Bolivia, un caso más para Ebrard

La confrontación diplomática con el gobierno de transición encabezado por Jeanine Áñez, ante el asedio policiaco a la Embajada mexicana por el asilo concedido a ex funcionarios de Evo Morales, un asunto de alta sensibilidad política

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Desde el 21 de diciembre, México denunció un incremento de policías afuera de su residencia y sede diplomática en La Paz, Bolivia. No vigilan; acosan, dijo. El fin de semana pasado, los agentes, según México, sumaban casi 100

Cuando todo parecía que el 2019 cerraba con bombo y platillo para la “Cuarta Transformación” luego de hechos que el Presidente Andrés Manuel López Obrador presumió, como el avance del T-MEC con Estados Unidos y Canadá, la detención de Genaro García Luna y el aplazamiento, por parte de Donald Trump, de considerar terroristas a los cárteles mexicanos, la pedrada vino por otro lado.

Ni por altercados o diferencias internas, ni porque los “fifís”, conservadores o neoliberales, “anden como desquiciados”, ni por ningún otro capricho (aranceles, muro, migración o tratado comercial) de nuestros vecinos del norte. No. El “prietito en el arroz” vino vía Sudamérica, Bolivia para no andar con rodeos y, para ser más exactos, bajo la sombra de a quien México arropó con espíritu de Estado fraternal y democrático, Evo Morales.

Todo empezó con el gesto de buena voluntad, y algo de protagonismo del gobierno mexicano, en su etapa izquierdista, el 10 de noviembre pasado, para mostrar al mundo que hoy más que nunca podemos ser fraternos, o más de lo que hemos sido, con quienes caen en desgracia.

Hasta esa fecha, lo que ocurría en Bolivia, protestas masivas contra Evo Morales, acusado de fraude electoral y de querer reelegirse por tercera ocasión consecutiva, sólo incumbía e importaba a Bolivia.

Un día después, el 11 de noviembre, luego de que Evo aceptó el ofrecimiento del gobierno mexicano de otorgarle asilo, el problema interno de Bolivia comenzó a ser también de México.

Como Evo Morales saldría, entonces, del país ante la “sugerencia” del General Williams Kaliman, entonces Comandante de las Fuerzas Armadas de Bolivia, de renunciar a su cargo, y los miembros de su Gabinete quedaban a la deriva, México acogió a un decena de ellos el 15 de noviembre, cuatro días después, abriendo las puertas de la Embajada mexicana en La Paz, a cargo de María Teresa Mercado.

Dos días antes, el 13 de noviembre, Mercado reveló que en la Embajada mexicana se encontraban cerca de 30 bolivianos asilados y que la sede había recibido unas 35 solicitudes.

“Son ex funcionarios, legisladores, en fin, del gobierno del Presidente Evo Morales, pero por seguridad debemos reservarnos”.

El asunto parecía sólo de trámite porque México aplicaba para Morales, como para sus leales, el derecho al asilo. Tanto que el ya ex Presidente de Bolivia cumplió su estancia de 25 días en México, pues partió hacia Cuba el 6 de diciembre.

Al interior de la Embajada de México se encuentran, además de Mercado, otros tres diplomáticos o funcionarios mexicanos, y los siguientes ex funcionarios leales a Evo: Juan Ramón Quintana, ex Ministro del Interior; Hugo Moldiz, ex Ministro de Gobierno; el ex Procurador General, Héctor Arce; el ex Ministro de Defensa, Javier Zavaleta; la ex Ministra de Cultura, Wilma Alanoca; el ex Ministro de Minería, Félix César Navarro; el ex Viceministro de Desarrollo Rural, Pedro Dorado; el ex director de la Agencia Digital, Nicolás Laguna, y el ex Gobernador del Departamento de Oruro, Víctor Vásquez.

UNA SEMANA SUBIDA DE TONO

Relatado por el propio Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores -y quien hasta este día no tomaba la discrepancia con Bolivia totalmente en sus manos-, en la conferencia matutina del jueves pasado, fue 11 días después, el 26 de noviembre, que el gobierno ahora encabezado por Jeanine Áñez comunicó al de México que existían órdenes de aprehensión en contra de cuatro de los asilados.

“De acuerdo al Derecho Internacional, lo que predomina, lo que prevalece, lo que se impone, es el derecho de asilo, dado que la orden de aprehensión, repito, es 11 días después, ya estando en la sede diplomática de México”, expresó Ebrard.

Después del aviso de las órdenes de aprehensión contra los leales a Evo, el asunto se mantuvo en bajo perfil, en el campo mediático, por casi 25 días.

Fue hasta el pasado 21 de diciembre que la Secretaría de Relaciones Exteriores, tras el aviso de su personal diplomático, interpuso una alerta porque se detectó un número mayor de policías al exterior de la residencia y Embajada mexicana que lo necesario para resguardarla.

