero de 1915 a las 2 de la madrugada; la consigna era ejecutar a todos los hombres blancos mayores de 16 años y no dejar prisioneros. El paso siguiente sería proclamar una República independiente que luego se anexaría a México, como hizo Texas con Estados Unidos.

En Cuernavaca atizó Cárdenas el jueves al “maisosare un enemigo” que todos los mexicanos traemos dentro con la iniciativa del Hijo del Tata, secundado por Guillermo Handam Castro, quien fuera abogado de Gloria Trevi cuando estuvo presa en Brasil.

La estrategia de Cárdenas de tan obvia insulta; en los últimos días lo han convencido y se ha convencido de que la izquierda inteligente anda sin rumbo ante la ambición desmedida de Andrés Manuel López Obrador, y que sólo él y nadie más puede unificarla para llevarla al poder.

En esta circunstancia, la única manera de calentar al país como lo hizo en 1988, pero no pudo repetirlo en sus 2 siguientes intentos de asalto a Los Pinos y ni siquiera cuando la Reforma Energética hizo pedazos el legado de su padre, hoy se montó en la demencial propuesta de Handam Castro para recuperar la popularidad perdida emplazando al Presidente Peña Nieto, mediante una marcha multitudinaria, a presentar formalmente la demanda de indemnización.

Cárdenas parte de 2 premisas: a) Peña Nieto lo tirará a loco, y b) como sólo el Presidente está facultado para presentar la demanda, él lo haría actuando como un patriota, como su padre cuando expropio las instalaciones de las empresas extranjeras que operaban en México.

Supongamos que Cárdenas llega a la Presidencia y presenta la demanda de indemnización, ¿qué pasaría?

Lo mínimo, una respuesta demencial de Donald Trump, en el mejor de los casos; en el peor, esgrimirla como pretexto para iniciar una operación “punitiva” como la encabezada por el general Pershing con el pretexto del ataque de Pancho Villa a Columbus, es decir, la guerra.

Ignoro si los argumentos “jurídicos” esgrimidos por Handam y Cárdenas tienen validez (la cesión del Tratado Guadalupe Hidalgo, alegan, equivale a que un individuo armado entre a nuestra casa y nos obligue a firmar la cesión) y pudiera prosperar ante los tribunales correspondientes.

Me pregunto por qué antes a nadie se le había ocurrido lo que a ellos, ni siquiera al general Cárdenas cuyo patriotismo es incuestionable; quizá la respuesta vulgar sea que seríamos invadidos y no tendríamos la mínima posibilidad de rechazar al invasor; inclusive, quizá descubriríamos que Francisco González Bocanegra mintió al escribir en aquello de que “un soldado en cada hijo te dio”.

De hecho, la única respuesta que podríamos ensayar sería la repetición del grito futbolero al portero de la selección norteamericana de “¡¡eeeeeeeh puto!!”, porque nuestra triste realidad es que no estamos preparados militarmente para repeler la agresión de cualquier potencia económica menor a la nuestra. Dicho de otra manera, perderíamos la guerra con cualquiera; con Estados Unidos ni se diga.

La propuesta de Cárdenas y Handam aviva el espíritu patriótico, pero después de 168 años huele a una trampa burda para causar un problema más al Presidente Peña Nieto en sus negociaciones con Trump, pero por encima está el oportunismo hipócrita de Cuauhtémoc que al denunciar una supuesta debilidad del gobierno mexicano ante el norteamericano, se ofrece como el único que puede actuar con firmeza ante don Donald, y la prueba es que ya está demandando la indemnización.

Es probable que el hijo del Tata no haya leído la historia de México, pero que recuerde el costo de “La guerra de los pasteles”, y todo porque oficiales de Santa Anna, ¡¡siempre un paisano de Javier Duarte!!, se fueron sin pagar la cuenta a un restaurantero francés.

El problema es que pudiera ocurrir que Cárdenas siente precedente y que los descendientes de Moctezuma sigan reclamando el “Codueñazgo de los Moctezuma”, es decir, el territorio entre San Luis Potosí y Tampico que Felipe II obsequió con títulos nobiliarios y todos a los herederos del Xocoyotzin.

Y lo que es peor, que si Andrés Manuel López Obrador gana la Presidencia, Esteban Moctezuma reclame y consiga indemnización por el uso que los mexicanos hemos dado a la Gran Tenochtitlan desde que su antepasado se endiosó de Hernán Cortés.

Lo dicho, al general García Barragán le sobraba razón.

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