Apología del delito de genocidio

¿Hasta dónde llegará lo que se ha sembrado de odio, mezquindad y vileza?

Compartir:
Patrick Crusius. En el subconsciente obedecía a voz de Donald Trump

“El Camino Real de Tierra Adentro” declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, corría de la Plaza de Santo Domingo (antigua aduana del siglo XVI) en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Concluía en Santa Fe, Nuevo México (ahora perteneciente a la Unión Americana). Es de las pocas manifestaciones culturales vivas que se han considerado “patrimonio itinerante” porque disemina y adopta a su idiosincrasia tradiciones, lengua, religión, arquitectura, gastronomía, danza, música etcétera, en un extenso territorio que ahora comprende a ambos países. Era la frontera geográfica y cultural de México antes del despojo de 1848 que mutiló el territorio, pero no la identidad y el legado mestizo del México que se fundió en el proceso colonial. El límite artificial actual del Río Bravo, no pudo contener la herencia cultural que se mantiene a partir de una conciencia de dignidad del pasado común.
El Paso, Texas, colindante con el Paso del Norte, ahora Ciudad Juárez, fue una sola comunidad que mantuvo a los mexicanos originarios y a su descendencia en la condición de mexico-norteamericanos en el territorio y conservando la identidad propia, sin menoscabo de su pertenencia a la nacionalidad estadounidense. A su vez los juarenses con familia en ambos lados cruzaban la frontera con toda naturalidad, sin concebir diferencias de ningún carácter. Ciudad Juárez acumuló significativos galardones históricos. El Benemérito de las Américas asentó ahí los poderes republicanos. El Apóstol de la Democracia venció en ese sitio a las fuerzas porfiristas para intentar el curso pacífico de la Revolución.
El Paso, Texas, al igual que Juárez, asumió su importancia de frontera convencional, sin apartarse de sus valores de fraternidad e interés mutuo. La aduana para el intercambio comercial cobró relevancia desde finales del siglo XIX. De lado americano la industria creció rápidamente y la American Smelting fundidora inicialmente de cobre y zinc se desenvolvió en forma impresionante, requiriendo trabajadores europeos y mexicanos. De lado nuestro el Valle de Juárez producía el algodón de la más alta calidad en la República. Hacia mitad de los 80 del siglo pasado la ASARCO cerró la planta de El Paso por su alta contaminación y los agricultores de Juárez dejaron de tener demanda de la fibra por la entrada de los hilos sintéticos que cubrieron el mundo. De lado americano la actividad industrial y comercial crecía y de lado mexicano la tecnocracia supeditó el desarrollo del país a la magia de libre comercio.
El paliativo fue la multiplicación de maquiladoras dando empleo para evitar el flujo laboral al norte. Ello produjo resultados contradictorios. A cambio México aceptó el costo de concesiones fiscales y el regalo de la infraestructura y servicios por las autoridades municipales. Así se atrajo migración del centro y sur de la República, prefiriéndose la mano de obra femenina y generando a su vez asentamientos urbanos desordenados que fueron degradando la convivencia al extremo de que la violencia se impuso y Juárez ganó la mala fama de capital del narcotráfico y de los crímenes a mansalva. Ya en nuestros días hasta el propio Papa Francisco, visitó el lugar para orar por su salvación.
El Paso fue considerada la ciudad más pacífica y segura de la Unión Americana. Pese a todo, la vecindad con Juárez no le afectaba en términos de tranquilidad y vigencia de la ley, con más del 80 por ciento de la población de origen denominada genéricamente como hispanos, que son mayoritariamente mexicanos. Juárez está resurgiendo y, lentamente recupera su capacidad económica y orden en la convivencia. Al parecer las mafias de narcotraficantes se han mudado y el dolor que dejó su huella ha calado en los juarenses que se proponen dar vuelta a la hoja de su historia reciente. Así también el tránsito de personas se ha restablecido cuando en el pasado llegó a ser sólo hacia el norte. Aún los mexicanos residentes en El Paso, no solían cruzar a este lado por el peligro latente.
Irrumpe la era Trump y el proceso de restauración social, familiar y de intercambio laboral que avanzaba, encuentra la sorpresa de que uno de tantos seguidores del “Orangután” con arma en mano, acribilla a ciudadanos de ambos países en el estacionamiento de un centro comercial. Los paseños y juarenses en ambos países, viven horas de horror. Nadie sabe si el acontecimiento se repetirá y hasta podría multiplicarse. En Dayton, Ohio, casi simultáneamente ocurrió algo semejante. ¿Hasta dónde llegará lo que se ha sembrado de odio, mezquindad y vileza como para producir mayores daños y pérdida de vidas?, todos se preguntan en ambos lados, como también el mundo se estremece y hunde en la duda.
Como Barack Obama lo expresó, la proximidad de un Holocausto, guerra de exterminio como en los Balcanes, persecuciones y expulsiones, violencia y destrucción pueden causarse por quien usa el poder con el lenguaje del odio y la discriminación al grito estridente de que existe una invasión del enemigo. En términos jurídicos se trata de la conducta denominada “apología del delito” y en su dimensión psicológica corresponde a una indulgencia psicópata para privar de la vida al semejante por no querer reconocerle precisamente la condición humana y el derecho a vivir. Patrick Crusius apretó el gatillo contra los mexico-norteamericanos pero en el subconsciente obedecía a la voz de Trump que se lo ordenaba.

Compartir:
Comentario anónimo
Comentar vía Facebook

is loading comments...