AMLO, la ‘vecinización y el crecimiento’

Modelo le ofrece un enfoque novedoso, pero muy práctico, para detonarlo cuanto antes

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¿Cuáles serían las acciones clave para lograr el anhelado crecimiento? Ruego al lector excuse mi aparente falta de modestia al citar un trabajo de mi autoría, pero creo que resulta relevante y no conozco otra obra que presente evidencia y resultados semejantes. Ahora bien, la tesis doctoral que defendí para alcanzar el grado de Doctor en Economía Política y Gobierno por la Universidad de Harvard se tituló “Economía Política del Crecimiento Económico de México”; está fundada en una base de datos, de 100 años, del desempeño económico de México que yo mismo compilé en un intenso esfuerzo de más de dos años. El análisis que de ella resulta muestra que son dos las fuentes fundamentales del crecimiento económico de México:

1) La Inversión Extranjera Directa (IED), que incorpore innovación tecnológica.

2) La inversión en formación de capital humano de nivel medio, medio superior y superior, es decir, en educación secundaria, preparatoria y universitaria, sobre todo la de carácter técnico y tecnológico.

De este modo, la política económica de cualquier gobierno que se proponga impulsar el crecimiento debe hacer del incremento sustancial y permanente de estas dos variables el objetivo primordial de sus esfuerzos y deberá trabajar para desarrollar los instrumentos y obtener los apoyos, a nivel nacional e internacional, necesarios para ese fin. Y eso significa que, sin demora, deberá integrar a su equipo económico a las personas con el bagaje técnico y la operatividad internacional necesarios.

En este contexto resulta oportuno revisar las oportunidades que ofrece el modelo conocido como “nearshoring”. Wikipedia define “nearshore” (fronteriza) como “un tipo de subcontratación o externalización de una actividad con salarios más bajos que en el propio país que se encuentra relativamente cerca en la distancia o el huso horario (o ambos). El cliente espera beneficiarse de una o varias de las siguientes construcciones de proximidad: Geográficas, temporales, culturales, lingüísticas, económicas, políticas o de vínculos históricos. El trabajo de servicio que se origina puede ser un proceso de negocio o de desarrollo de programas informáticos. Al igual que la deslocalización, el término ‘fronteriza’ (adaptación al castellano de la terminologÍa anglosajona ‘nearshore’) fue originalmente utilizado en el contexto de la pesca y otras actividades marítimas, y más tarde adaptada por el mundo de los negocios”. Creo que “vecinización” puede servirnos, provisionalmente, como una traducción operativa del término. Esta definición es relevante porque bien puede ser que esa sea una modalidad o enfoque de política industrial que permita al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) atraer hacia México la Inversión Extranjera Directa con Innovación (IEDI), indispensable para detonar el crecimiento sostenido de la economía mexicana. Un crecimiento que se traduzca, sin demora, en desarrollo, es decir, en un incremento sustantivo del ingreso per cápita mediante la multiplicación de puestos de trabajo industrial y de servicios aptos para ser ocupados por trabajadores mexicanos, mujeres, jóvenes y hombres, con salarios atractivos respecto a sus actuales ingresos en la economía informal, pero comparativamente bajos respecto a los que se pagan por actividades semejantes en Estados Unidos, Canadá y otros países desarrollados con los que México comercia.

Al respecto, Forbes dice en un artículo reciente que el “nearshoring” o “vecinización” es un buen negocio para México. Me apoyo en la opinión de Marcelo Leporati. Según este profesor de la Estrategia, Emprendimiento e Innovación en la Escuela de Negocios EAE, México es el país latinoamericano preferido por las empresas de EU para trasladar su producción. México puede atraer nuevas inversiones y generar puestos de trabajo gracias al nearshoring. Por todos es sabido que las industrias de los países desarrollados, principalmente Estados Unidos y Europa, han estado llevando su proceso productivo total o parcial a países de bajo coste en mano de obra, como, por ejemplo, el sudeste asiático. Esta práctica conocida como “off-shoring” vino de la mano de la globalización, que transformó durante las décadas de los 80, 90 y 2000 a las economías de todo el mundo. El fenómeno globalizador impactó en muchas áreas dentro de la cadena de valor de las organizaciones, pero especialmente en la gestión de las cadenas de suministro y la manufactura, pero hoy, en medio de un nuevo contexto global de guerras comerciales, si bien este proceso aún sigue ocurriendo, el ritmo de casos se ha desacelerado. De hecho, las empresas están creando nuevas alternativas para la gestión de su producción, como la relocalización en los países de origen, conocida como “reshoring”, o en países que están en cercanía, lo que se denomina “nearshoring” o “vecinización”. Entre otros, el motivo de este cambio es que las nuevas tecnologías en los países desarrollados y emergentes generarán innovación con mayor productividad, lo que permite desarrollar en ellos productos que antes no era posible, rediseñar productos existentes o crear nuevos productos desde cero. La inteligencia artificial, el machine learning, la impresión aditiva, los sistemas de comunicación, el Internet de las cosas (IoT) y la gestión de grandes datos (Big Data) están rediseñando el paisaje de la manufactura en los países desarrollados y emergentes, provocando un cambio en el “qué”, “cómo”, “cuándo” y “dónde” se fabrica.

Por ello, y según el “Reshoring Initiative Report 2017”, el nearshoring representa, aproximadamente, un 22% del total de casos de reshoring en EU. Y es que las empresas europeas y americanas prefieren, cada vez más, producir en cercanía al sitio donde está la empresa matriz por sus ventajas en términos de costes y de estrategia de negocio, pero sobre todo de tecnología.

Así, y según el informe “Made in Spain ¿otra vez?”, de EAE Business School, las compañías que realizan reshoring y nearshoring tienen un grado de innovación tecnológica mayor, comparado con las compañías que realizan offshoring. Esta situación posiciona a México en una situación privilegiada frente a otros países latinoamericanos, ya que, según el mismo estudio, México es, junto a Canadá, el principal destino de las empresas americanas para realizar nearshoring.

Por ello, y según el Reshoring Initiative Report 2017, las exportaciones de México a EU llevan un 40% de componentes producidos en EU, y las importaciones de China sólo un 5%. Esta tendencia puede generar, en los próximos años, un impacto positivo en la economía mexicana y en términos de generación de empleo, pero también exige retos para el país. A nivel gubernamental es importante que México establezca medidas sistemáticas de control de las actividades de reshoring y nearshoring para poder ofrecer a las compañías asistencia que les facilite el proceso de relocalizar sus centros productivos. Además, México debe apostar por la educación y preparación de la fuerza de trabajo en las tecnologías emergentes, un factor principal que influye en las decisiones de localización de las compañías en uno u otro país cercano, y que es clave para ofrecer niveles de productividad más alto a las compañías que elijan este país.

A estas alturas del 2019, el gran reto de AMLO es admitir que la economía creció apenas 2% en 2018, la tasa más baja desde 2013, y, sin demora, convencer a los mercados y a los inversionistas de que, bajo su guía, esto puede mejorar. El modelo de “vecinización” le ofrece un enfoque novedoso, pero muy práctico, para detonar, cuanto antes, el crecimiento del producto y del empleo, a tiempo para tener un efecto positivo en los procesos electorales del 2021, pero no puede dejar pasar mucho tiempo sin anunciar nuevas políticas y medidas. Ya estamos a mitad de octubre y el panorama sigue siendo incierto. Y sólo el presidente AMLO puede despejar la bruma. Es ahora o nunca, señor presidente.

 

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