AMLO, Pemex y la Bolsa

Titular del Ejecutivo federal ante la oportunidad de pasar a la historia como un digno y sagaz émulo del general Lázaro Cárdenas

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En su inigualable “La suave patria” escribe Ramón López Velarde que fue el mismo Diablo quien le escrituró a México los veneros de petróleo, verso lúcido y premonitorio que atisbaba ya a la gran capacidad corruptora de la riqueza de nuestro subsuelo. Y, en verdad, no fue el infernal espíritu, sino el general Lázaro Cárdenas, quien, con valentía y sagaz sentido de la histórica geopolítica, en aquel 18 de marzo de 1938 rescató, para México, el dominio de nuestros veneros. De ellos obtuvo el tesoro público, recursos abundantes que parecían inagotables, hasta que la implacable declinación resultante de la geología de los yacimientos fue mermando la extracción de crudo. Esto siguió así hasta que el talento de Jorge Díaz Serrano permitió a nuestro país encontrar y desarrollar Cantarell y los demás yacimientos de aguas someras del Golfo de Campeche. Con esa riqueza volvió la prosperidad, pero el Diablo de los veneros no perdona y la frivolidad del innombrable Jolopo la despilfarró hasta terminar en sus patéticos y plañideros ladridos presidenciales desde la más alta tribuna de la nación. Ahora, en el México de la 4T, del Presidente Andrés Manuel López Obrador, la fortuna diabólica llama de nuevo a nuestra puerta, pero es muy importante que, por su bien y el de nuestra atribulada patria, no ceda a las tentaciones corruptoras que lo acechan. Por un lado, no quiere vincular a una de sus obras emblemáticas con los interminables casos de corrupción que aquejan a varias de las constructoras mexicanas. Por el otro quiere evitar posibles lecturas de beneficios a algún empresario nacional sobre otro, justo en un momento donde intenta reconstruir sus dañados vínculos con un sector de la IP.

Hoy, Pemex se encuentra en una coyuntura crítica cuya resolución será decisiva no sólo para el éxito o fracaso del gobierno de López Obrador, sino para el porvenir del país.

Al respecto, Ricardo Alemán escribe que para nadie es un secreto que Pemex, la principal empresa del Estado mexicano, no sólo es el “objeto del deseo” del nuevo presidente, sino que a lo largo de su lucha social” ha sido su “caja chica”. Por eso, vale recordar que López Obrador alcanzó los titulares de la prensa nacional gracias a una espectacular “toma de pozos petroleros” en Tabasco –a principio de los años 90– de la que obtuvo jugosas ganancias económicas. Luego, en 1992, llevó a cabo un plantón en el Zócalo capitalino para exigir el pago de daños ecológicos por derrames de la paraestatal en Tabasco. En esa ocasión, el gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari, a través de Manuel Camacho Solís, entregó 9 mil millones de pesos a López Obrador, dinero que salió de Pemex. Si dudan, el Diario de los Debates del Congreso –sesión de la Comisión Permanente del 11 de febrero de 2004– da cuenta de la confesión de Manuel Camacho Solís, entonces diputado del PRD, quien reconoce que Pemex le pagó millones de pesos a López Obrador para levantar el plantón. El “mexicanólogo” gringo George Grayson confirma el saqueo en su libro “Mesías Mexicano” –páginas 91 y 92–, en donde ofrece testimonios de quienes recibieron el dinero de Pemex “para hacer política”. Curiosamente, desde entonces, el encargado de la “caja chica” de López Obrador era Octavio Romero, hoy director general de Pemex, pero hay más; el agrónomo Romero fue Oficial Mayor de AMLO –de 2000 a 2005– y operó el saqueo a la nómina de trabajadores del GDF, a los que descontaron 10% de su salario “para hacer política”, todo un robo.

