Andrés Manuel: el desconocimiento de México, la pérdida de control y la intolerancia

Rutilio Escandón, vencido en todas las elecciones, hoy no podría justificar un triunfo electoral

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El segundo debate presidencial resultó más aburrido que el primero, pero puso de relieve que la polémica, la confrontación de ideas y la intolerancia no es la gracia de López Obrador.

Por el contrario, esta vez fue más cáustico y perdió la compostura ante los certeros señalamientos de Ricardo Anaya y José Antonio Meade.

No es necesario echarle montón. Él mismo prepara el escenario para poder ser refutado y severamente cuestionado.

Así quedó de manifiesto al poner de relieve que la paciencia y la tolerancia no es lo suyo. Puede más su propia naturaleza que la opinión del electorado nacional.

Cuando el candidato del Frente por México lo evidenció de que su hijo había estudiado en España -¿no que muy nacionalista Andrés?- tenía mil formas de contestar y justificar la estancia del vástago en Madrid… pero no.

López Obrador se fue por el lado del insulto, la amenaza y la descalificación: “Ah rico, riquín, canalla, canallita” en alusión a su apellido.

Andrés Manuel demostró otra vez que la agilidad mental no lo acompaña en la confrontación de ideas.  En vez de contestar utilizó la desgastada muletilla para su electorado cautivo: “Voy arriba en las encuestas y voy a ganarlas. No los voy a perseguir”.

Pero vino la amenaza velada: “Justicia, no venganza”.

A la intolerancia se suma el desconocimiento de los problemas del país, como quedó de manifiesto en tres pifias que Andrés Manuel cometió durante el debate y que documenta en su libro “2018 La salida”.

1.- Ricardo Anaya señaló que en ese libro se hace una afirmación pasada de moda: “México compra más alimentos de los que vende”.

Divertido Anaya le diría: “Andrés Manuel, actualízate, porque tus datos son de hace cinco años”. Otra vez el silencio.

Se entiende que si López Obrador no combatió la afirmación de Anaya es porque, aunque aparezca como autor del libro, no lo conoce y menos es de su autoría.

2.- Andrés Manuel López Obrador propone la construcción de un tren de Salina Cruz a Coatzacoalcos para atravesar los 300 kilómetros del Istmo de Tehuantepec y transportar productos del Océano Pacífico al Atlántico.

Ricardo Anaya le refutaría tremendo dislate: “Andrés Manuel, ese tren ya existe”. Otra vez el dueño de Morena guardó ominoso silencio.

Como respuesta, la muletilla de nuevo al electorado cautivo: “A los dos (Meade y Anaya) les vamos a ganar.  Ellos son parte de la mafia en el poder”.

Pareciera ser que en Morena la falta de ideas propias es la constante en campaña.

El 14 de diciembre de 1859 se firmó el Tratado McLane-Ocampo, entre don Melchor Ocampo, secretario de Relaciones Exteriores de Benito Juárez, y Robert McLane, representante de Estados Unidos.

Sin entrar en los antecedentes de la parte geopolítica ni geohistórica, basta con señalar que en su punto fundamental, el tratado concedía a Estados Unidos el derecho de paso entre el Océano Pacífico y el Atlántico a través del Istmo de Tehuantepec, así como paso a perpetuidad por el Golfo de California.

Esa es la propuesta de Andrés Manuel, planteada desde hace 160 años. Cierto, en aquélla época aciaga del gobierno juarista, Estados Unidos puso como condición, para reconocerlo como Presidente, la firma del tratado McLane-Ocampo.

Aunque hoy no se habla de abrir un canal en el Istmo de Tehuantepec, Andrés Manuel se fusiló la idea norteamericana de hace 160 años y la presenta en el debate como propuesta novedosa.

3.- Cuando el debate entró al tema de las drogas y su legalización, López Obrador demostró una vez más su total desconocimiento del país.

Propuso que en vez de sembrar amapola y mariguana en el estado de Guerrero, mejor sería dedicarse al cultivo del maíz.

