AMLO y el canto de las sirenas

Titular del Ejecutivo federal debe atarse, firmemente, a mástil y seguir adelante sin titubeos

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Según la mitología griega, las sirenas eran seres similares a las ninfas y vivían en el mar. Una de sus principales características era su voz, ya que poseía una inmensa dulzura y musicalidad. Gracias a su don atraían a los marineros de los barcos que por ahí pasaban; éstos quedaban tan embelesados con tan bella música que saltaban de las embarcaciones para poder escuchar mejor, pereciendo ahogados. Sin embargo, hubo alguien capaz de soportar el canto de las sirenas. Se trata de Ulises, quien, en su vuelta a casa tras la guerra de Troya, tuvo la desventura de pasar por los dominios de los ya citados seres cerca de las costas de lo que hoy es Sicilia. Para evitar el influjo de las sirenas, Ulises ordenó a sus marineros poner tapones de cera en sus oídos, mientras él se ató al mástil del barco y pudo escuchar la música sin sufrir daño alguno.
Hoy, como capitán de la nave del Estado mexicano y ante los cantos de sirena de quienes, desde fuera o dentro del país, y al ver sus intereses vulnerados por las políticas y decisiones del presidente de la República, buscan descarrilar a su gobierno, Andrés Manuel López Obrador debe atarse, firmemente, al mástil y seguir adelante sin titubeos. Y atarse al mástil significa ser fiel, primero, a los objetivos centrales de la dura batalla política que por casi dos décadas sostuvo hasta alcanzar la más alta magistratura de la nación con la votación popular más copiosa de que se tenga registro en la historia de México. En segundo término, atarse al mástil significa, y quizá esto sea lo más difícil para nuestro Ulises tabasqueño, ser fiel a los probados principios y prescripciones del buen manejo presupuestal y financiero. No escuchar los cánticos seductores de los aduladores y supuestos consejeros que perversa o torpemente alientan las inclinaciones populistas del mandatario, buscando llevar agua a oscuros molinos de ambición apresurada y abonar a sus subterráneas ansias de asestar traicioneros madruguetes. Estoy seguro de que, político sagaz y avezado lobo de mares procelosos, nuestro Ulises de blanca melena, si abre bien sus ojos y sus oídos, sabrá muy pronto, y muy bien, a quiénes me refiero.
Como objetivo clave de su cuarta transformación, AMLO se ha propuesto estrechar, sustancialmente, los inaceptables abismos que hoy separan a los mexicanos más depauperados de los más escandalosamente adinerados. También se ha propuesto reducir la pobreza masiva con sus terribles y en ocasiones irreversibles secuelas de mortalidad infantil, desnutrición, analfabetismo funcional y desintegración familiar, pero nuestro Ulises de Macuspana debe comprender que esas metas no podrá alcanzarlas sólo o, primordialmente, a partir de “programas sociales”, subvenciones presupuestales o “proyectos públicos” no redituables o tecnológicamente obsoletos. Por su propio bien, y el de México, AMLO no debe escuchar los cantos de las sirenas aduladoras. El Presidente de México debe comprender que para alcanzar sus propósitos se requiere de una economía que crezca, sostenidamente, a tasas suficientes. Y, por desgracia, las previsiones más creíbles no apuntan en ese sentido. Por ejemplo, el Fondo Monetario Internacional (FMI), al recortar los pronósticos de crecimiento para éste y el próximo año, descartó que México pueda crecer al 4% para el final del sexenio.
Por eso, y para darle sustancia a esas opiniones, citaré aquí un par de ejemplos. Cada uno de ellos se refiere a una fundamental fuente de ingresos presupuestales y de divisas para nuestro país. La primera son las exportaciones de petróleo. Y en ese siempre volátil terreno, digan lo que digan las sirenas aduladoras, las perspectivas de aumentar los volúmenes de producción y exportación, y, más aún, la construcción de una o más nuevas refinerías, no son del todo alentadoras, pues, según opiniones expertas e imparciales, implican plazos más prolongados y mayores volúmenes de inversión extranjera directa o financiera que los que reiteradamente se han mencionado en el discurso presidencial tanto en las “mañaneras” como en otros foros.
