Ante Trump, unidad nacionalista

Luego de la brutal amenaza del Presidente de EU de imponer aranceles a todos los productos mexicanos, en un tono de franca guerra política por los temas de migración y drogas, una actitud diferente al lado del Presidente López Obrador sería mezquina

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En medio de su campaña política para reelegirse, Donald Trump, Presidente de EU, amenaza a México con infames castigos arancelarios

Nadie por cuyas venas corra una gota de sangre mexicana podría dejar de estar lado del Presidente López Obrador en la guerra comercial anunciada por Donald Trump contra nuestro país a causa de que el gobierno nacional no hace nada para contener el tráfico de inmigrantes y drogas a Estados Unidos.

La causa del envalentonamiento de Trump es el supuesto poco trabajo que hace el gobierno mexicano para frenar la migración que cruza por el país hacia EU, y el cruce de drogas

Una actitud diferente sería mezquina, por lo menos.

Es probable que sólo se trate de una bravata que se quede en intercambio de discursos y epítetos, de presumir ausencia de cobardía y de mucha negociación en la que algo cederemos, pero es una declaración de guerra en la que no hay cabida para el yo respeto, la negativa a entrar en confrontación, la paz y el amor, pero exige unidad en torno a decisiones que deben ser nacionalistas e inteligentes, no solamente retóricas, para consumo interno.

Quizás suene cursi, demagógico y hasta a discurso escolar en los antiguos honores a la Bandera al inicio de cada semana, pero ante el enemigo común es necesario, al menos mientras dure la crisis de una guerra que quizás no se materialice, pero que acalambra aquí y allá, hacer de lado las diferencias, la polarización y los enconos provocados por las acciones de Andrés Manuel para destruir “el cochinero” que, dice, le heredaron los neoliberales y sentar las bases del nuevo régimen ya bautizado como la Cuarta Transformación (4T).

Pero más allá del nacionalismo que, espontáneo, lo arropa ya ante las amenazas provenientes del norte (un ejemplo es la rápida reacción de apoyo de Carlos Slim y las exigencias del PAN y del PRI de mantener firmeza ante el amago), es evidente que el Presidente necesitará mucho más que la carta valiente (y en algún párrafo dicharachera, al más rancio estilo del tabasqueño) con que contestó, de inmediato, al anuncio de Donald Trump sobre la imposición de aranceles progresivos a todos los productos que vendemos a aquel país y su conclusión, sin duda acertada, de que las empresas norteamericanas emigrarán si no a su país, a otros.

‘No soy cobarde ni timorato’, dice López Obrador a Trump en su carta de respuesta inmediata a la provocación

La brutal agresión con que Trump obliga a López Obrador a iniciar el segundo semestre de su mandato podría servir de pretexto al mandatario mexicano para replantearse algunas de sus políticas fundamentales, precisamente, las reclamadas por su homólogo norteamericano, como la inexistencia de guerra contra el crimen organizado en su versión de tráfico de drogas, al menos como la concibieron Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y el combate al tránsito de migrantes, tanto nacional como centroamericano, atacando sus causas, es decir, impulsando el desarrollo en el sureste mexicano y en los países del centro del continente, algo plausible que de tener resultados será a largo, ni siquiera a mediano plazo, o, siendo fatalistas, nunca ocurrirá.

TERQUEDAD Y JUEGO MEDIÁTICO

Aquí, las preguntas son de rutina:

a) ¿López Obrador está dispuesto a volver contra su discurso y declarar la guerra al crimen organizado para evitar que el mercado norteamericano siga recibiendo la mercancía que tanto consume?

b) ¿Estará dispuesto a militarizar la frontera sur y evitar el ingreso de centroamericanos, caribeños, africanos, etcétera, a nuestro país para impedirles el tránsito al sueño americano?

Cualquiera sabe que no hay, dentro de su equipo, quien se atreva, siquiera, a plantearle la posibilidad de estudiar otras alternativas porque una vez convencido de las bondades de sus decisiones, ninguna influencia puede hacerlo dar marcha atrás.
Para él, lo ha dicho una y mil veces, la solución, en buena medida, a la inseguridad reinante con que encontró al país, y que va a la alza en los últimos meses, está en dotar a los ciudadanos más desfavorecidos de dinero, sin intermediarios, a fin de que no tengan necesidad de entrar en complicidad con los criminales. Esto, y planes de bienestar de largo aliento, ayudará a que todos nos portemos bien y no caigamos ante el oropel del narcotráfico.

