AMLO no es amor; es terror

Más vale a Alfredo del Mazo estar consciente de la misión que le encomendaron; debe ganar el Estado de México o, por lo menos, ayudar a que lo haga Josefina Vázquez Mota

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Ya no es cuestión de reconquistar el poder o mantenerlo; tampoco importa el futuro del país; todo se reduce a mera cuestión de supervivencia, y no necesariamente la suya, sino de una pléyade de personajes. Alfredo del Mazo debe ganar el Estado de México o, por lo menos, ayudar a que lo haga Josefina Vázquez Mota.

Aunque Enrique Peña Nieto sostenga que la victoria o la derrota en una entidad no determinan la elección presidencial, es un hecho que la disputa por el Estado de México será la madre de todas las batallas, y más le vale a Del Mazo estar consciente de la misión que le encomendaron porque la seguridad de muchos de sus paisanos, del Presidente y del gobernador para abajo dependerá de que logre parar o no a Andrés Manuel López Obrador, en la persona de Delfina Gómez.

Andrés Manuel no necesita ganar la Presidencia de la República para ser un peligro para México, sino para los políticos mexiquenses que cooptaron el poder en el sexenio que ya avanza en su tercer tercio.

No necesita mucho; desde el Palacio de Gobierno en Toluca, como mero asesor áulico de su avatar, doña Delfina, podrá perseguirlos (y lo hará, que nadie dude) con tanta saña como podría hacerlo desde Los Pinos, pues todos los instrumentos de justicia locales estarán a su disposición.

Si no logra encerrarlos en la cárcel, al menos se conformará iniciándoles proceso con cualquier pretexto, obligándolos al exilio, en espera de poder regresar al terruño pasado un sexenio y destruyendo su reputación en la plaza pública y en los medios de comunicación, aún en los llamados grandes y autoproclamados independientes, que, sin duda, se rendirán ante el poder que ejercerá sin medida.

Para decirlo de otra manera, el futuro previsible de la clase política mexiquense en los gobiernos federal y estatal dependerá de lo que pueda hacer el candidato del PRI a gobernador o Josefina Vázquez Mota, que compite por el PAN. Parece exageración y tremendismo, pero de ambos depende lo elemental, que muchos puedan vivir en la entidad no sin sobresaltos; simplemente vivir.

Peor será si gana la elección presidencial, pero antes está la mexiquense, en la que, conforme a las mediciones, Del Mazo nada tiene seguro, excepto el apoyo de Eruviel Ávila, que controla la estructura priísta, aunque en estos tiempos, ya se sabe, el aparato por sí solo no garantiza el triunfo.

Pero por esas ironías de la vida, no sólo la clase política mexiquense debe preocuparse por el triunfo de Defina-López Obrador en el Estado de México. Si el PRI y el PAN sucumben, el camino a Los Pinos estará despejado para que Andrés Manuel pueda desquitarse de Felipe Calderón y de quienes, según él, le robaron la elección en 2006.

Aquel agravio, por décimas, es imperdonable.

Pero Calderón no estará solo en esta pesadilla; la sufrirá lo que Andrés Manuel llama “la mafia del poder”, cuya cabeza principal sería, según sus dichos durante los últimos 15 años, el ex Presidente Carlos Salinas.

No obstante proclamarse amoroso y prometer perdón a quienes estén arrepentidos, es de imaginar el rencor acumulado por el tabasqueño en tres lustros de frustraciones; aún vive la mayoría de quienes le han evitado cruzar sobre su pecho la banda presidencial y casi todos tienen edad como para sufrir persecución por años, más allá de un sexenio, porque se equivoca quien suponga que Andrés Manuel va por sólo 6 años de poder; si puede, reformará la Constitución para reelegirse o seguirá gobernando a través de otra “Juanita” o “Juanito”, estilo Delfina Gómez.

En términos reales ya no se trata de discernir si el dueño de Morena sería capaz de cumplir con las fantasiosas promesas de gobierno que hace en sus libros, discursos y entrevistas periodísticas, sino poner los pies sobre el suelo y pensar en la seguridad de quienes han sido un obstáculo en el cumplimiento de su misión mesiánica, políticos y periodistas, los primeros.

LA NECESIDAD DE UNA ALIANZA NO ESCRITA

¿Qué tienen que ver Alfredo del Mazo y Josefina Vázquez Mota con esto?

Todo; quien lo pare, cualquiera de los dos, dará un respiro a los mexiquenses, pero también al resto que algo ha tenido que ver con sus derrotas.

Por eso hablaba de ironía. A Calderón le urge que Josefina o Alfredo derroten a Delfina porque las posibilidades de Andrés Manuel disminuirían en la presidencial; si lo dejan pasar, el ex Presidente vivirá una pesadilla, peor quizás que los mexiquenses de este sexenio.

En estas condiciones ¿quién podría cuestionar una alianza no escrita, no publicitada, entre priístas y panistas para parar en seco al enemigo común?

¿Quién se atrevería a calificarla de antinatura?

No es historia nueva.

Si hablamos de ironías, recordemos que, seis años atrás, fue López Obrador quien torpedeó la alianza de su entonces partido, el PRD, con el PAN en el Estado de México. Su intención era evitar que Marcelo Ebrard le ganara la candidatura presidencial, pero sólo consiguió que Peña Nieto consolidara la suya; por cierto, el actual Presidente sí consiguió por escrito, como gobernador mexiquense, un convenio de no alianza entre PAN y PRD firmado por César Nava y Beatriz Paredes.

Hoy, por supervivencia de los partidos, pero también de muchas personas en peligro de ir a la cárcel o alejarse del Estado de México, o del país, Del Mazo y Vázquez Mota están obligados a ganar a Delfina-López Obrador.

El triunfo para Josefina constituiría, además, una victoria sobre Calderón, incapaz de perdonarle que le arrebatara la candidatura presidencial de 2012 a Ernesto Cordero, razón por la cual la abandonó a su suerte; para Del Mazo significaría dar oportunidad a Eruviel de participar en 2018 y a Peña Nieto y al resto de la clase política mexiquense de contar con un territorio en donde estar a salvo de persecuciones.

Pero sobre todo disminuir las posibilidades de López Obrador en 2018 y evitarle al país la posibilidad real de convertirse en una especie de Venezuela del norte del continente.

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