En este contexto, cito una de las propuestas de campaña de López Obrador. “¡No, no… no se metan con Pemex; ese es mi tema! A Pemex lo vamos a arreglar cuando lleguemos a la Presidencia”. “¡No me importa que se hunda Pemex… si se tiene que hundir, que se hunda… si tenemos que incendiar pozos, los incendiamos… pero no vamos a hacer nada que fortalezca al espurio…!”. Se refería, obviamente, al entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa. Ya en la calle, alguno de los asistentes soltó: “¡Andrés ya perdió la razón…!”. El resto sólo movió la cabeza y apretó los dientes. Hasta aquí la cita. Hoy, 12 años después, López Obrador intenta salvar a Pemex y, con él, a todo el país. ¿Cuáles son los factores que le pueden ayudar a lograrlo?

El presidente López Obrador trae, en el lenguaje de los tahúres adeptos al póker, un as bajo la manga. Es un as petrolero y está en Tabasco, su tierra natal y su base política de origen. Hace cerca de dos años, Petróleos Mexicanos (Pemex) hizo un anuncio muy importante para la economía de México; según Carlos Treviño, entonces director de la empresa subsidiaria Pemex Exploración y Producción Primaria, se descubrieron al menos siete pozos petroleros en aguas del Golfo de México. En los campos Manik 101-A y Mulahc-1, muy cerca de las costas de Tabasco, se encuentran los yacimientos, cuyas reservas son de, aproximadamente, 180 millones de barriles de petróleo crudo equivalente. Por un lado, Manik podría aumentar las producciones petroleras en un estimado de 10 mil y 15 mil barriles por días, mientras que Mulach podría aportar entre 20 mil y 30 mil. Al respecto, el entonces secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, declaró que tales descubrimientos son “uno de los 10 hallazgos en aguas someras más importantes del mundo en los últimos 15 años”. Con esto, la industria de hidrocarburos podría recuperarse de los actuales niveles de producción, de solamente 1.82 millones de barriles por día, para intentar alcanzar, de nuevo, los 3.4 millones que se producían en 2004. Se trata de siete yacimientos en dos áreas: Manik (2 yacimientos) y Mulach (5), ubicadas frente a las costas de Tabasco, que aportarían una reserva por 180 millones de barriles de petróleo crudo equivalente, sin embargo, resultarán insuficientes para las necesidades de producción del país, coincidieron expertos consultados por El Financiero.

No obstante, ante esas perspectivas surge la pregunta sobre cómo habrán de financiarse ambiciosos proyectos. Y como una posible respuesta han surgido opiniones que proponen que Pemex emita acciones que puedan negociarse en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV), e incluso, me permito agregar, en los más importantes mercados bursátiles del mundo.

El asunto es muy serio y creo muy urgente que el presidente López Obrador y su secretario de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera, vayan más allá de una reestructuración y refinanciamiento de los pasivos financieros de Pemex y que diseñen una estrategia de mayor alcance y de largo plazo que le dé viabilidad no sólo a Pemex, sino a toda la industria petrolera mexicana, con sus participantes públicos, privados y sociales, es decir, contratistas, proveedores, universidades, incluyendo al IPN, y sindicatos. Al respecto, Adrián Estañol escribe en Expansión que “tiempo para ganar la confianza de los inversionistas, eso es lo que realmente compró el gobierno de Andrés Manuel López Obrador con el anuncio de refinanciamiento de deuda de Petróleos Mexicanos vía un crédito sindicado por 8,000 millones de dólares a cinco años y una disminución en la carga fiscal de la petrolera”. La bursatilización de Pemex sería, así, un instrumento adicional en la urgente construcción de un nuevo Pemex rentable y exitoso, libre de viejas deudas y del insostenible flagelo de la corrupción. Con esta reforma petrolera de gran visión y alcance, el presidente López Obrador tiene la oportunidad de pasar a la historia como un digno y sagaz émulo del general Lázaro Cárdenas, a quien, con justa razón, tanto admira. Es una oportunidad que no debe perder. Por él y por México.

 

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