AMLO y Pemex en aguas profundas

Tarea titánica producción de petróleo y gas

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En las profundidades de los océanos, bajo capas de agua que varían desde unos cientos de metros hasta varios miles, se esconden extensos yacimientos de petróleo y gas natural con potencial para impulsar el crecimiento económico y desempeñar un papel fundamental en la combinación energética del futuro. Temperaturas heladas, una elevadísima presión ejercida por el agua y oscuridad absoluta son factores que suponen todo un desafío técnico para la producción de petróleo y gas en aguas profundas. Son contadas las empresas que han superado las barreras de lo que hasta ahora era posible y viable desde el punto de vista de la seguridad para poder disponer de esos recursos energéticos, tan necesarios para México y para el mundo, en especial los que se encuentran en el mar territorial mexicano del Golfo de México.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha planteado la necesidad de construir o renovar, durante su sexenio, las refinerías que eviten a México la necesidad de importar gasolinas y otros combustibles, pero eso implica la disponibilidad de una producción suficiente de crudo. Y en esta coyuntura parece inevitable la participación de empresas extranjeras que dispongan de la tecnología y los fondos necesarios para emprender la aventura de encontrar y extraer petróleo y gas natural en los ricos yacimientos que se encuentran en aguas profundas del Golfo de México.

Recapitulemos: El petróleo siempre fue nuestro. Las capacidades y medios necesarios para encontrarlo, extraerlo y procesarlo no. Las reservas petroleras, al igual que todos los recursos minerales del subsuelo, los heredamos de la Corona española al nacer como nación soberana. En México, al igual que en la mayoría de los países del mundo, los recursos del subsuelo pertenecen al soberano, que en México no es el Estado, sino la nación. Esta es la regla general. La notoria excepción es Estados Unidos, donde el propietario del suelo lo es también de las riquezas del subsuelo. Así, pues, en México, el petróleo siempre fue de la nación, es decir, del conjunto de personas que disfrutamos de la nacionalidad mexicana.

Lo que, en cambio, no fue nuestro siempre es el complejo conjunto de capacidades operativas, técnicas, empresariales, comerciales y financieras necesarias para transformar el recurso natural presente en el subsuelo en riqueza efectivamente aprovechable para mejorar el bienestar de la nación mexicana y fortalecer su soberanía. Esas capacidades, sin las cuales nuestro derecho soberano era sólo letra muerta, las adquirimos, originalmente, mediante la patriótica e histórica decisión adoptada por el presidente Lázaro Cárdenas del Río la noche del 18 de marzo de 1938 al nacionalizar, con el apoyo de la nación entera, los activos de las empresas extranjeras a las que, hasta entonces, se había concesionado la explotación del patrimonio petrolero de México. A partir de ahí, los mexicanos hemos sido capaces de construir una formidable industria petrolera nacional. Esa industria no se limita a Pemex, cuya sola existencia y el desarrollo que ha alcanzado como empresa petrolera totalmente integrada, cuyas capacidades van desde la exploración hasta la petroquímica, es una de las grandes hazañas históricas de la nación mexicana

Sin embargo, ahora, el reto de encontrar y extraer petróleo y gas natural en las aguas profundas del Golfo de México exige que las capacidades de Pemex sean complementadas con la participación de grandes empresas petroleras multinacionales, como Exxon, Chevron y Royal Dutch Shell, que ya han participado en las rondas de yacimientos de aguas profundas, en donde se contemplan yacimientos en el Cinturón Plegado de Perdido y la Cuenca Salina. A través de alianzas, en las que siempre debe cuidarse que prevalezca el interés nacional, las grandes petroleras podrían participar en proyectos de aguas profundas. Los expertos han destacado, en diversos foros y ocasiones, que en el área de aguas profundas, Pemex puede encontrar entre sus aliados a las multinacionales Royal Dutch Shell, Exxon y Chevron. Para los yacimientos en aguas someras, que requieren tecnología más eficiente, podrían estar las mexicanas Alfa y Grupo México.

La coyuntura es compleja, pues Petróleos Mexicanos, que alguna vez fue la tercera productora de petróleo del mundo, agudizó su caída en 2015, al pasar al octavo sitio, con una mayor dependencia energética. Forbes nos recuerda que en este sexenio, el presidente López Obrador puso como uno de sus ejes el rescate de la petrolera. A pesar de las pérdidas registradas en el tercer trimestre de 2019, la empresa redujo 6.1 por ciento su deuda en ese periodo y de diciembre de 2018 a septiembre de este año contuvo la caída de su producción, y compró menos gasolinas, diésel, gas natural y gas LP. A pesar de que la nueva administración de Petróleos Mexicanos (Pemex) logró contener su caída en la producción y se redujeron las exportaciones y la deuda, tres de los objetivos de su Plan de Negocios 2019-2023, las finanzas de la empresa se encuentran comprometidas y se ve difícil que cumplan sus metas, sobre todo sin la ayuda de privados, coincidieron analistas en materia de energía. Sin ese capital privado será difícil que la petrolera mexicana pueda superar sus problemas financieros e invertir al mismo tiempo, señalaron David Shield, analista de la industria energética y director general de la revista Energía Debate, y Gonzalo Monroy, analista energético. El pasado lunes, la petrolera dirigida por Octavio Romero Oropeza reportó una pérdida de 87 mil 900 millones de pesos durante el tercer trimestre de 2019, y el acumulado de los primeros nueve meses del año es de 176 mil 367 millones de pesos. En términos de la inversión, según analista citado por Forbes, “Pemex trae un subejercicio importante, sobre todo en la parte de las refinerías; se han ejercido poco menos de 11 millones de dólares, pero hay otro problema que no aparece en los reportes por ningún lado, que son todos los contratistas a los que no se les ha pagado; hay reportes que hablan de 7 mil millones de dólares, y cuando se pague esa deuda van a cambiar los números que estamos viendo ahorita”. En julio pasado, Pemex presentó su Plan de Negocios para este sexenio, el cual incluye una inversión de 141 mil millones de pesos entre 2020 y 2022, y la reducción de la carga fiscal y deuda, además de elevar la producción de petróleo. La otrora empresa estrella del Estado mexicano tiene, hasta 2018, 15 años consecutivos produciendo menos gasolina, diésel y gas natural, situación que derivó en una mayor dependencia energética del país.

En la administración pasada, Pemex dejó de estar en el centro de las finanzas públicas; se dejó de invertir en la petrolera y, como consecuencia, los indicadores operativos cayeron. Sin embargo, en este nuevo sexenio, el presidente López Obrador puso como uno de sus ejes el rescate de la petrolera; David Shields, director general de la revista Energía Debate, también coincidió: “Creo que el gobierno está haciendo un gran esfuerzo con la deuda de Pemex, en renegociar algunos aspectos y quitarle la carga fiscal, pero el problema es muy grande”.

 

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