AMLO y el fantasma de la recesión

Titular del Ejecutivo federal se empeña en ahuyentarlo, exorcizarlo; omiso caso a expertos y organismos tanto nacionales como extranjeros

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Un fantasma recorre México, el fantasma de la recesión. Y aunque el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, se empeña en ahuyentarlo, a exorcizarlo, insistentemente, con sus declaraciones en sus conferencias de prensa mañaneras, con similar persistencia se da la opinión de expertos y organismos tanto nacionales como extranjeros.

Este es un debate de importancia insoslayable para el futuro inmediato de la economía mexicana y para las posibilidades que pueda tener de alcanzar las metas de crecimiento propuestas por el Ejecutivo, sin las cuales, sus objetivos de bienestar social y mayor equidad serían inalcanzables.

Ahora bien, con tantos puntos de vista encontrados, creo que no sobra comenzar esta reflexión a partir de una definición precisa de lo que se entiende por “recesión”.

Y con ese fin emplearé la publicada por Wikipedia. Cito: “Una recesión es una disminución o pérdida generalizada de la actividad económica de un país o región. Esta reducción de la actividad económica se mide a través de la bajada, en tasa interanual, del Producto Interior Bruto (PIB) real y debe producirse de manera generalizada durante un periodo de tiempo significativo.

No existe acuerdo en la doctrina acerca de cuál es dicho periodo, si bien con el tiempo ha venido a extenderse la opinión emitida por Julius Shiskin en un artículo publicado en el diario New York Times en 1975 en torno a dos trimestres consecutivos de caída como plazo definitorio para el término”.

A partir de esta definición resulta claro que si bien la tasa de crecimiento del PIB registrada en el primer semestre de 2019 es muy modesta, por decir lo menos, aún no se ha tornado negativa ni lo ha hecho por un periodo lo suficientemente prolongado para hablar de recesión, si bien existe un riesgo latente y creciente de que esto suceda a partir de agosto o septiembre si no se toman, sin demora, las decisiones de política económica necesarias para exorcizar al ominoso fantasma.

¿Y cuáles serían las acciones clave para lograr el anhelado crecimiento? Ruego al lector excuse mi aparente falta de modestia al citar un trabajo de mi autoría, pero creo que resulta relevante y no conozco otra obra que presente evidencia y resultados semejantes.

Ahora bien, la tesis doctoral que defendí para alcanzar el grado de Doctor en Economía Política y Gobierno por la Universidad de Harvard se tituló “Economía Política del Crecimiento Económico de México” y está fundada en una base de datos de 100 años del desempeño económico de México que yo mismo compilé en un intenso esfuerzo de más de dos años.

El análisis que de ella resulta muestra que son dos las fuentes fundamentales del crecimiento económico de México:

1) La Inversión Extranjera Directa (IED), que incorpore innovación tecnológica.

2) La inversión en formación de capital humano de nivel medio, medio superior y superior, es decir en educación secundaria, preparatoria y universitaria, sobre todo la de carácter técnico y tecnológico.

De este modo, la política económica de cualquier gobierno que se proponga impulsar el crecimiento debe hacer del incremento sustancial y permanente de las dos citadas variables el objetivo primordial de sus esfuerzos y deberá trabajar para desarrollar los instrumentos y obtener los apoyos, a nivel nacional e internacional, necesarios para ese fin. Y eso significa que, sin demora, deberá integrar a su equipo económico a las personas con el bagaje técnico y la operatividad internacional necesarios.

Es oportuno recordar que es casi una constante en la historia económica del México moderno que en el primer año de una nueva administración federal se produzca una contracción, más o menos severa, de la actividad económica nacional, medida de manera convencional por la expansión o reducción del Producto Interno Bruto (PIB).

Todo parece indicar que el arranque del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no será la excepción. Mientras nuestro presidente afirma y reitera, sólo él sabe a partir de qué datos, cifras o evidencias tangibles, que, en el año en curso, la economía mexicana alcanzará una tasa real de crecimiento superior al 2.0%, los expertos, incluyendo al recién renunciado secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos M. Urzúa Macías, que mucho sabe de esos asuntos y que ha dejado un inmenso hueco en las filas del gobierno, habían anunciado, públicamente, que se reducen las expectativas de crecimiento económico de México para el año en curso.

Ahora, el escenario se vuelve aún más sombrío, pues diversos expertos y medios especializados ya no sólo hablan de bajo crecimiento, sino que han comenzado a hablar, abiertamente, de recesión. Me permito citar al respecto la nota que recoge las opiniones vertidas por Daniel Chiquiar, director de Investigación Económica del Banco de México.

Dice la nota: “La debilidad de la economía se acentuó por variables transitorias. La debilidad observada en la actividad económica desde fines del 2018 se vio ‘amplificada’ por factores de carácter transitorio, como el desabasto de gasolina, obstrucciones a vías de transporte y, más recientemente, por la interrupción en el tránsito de bienes en la frontera norte”.

Por fortuna, estas advertencias han sido atendidas por las autoridades del Banco de México.

Sin embargo, y a pesar de todos los pesares, el presidente AMLO insiste en mantener su actitud optimista.

El mandatario dice que no duda que pudiera existir una disminución en la tasa de crecimiento, pero que ha aumentado el nivel de desarrollo en el país. El presidente afirma que no ve una amenaza de recesión en la economía.

“Hay una especie de nostalgia por la anterior política económica neoliberal. Y existe como un club de defensores de esa política económica neoliberal, que fue un fracaso. Entonces, todavía no se resignan a que no vamos a seguir con esa política.

No veo amenaza de recesión. ¿Por qué no dicen que el peso es la moneda que más se ha fortalecido en el mundo con relación al dólar en este tiempo? ¿Por qué no dicen que hay menos inflación que antes?”, reclamó.

Es deseable que López Obrador AMLO y el nuevo titular de la SCHP, Arturo Herrera Gutiérrez, acierten. El Banxico se mantiene, por ahora, en una postura prudente. Toca el turno a Herrera Gutiérrez y es deseable que se reactiven las acciones orientadas a la atracción de mayor Inversión Extranjera Directa (IED). Y, en ese campo, el canciller Marcelo Ebrard Casaubón tiene mucho que decir y qué hacer.

Esto apenas va comenzando. El año y el ejercicio del nuevo equipo de gobierno, en unos meses, habrá que volver a revisar el desempeño de la economía y las previsiones de crecimiento, y podría haber nuevos ajustes. Hacia arriba o hacia abajo, 2019 comienza con bastante turbulencia. Ya estamos a mediados de julio y el panorama sigue siendo incierto.

Y sólo el presidente López Obrador puede despejar la bruma y ahuyentar los fantasmas, pero deberá cambiar su discurso de campaña por uno adecuado a su actual investidura. De lo contrario, arruinará el presente y el porvenir de varias generaciones de mexicanos que no lo eligieron para eso.

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