Más aún, que la Embajadora Mercado aseguró que personal diplomático mexicano era seguido por agentes cuando por alguna razón salían del recinto.

La Embajadora mexicana, María Teresa Mercado, ha dicho que los policías toman fotografías y siguen a los vehículos oficiales de la Embajada

Y un dato más: El propio Evo Morales denunció, a principios de semana, que las autoridades bolivianas estaban utilizando drones para espiar e intimidar a quienes permanecen en la sede diplomática, funcionarios mexicanos y ex funcionarios de él.

El jueves, cuando Ebrard anunciaba, en la conferencia matutina, que México interpondría una queja ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU, también recibía el anuncio de que un grupo numeroso de policías se había sumado a la presión ejercida en el exterior del recinto y que llegó en al menos 10 vehículos. Con ello, la presencia policiaca boliviana se incrementaba a unos 90 elementos.

Con siete días de roce diplomático, del sábado 21 al 27 de diciembre, el gobierno mexicano dejó el asunto en manos de Maximiliano Reyes, subsecretario para América Latina y el Caribe, y Efraín Guadarrama, Director General de Organismos y Mecanismos Regionales Americanos de México, pero fue subiendo de tono.

Quienes hasta el jueves pasado habían llevado las negociaciones en el conflicto son Maximiliano Reyes, subsecretario para América Latina y el Caribe, y Efraín Guadarrama, Director General de Organismos y Mecanismos Regionales Americanos de México

Ya para miércoles, jueves y viernes de la semana pasada, 25, 26 y 27 de diciembre, el intercambio de quejas y notas diplomáticas se incrementó considerablemente.

Por parte del gobierno boliviano, el jueves, la Canciller Karen Longaric exigió un diálogo, pero encabezado por Ebrard.

El mismo día, Arturo Murillo, Ministro de Gobierno de Bolivia, se quejó del comentario de Ebrard de acudir a la Corte Internacional de Justicia de la ONU diciendo que era “un ataque” por parte de México.

“Hoy nos amenazan con llevarnos a la Corte Internacional de Derechos Humanos. Allá nos veremos. Allá nos veremos con mucho gusto y veremos quiénes han violado los tratados”, dijo.

Horas más tarde se dieron las declaraciones más fuertes, desde que comenzó el conflicto diplomático, de parte de Jorge Quiroga, delegado Internacional del actual gobierno y ex Presidente de Bolivia, quien hizo comentarios insultantes contra el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, calificándolo de “cobarde”, “sinvergüenza”, “matoncito”, “padrino de los tiranos latinoamericanos” y “servil y arrodillado ante Trump”.

Tras los insultos y las declaraciones hasta fuera de contexto, ya en plena confrontación, Ebrard llamó a la unidad nacional y a la serenidad.

Por parte de México expresaron su respaldo a López Obrador desde la presidenta del Senado, Mónica Fernández, quien pidió a Bolivia respetar los tratados internacionales de inviolabilidad de las sedes diplomáticas, hasta Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, que dijo que entre los dos países se vive un momento de tensión, más no de rompimiento formal.

El presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, pidió también unidad a los mexicanos. “Hacia el exterior no hay división que valga”, dijo.

Mónica Fernández, presidenta del Senado, pidió a Bolivia respetar los tratados internacionales de inviolabilidad de las sedes diplomáticas
Olga Sánchez Cordero, Secretaria de Gobernación, dijo que entre los dos países se vive un momento de tensión, mas no de rompimiento formal
Arturo Zaldívar, presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, defendió al Presidente López Obrador de los insultos y pidió, como Ebrard, unidad nacional

El viernes por la mañana se dio un nuevo incidente frente a la Embajada mexicana. Al menos seis miembros de la diplomacia española fueron agredidos por policías al intentar entrar al recinto mexicano. Entre ellos se encuentran el Cónsul y la encargada de Negocios de la Embajada española. El asunto, entonces, ahora inmiscuye a España.

Aunque para este día, y ante una dura posición de Bolivia, que intenta por todos los medios apresar a la mitad de los asilados, se hacía ya necesaria la intervención más directa del Presidente López Obrador (que por la mañana dijo que no caería en provocaciones ni se “engancharía con dimes y diretes”), todo apuntaba a que ya entrarían de lleno los buenos oficios de Ebrard en un asunto que como otros, aunque un tanto diferente, ponían a prueba su capacidad de negociación.

Al cierre de esta edición, el asunto se colocaba ya a las puertas de instancias internacionales o la intervención de mediación de terceros países.

 

JUEGO DE VENCIDAS

Después del primer intercambio de posturas, uno exigiendo la entrega de los asilados y otro defendiendo el derecho a resguardarlos, se generaron informes sobre sobre cómo se daba la situación.