Como respuesta Jaime Rodríguez, “El Bronco”, lo volteó a ver con desdén para contradecirlo: “Pero Andrés Manuel, en Guerrero no se produce maíz”. Y de nuevo apeló al silencio ante la incapacidad de sostener sus afirmaciones sin sustento.

Los actos de corrupción de la “honestidad valiente” tampoco han merecido una explicación ante los electores.

López Obrador se defiende con el cuento de que René Bejarano, Gustavo Ponce, Carlos Imaz y otras joyas de la corrupción en el Distrito Federal terminaron en la cárcel.

Si bien es cierto, con fotografías Ricardo Anaya le demostró que después de la cárcel, hoy son operadores privilegiados de la campaña presidencial morenista.

Por su parte José Antonio Meade llama a López Obrador el más grande empresario de la política sin que pueda defenderse. El aserto tiene sustento. Morena ha recibido en prerrogativas más de 3 mil millones de pesos en beneficio del clan familiar.

Los hijos de López Obrador (Meade dixit) son los gerentes y beneficiarios directos de tan cuantiosa fortuna. Andrés Manuel otra vez callado ante la evidencia de los hechos.

Para defenderse de la “guerra sucia”, el “líder” de Morena ya anunció un fraude anticipado. Lo malo para el tabasqueño es que no predica con el ejemplo. Cuando menos en Chiapas prepara su propio fraude para ganar y hacer gobernador al desangelado y repudiado, por la propia base morenista, Rutilio Cruz Escandón Cadenas.

Andrés Manuel y Rutilio Escandón llevan como mapache privilegiado al delincuente electoral Amador Rodríguez Lozano, quien fue el artífice del fraude del 2006 para entronizar ilegalmente al bandido de Juan Sabines. Y así le fue a Chiapas.

Hoy, gracias a Sabines, es el estado más pobre de la República Mexicana.

Sólo que lo malo para Andrés Manuel y Rutilio Escandón es que nadie creería en un eventual triunfo de este a la gubernatura del estado.

Escandón Cadenas jamás ha ganado una elección. Cuando quiso ser diputado local, el actual secretario de Gobierno, Mario Carlos Culebro Velasco, lo aplastó en su propia tierra natal, Venustiano Carranza, en la que ni siquiera sus propios coterráneos votaron por él.

Después se presentó como candidato al Senado y perdió con el actual candidato a la gubernatura de Chiapas al Frente, José Antonio Aguilar Bodegas. Rutilio entró a la representación nacional por la puerta de atrás, bajo esa ridícula concesión llamada senadores de primera minoría. Y finalmente usurpó la voluntad popular al acceder como diputado federal plurinominal en el 2006.

Con esa historia electoral de derrota tras derrota, quién creerá que Rutilio Escandón tiene posibilidades de ganar la gubernatura del estado.

Andrés Manuel ya se dio cuenta de su craso error al haberlo impuesto por encima de la voluntad de la militancia. Así lo aceptó desde San Cristóbal el 29 de abril de 2018, cuando exigió a los electores: “Nada de voto cruzado, tienen que votar por Rutilio”, cuando al unísono gritaban “fuera, fuera Rutilio ” y a AMLO, “ya cámbialo”.

La minusvalía de cultura política, jurídica, histórica y de conocimiento de los problemas del estado es patente en Rutilio Escandón. La Barra Chiapaneca de Abogados, al igual que a todos los candidatos, lo invitó a disertar sobre su proyecto de gobierno.

La falta de respeto a la Barra y a su dirigencia no tiene justificación. Mandó por delante a Ismael Brito Mazariegos, aquél nefando secretario particular que amenazaba a jueces y magistrados con cambio de adscripción si no emitían sentencias a modo.

Brito preguntó al presidente de la Barra, Servando Cruz Solís, ¿quiénes de los abogados iban a ir y las preguntas que le harían?

Como su petición fue denegada Rutilio decidió no ir, en reconocimiento expreso del desconocimiento de los problemas del estado y su ignorancia del derecho. Y falta todavía mucho por ver. Ampliaremos…

 

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