AMLO y los destrozos del niño malo

Titular del Ejecutivo federal deberá aprovechar coyuntura para colocarse en una posición de liderazgo mundial que vaya, incluso, más allá de su sexenio

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Al Presidente Andrés Manuel López Obrador le urge reconstruir su imagen internacional tras el fiasco de las negadas disculpas monárquicas y pontificias. Y me parece que la enorme relevancia del cambio climático global y la creciente urgencia de encontrarle respuestas eficaces y oportunas le abren esa oportunidad.
El cambio climático se hace patente ya hasta en la gravedad terrestre.
Los efectos del cambio climático resultan patentes en los datos del satélite GRACE (Gravity Recovery and Climate Experiment), lanzado en 2002 para seguir cambios en la gravedad terrestre.
Una revisión de los datos de GRACE publicada en Nature Climate Change, liderada por científicos del Helmholtz Centre Postdam, determina que, entre abril de 2002 y junio de 2017, Groenlandia perdió alrededor de 260 mil millones de toneladas de hielo por año, y la Antártida alrededor de 140 mil millones de toneladas. Además de las tendencias a largo plazo, los datos del campo de gravedad también proporcionan evidencia de los efectos directos de los fenómenos climáticos globales, como “El Niño”, en las capas de hielo y los glaciares de todo el mundo.
Los datos de GRACE también ayudan a analizar y evaluar el nivel del mar con mayor precisión, ya que el almacenamiento de agua dulce en tierra está vinculado al nivel del mar por varios mecanismos. Los análisis de los datos de GRACE han permitido las primeras estimaciones de los cambios de almacenamiento de agua subterránea desde el espacio. Confirman tasas excesivas de agotamiento de las aguas subterráneas de acuíferos individuales en todo el mundo. Los datos sobre el almacenamiento de agua terrestre también han contribuido a la validación y calibración de varios modelos climáticos.
Según un comunicado referente al estudio, en este siglo, el aumento del nivel del mar podría acelerarse a 10 milímetros por año, una tasa sin precedente durante los últimos 5,000 años y una consecuencia profunda y directa del calentamiento del clima. Las mediciones de alta precisión del nivel del mar han estado disponibles desde principios de la década de los 90, pero sólo muestran el cambio absoluto del nivel del mar. En los 25 años entre 1993 y 2017, el nivel del mar aumentó en un promedio de 3.1 milímetros por año. Para averiguar cómo la expansión térmica, el hielo derretido y la afluencia continental de agua afectan el nivel del mar es necesario estudiar la distribución de masa del agua.
Si estas tendencias continúan, amplias zonas de nuestro país, como Campeche, Yucatán y el Tabasco natal de AMLO, pudieran llegar a quedar sumergidos bajo las aguas del océano.
Y a pesar de su proyecto de encontrar más petróleo y construir una nueva refinería, acertados, sin duda, en el corto plazo, el Presidente deberá también aprovechar esta coyuntura y los buenos oficios de su brillante canciller Marcelo Ebrard Casaubón para colocarse en una posición de liderazgo mundial que vaya, incluso, más allá de su sexenio. No tiene tiempo que perder

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