A principios de la semana pasada, el gobierno de Áñez lanzó su versión.

Expresó que ordenó el incremento del resguardo policial en la Embajada y la residencia mexicana ante informes de inteligencia “creíbles” sobre amenazas de grupos ciudadanos de prender fuego al recinto si no se entregaban a los asilados.

Los movimientos sociales, señaló el gobierno boliviano, exigen la expulsión de la sede, principalmente, del ex ministro Juan Ramón Quintana.

Según el reporte boliviano, no es presión ni acoso, sino que “ha informado a la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el 21 de diciembre, que en cumplimiento del artículo 222 de la Convención de Viena tomó medidas de protección de la Embajada de México”.
También denunciaron “la constante injerencia en los asuntos internos del país (Bolivia) por parte de del Gobierno mexicano”.

“No estamos hostigando a nadie”, señaló, en otro mensaje, la Policía boliviana.

Efraín Guadarrama, Director General de Organismos y Mecanismos Regionales Americanos de México, expresó que de acuerdo con las Convenciones de La Habana, Montevideo y las dos de Caracas, corresponde al Estado asilante la calificación de la naturaleza del delito o de los motivos de la persecución.
“En cualquier caso será respetada la determinación del Estado asilante de continuar con el asilo y exigir el salvoconducto para los perseguidos”, añadió.

Ya el jueves, durante la conferencia matutina, Ebrard dijo que como no se ha recibido respuesta acorde a los principios internacionales de respeto y de garantía de seguridad de sedes diplomáticas, México presentaba un instrumento jurídico ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU.

También el jueves, Marcelo Ebrard, Secretario de Relaciones Exteriores, informó que México presentaría el caso ante la Corte Internacional de Justicia de la ONU

“¿Qué planteamos? Que se respete y preserve la integridad de las instalaciones y quienes están dentro de las instalaciones, que son parte del territorio mexicano. Exhortamos a que sean respetadas las instalaciones, se preserve la integridad, así como de las personas que están en la Embajada”.

Ebrard dijo también que México no ha pensado en retirar a su cuerpo diplomático de Bolivia porque hay una comunidad de unos 10 mil mexicanos viviendo en ese país.

“Lo más sencillo sería decir cerramos la Embajada y el Consulado, pero me ha pedido el Presidente que tengamos cuidado por los 10 mil mexicanos que viven allá”, agregó.
“Lo haríamos como último recurso, pero espero que no lleguemos hasta allá”.

El titular de Relaciones Exteriores añadió que 29 países se han comunicado con la Embajadora de México en La Paz, o con ellos, mostrando su solidaridad.

Para la defensa del derecho de asilo diplomático, México se basa en lo establecido en las Convenciones de La Habana (1928), Montevideo (1933) y las dos de Caracas (1954).

Sobre la situación inédita que hoy se vive ante un país sudamericano, el primer paso lo dio México, el 10 de noviembre, con el inmediato arropamiento del gobierno de Evo Morales y, posteriormente, a parte de su gabinete.

Cierto que México mantiene una fuerte reputación por su actitud de recibir a quien lo solicite, como ha ocurrido con ciudadanos de España, Chile, Argentina, Uruguay, Rusia y Honduras, mas en el caso de Bolivia, desde un principio, se notó que el gobierno mexicano se adelantó, incluso, a una solicitud personal de Evo Morales ofreciendo al ahora ex Presidente viajar a territorio mexicano.

El jueves, en la penúltima “mañanera” del año, el Presidente López Obrador fue duro ante la postura de Áñez.

“Esperemos que se recapacite y que se respete el derecho de asilo, y que se aleje cualquier tentación de tomar o vulnerar nuestra soberanía al querer penetrar en nuestra embajada, en la embajada de México en Bolivia.

“Eso no lo hizo ni (Augusto) Pinochet. Yo espero que prevalezca la sensatez; que prevalezca, por encima de todo, la política”.

Los dos Presidentes, Jeanine Áñez, de Bolivia, y Andrés Manuel López Obrador, de México, han participado poco en el diferendo diplomático. Sin embargo, AMLO dijo el jueves pasado que una amenaza así no se vivió ni con el Golpe de Estado de Augusto Pinochet en Chile

El caso ya llegó a un punto de ebullición en el que todos pensamos de más; ¿y si esto nos lleva a una conflagración?

La decisión parece que la tiene México: O entrega a los asilados con órdenes de aprehensión o resiste mayor presión boliviana, a menos que alguna instancia internacional o una comunidad de países medien en la solución.

Por lo tanto, el entramado parece una situación ideal para la sapiencia negociadora del Secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard. Qué más unos puntos extra.

 

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@RobertoCZga

 

 

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