Baste citar lo dicho apenas por el presidente de Rusia, Vladimir Putin: “Si los precios del petróleo caen por debajo de 40 dólares, la rentabilidad de la producción en EU se pondrá en duda. Si los precios del petróleo, por ejemplo, caen por debajo de los 40 dólares, la rentabilidad de la producción y el crecimiento de la producción en EU se cuestionará”. Y esto nos lleva a preguntarnos qué sabe Putin, uno de los hombres mejor informados del planeta, para comenzar a hablar de precios de 40 dólares por barril. En sentido semejante se ha pronunciado JP Morgan al reducir sus perspectivas para el precio del petróleo en el 2019. Según Notimex, “la firma JP Morgan redujo su perspectiva para el petróleo al pronosticar que los precios del crudo Brent promediarán 73 dólares por barril en 2019, cifra menor que el pronóstico anterior del banco de inversión de 83.50 dólares por barril”. Scott Darling, jefe de la sección de petróleo y gas de Asia-Pacífico en JP Morgan, comentó que el crecimiento de la oferta pesará sobre la cotización, particularmente después de que la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) acordara aumentar la producción a principios de este año. La desaceleración del crecimiento de la demanda pesará sobre los precios en 2019 y 2020, indicó JP Morgan, una de las empresas de servicios financieros más antiguas del mundo, de acuerdo con un reporte del servicio de noticias financieras CNBC News. La firma espera que el precio del Brent, la referencia internacional para el petróleo, se acerque a los 64 dólares en 2020. Darling sostuvo que revisó su perspectiva, en parte, debido a que la oferta de crudo en América del Norte aumentará en la segunda mitad del año. El mercado, ahora, está enfocado en la próxima reunión del grupo petrolero en su sede de Viena, junto con Rusia y otras naciones productoras, para orientar las perspectivas. Darling puntualizó que la OPEP necesita reducir la producción de petróleo en 1.2 millones de barriles por día durante todo el próximo años para equilibrar el mercado del energético. Los precios del petróleo sufrieron graves altibajos en el 2018, con precios que se dispararon a máximos de varios años en octubre pasado debido a la decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de volver a imponer sanciones a Irán. Las sanciones al tercer mayor productor de la OPEP ejercieron una presión a la alza sobre los precios del petróleo durante gran parte del año. Los principales puntos de referencia del petróleo se dispararon a máximos de cuatro años un mes antes de que las sanciones entraran en vigor, pero ese repunte se ha desmoronado espectacularmente desde entonces. Los precios del petróleo se han desplomado un 30% desde principios de octubre, arrastrados por una venta más amplia del mercado y un consenso creciente de que la oferta superará la demanda en este año
El otro signo de alerta que debe atender nuestro Presidente se refiere a otra fundamental fuente de recursos en divisas para la hacienda pública mexicana. Me refiero a la contratación, o refinanciación, de deuda pública. Cito primero la opinión de Deloitte: “Aunque México cuenta con margen para evitar una reducción importante en su calificación crediticia, en caso de ocurrir, el riesgo para invertir en el país aumentaría, causando un incremento en los intereses que debemos pagar por la deuda. Esto conllevaría a que el gasto gubernamental se oriente, en mayor medida, al pago de intereses, en lugar de inversión pública, programas sociales o gasto en educación o salud, que es lo que realmente puede beneficiar a la ciudadanía”. Por su parte, Expansión reporta que “el gobierno federal entrante deberá considerar en su primer presupuesto que el costo de la deuda pública absorberá más de 713,842 millones de pesos (mdp) en 2019, factor que presionará el diseño del paquete económico que se entregó al Congreso”. Este monto estimado por Hacienda para este año representa un incremento de 66,363 mdp en comparación al que erogaron en 2018; tan sólo con los recursos de este aumento se hubiera podido costear, por un año, el ahora desafortunadamente cancelado Seguro Popular, pero es posible que esta cifra sea mayor, dados los aumentos a la tasa de referencia de interés por parte del Banco de México (Banxico) y la contratación de deuda pública de los últimos años. De acuerdo con un reciente reporte, “los especialistas en finanzas públicas se mantienen atentos a la evolución de la deuda pública de México, que en los últimos años ha crecido con fuerza”. En este terreno resbaladizo, la mejor opción para el Presidente López Obrador es atender, puntualmente, las recomendaciones del secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos M. Urzúa Macías, un financiero capaz y prudente.
El Presidente López Obrador tiene en sus manos el presente y el porvenir de México. Como ya se ha discutido aquí, está y estará sometido a tentaciones y presiones formidables, desde las veleidades racistas de masiosare Trump hasta el canto de las sirenas aduladoras que lo quieren aislar en una espesa neblina de halagos mentirosos; como un nuevo Ulises debe atarse al mástil de la nave del Estado hasta llevarla al puerto seguro de una nueva era de prosperidad democrática. Confío en que así sea.

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