De igual manera, está convencido de que invertir miles de millones de dólares en Centroamérica y en el sureste mexicano ayudará a que ya nadie emigre por necesidad, sino por placer.

Ambos razonamientos parecen irrebatibles, pero, sin entrar en debate, es indudable que los resultados, si los hay, serán a futuro, y no ahora, como lo quiere el señor Trump.

Porque es ahora cuando ya México está resintiendo del amague, electorero si se quiere, pero amague al fin, como lo refleja la caída del peso ante el dólar y los movimientos en la Bolsa Mexicana de Valores.
Por otra parte, es indudable que ambos mandatarios están aprovechando la circunstancia y que pecan de lo mismo: Terquedad y capacidad mediática.

No se descubre el hilo negro al decir que Trump juega con su electorado porque está en plena campaña para reelegirse. Amenazas como la que nos trae de cabeza lo reposicionan ante sus leales. No es casual que un día después de sus exigencias, incumplibles en plazos de 30 días, anunciase que iniciará en Florida su campaña a reelegirse.

DONALD NI A LOS SUYOS CONVENCE

No obstante, enfrenta una oposición nada desdeñable. El Business Roundtable, que agrupa a los líderes de las más grandes empresas norteamericanas, de inmediato calificó de errónea la decisión de imponer aranceles unilaterales a México.
Conforme a su razonamiento, difundido por escrito, las medidas de Trump “crearían una interrupción económica significativa e impondría impuestos a los trabajadores, agricultores, consumidores y empresas estadounidenses”.

Más aún: “Seguir adelante con estos aranceles también pondrían en peligro las perspectivas de la principal prioridad comercial de la Administración, el Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), y socavaría el comercio sin impuestos en América del Norte, que respalda a más de 12 millones de empleos en Estados Unidos”.

La conclusión de los líderes de las empresas más importantes de aquel país es en el sentido de que las directrices de Trump no garantizan el aseguramiento de la frontera ni solucionarán el problema de la inmigración.
Entre las reacciones negativas encontradas por Trump está la del vicepresidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos. Su conclusión es lapidaria:

“Imponer los aranceles a los bienes de México es, exactamente, el movimiento equivocado…”; los pagarán “… las familias y empresas estadounidenses sin hacer nada para resolver los problemas reales en la frontera”.

Y el Consejo Americano de Política Automotriz, en el que participan Ford, GM y FCA, dijo que “la imposición de tarifas contra México socavará su impacto positivo e impondría un costo significativo en la industria automotriz estadounidense”.

TODO EN MANOS DE ‘SAN MARCELO’

El viernes, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, viajó a Washington para aprovechar el fin de semana cabildeando. Su intención es reunirse con el yerno de Trump, Jared Kushner, y con Mike Pompeo, que no están en la capital norteamericana; uno viaja por Europa y el otro por África.

Mientras tanto, el Presidente López Obrador aprovechó el golpe de su homólogo norteamericano para repetir el discurso que ya le conocemos. De gira en Tlaxcala dijo que “siempre vamos a defender a nuestros paisanos migrantes y no sólo a los migrantes mexicanos, todos los que por necesidad se buscan la vida y salen a otras partes y se echan a andar porque no tienen oportunidades de trabajo o porque en sus lugares de origen hay mucha violencia”.

La agresión de Trump ayudará a la reposición de su imagen. En los primeros seis meses de gobierno, su popularidad ha bajado 10 puntos; aunque no es significativo, por la alta aprobación con que cuenta, el bajón preocupa a su círculo cercano.
Su reacción puntual y, en algunas líneas, con señalamientos ajenos al lenguaje diplomático, como recordarle a Trump que no es cobarde ni timorato, con seguridad le ayudará a recuperar los puntos perdidos.

Pero eso es politiquería en ambas partes.

Lo importante es que Trump no vaya más allá de las bravuconadas, que se conforme con gozar con el calambre que metió aquí y allá, y que Ebrard consiga convencer a sus interlocutores de lo excesivo de sus desplantes y lo poco amigable que se muestra con quien no se cansa de llamarlo amigo.

El desenlace está, ahora, en manos de Marcelo Ebrard, que se reunirá la semana próxima con el yerno de Trump, Jared Kushner, y con Mike Pompeo

Por lo demás, insisto, sería mezquino regatear apoyo al Presidente López Obrador en la guerra comercial declarada por el Presidente Trump porque puede ser tan sangrienta como las que se libran con soldados, rifles y bombas.

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