AMLO ¿al principio del desencanto?

Deseable que moneda caiga del lado más favorable a las expectativas presidenciales

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Cuenta la fábula que hace muchos años vivía un rey que era comedido en todo, excepto en una cosa: Se preocupaba mucho por su vestuario. Un día oyó a dos sastres decir que podían fabricar la tela más suave y delicada que pudiera imaginar. Tal prenda, añadieron, tenía la especial capacidad de ser invisible para cualquier estúpido o incapaz para su cargo. Por supuesto, no había prenda alguna, sino que los pícaros hacían lucir que trabajaban en la ropa, pero estos se quedaban con los ricos materiales que solicitaban para tal fin. Sintiéndose algo nervioso acerca de si él mismo sería capaz de ver la prenda o no, el emperador envió, primero, a dos de sus hombres de confianza a verlo. Evidentemente, ninguno de los dos admitió que eran incapaces de ver la prenda y comenzaron a alabar a la misma. Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje y estaba deseando comprobar cuán estúpido era su vecino. Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile, sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje, temerosa de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: ¡Pero si va desnudo! La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo oyó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.
Esta fábula viene a cuento por el problema, cada vez más evidente, a que se enfrenta el Presidente Andrés Manuel López Obrador, pues algunos de sus más cercanos e importantes colaboradores no dejan de decirle que todo en México va bien, que sus políticas y decisiones son un éxito, y que su cuarta transformación va viento en popa. Le van construyendo, así, un pedestal de barro, pero pintado de precioso mármol, y, como al pobre monarca de la fábula, le esconden los graves problemas a que se enfrenta. El Presidente está, ya, ante el principio del desencanto. Las plazas están menos atiborradas de aplaudidores incondicionales, pero se le dice y repite que las rechiflas no son para el caudillo de la blanca melena, sino para algún gobernador, alcalde, senador o diputado perteneciente a la vieja “mafia del poder”. Y, así, nuestro omnipotente tabasqueño se cree vestido con finas sedas, pero, en realidad, son invisibles, salvo a los ojos de sus perversos aduladores incondicionales.
Baste un ejemplo: Mientras nuestro Presidente afirma y reitera, sólo él sabe a partir de qué datos, cifras o evidencias tangibles, que, en el año en curso, la economía mexicana alcanzará una tasa real de crecimiento superior al 2.0%, los expertos, incluyendo al propio secretario de Hacienda y Crédito Público, Carlos M. Urzúa Macías, que mucho sabe de esos asuntos, acaban de anunciar, públicamente, que se reducen las expectativas de crecimiento económico de México para el año en curso. Cito, al respecto, lo publicado por la revista Expansión: “El gobierno mexicano recortó este lunes sus expectativas de expansión económica y de ingresos presupuestarios para este año debido al bajo nivel de crecimiento en los últimos meses y a los menores ingresos petroleros. La Secretaría de Hacienda recortó de entre 2.5%-1.5% a 2.1%-1.1% su pronóstico de expansión del Producto Interno Bruto para 2019, señalan los Pre-Criterios 2020 entregados al Congreso de la Unión este lunes”. “Para las estimaciones de finanzas públicas se utiliza una estimación puntual de un crecimiento real anual del PIB de 1.6% para 2019”, detalló la dependencia. La previsión anterior era de 2%. Hacienda estima que los ingresos presupuestarios de 2019 sean inferiores en 121,200 millones de pesos, equivalentes a 0.5% del PIB, a los previstos en la Ley de Ingresos de la Federación (LIF) 2019. “Esto se explica por menores ingresos petroleros, como resultado de una menor producción de crudo y gas natural, un menor proceso de crudo en el Sistema Nacional de Refinación, que impacta, directamente, sobre los ingresos propios de Pemex al dejar de capturar el margen de refinación, así como por un tipo de cambio más apreciado respecto a lo previsto en la LIF 2019, que se compensó, parcialmente, con un precio del petróleo mayor al esperado”, explicó la dependencia.
Sin embargo, en el importantísimo frente de las finanzas petroleras se generan informaciones en apariencia contradictorias, pero que, según evolucionen a lo largo del año, podrán apuntalar o desmentir el optimismo presidencial. Al respecto me permito citar lo recientemente publicado por El Financiero, con información de Bloomberg: “Los verdaderos creyentes en Petróleos Mexicanos (Pemex) están generando un repunte de sus bonos, ya que consideran que el apoyo del gobierno a la petrolera mexicana, en última instancia, proporcionará un respaldo ante cualquier problema. Inversionistas como MetLife, Pictet y SMBC Nikko Securities señalan que los bonos de Pemex fueron castigados, excesivamente, el año pasado debido a la inquietud de que el gobierno no esté haciendo lo suficiente para resolver los problemas de la compañía. El desafío del desplome de la producción, dados los 108 mil millones de dólares de deuda y los impuestos altos con los que debe lidiar la petrolera, es real, pero los optimistas sostienen que sus rendimientos no deberían estar muy por encima de las notas soberanas. “Lo irónico de Pemex es que cuanto peor se deteriora el perfil crediticio, más se convierte en un crédito soberano”, comentó Roger Horn, estratega sénior de mercados emergentes de Nikko Securities America en Nueva York, que viajará a México, con un grupo de inversionistas, en busca de oportunidades.
Los bonos de referencia de Pemex con vencimiento en 2027 obtuvieron un rendimiento de 4.1 por ciento el mes pasado, casi tres veces el promedio de un índice Bloomberg Barclays de notas de gobierno y cuasi-soberanas de mercados emergentes. El rendimiento adicional que pagan los bonos por encima de instrumentos de vencimiento similar del gobierno ha caído a 2.5 puntos porcentuales, aún cerca de 50 puntos base sobre el promedio del año pasado, pero inferior a los 2.95 puntos porcentuales de principios de enero. El margen es de hasta 5 puntos porcentuales en el caso de algunos bonos denominados en euros y en pesos. La petrolera había sufrido en los mercados de bonos en los últimos meses, puesto que algunos analistas e inversionistas empezaron a creer que sus problemas son tan grandes que ni el respaldo del gobierno era suficiente para tranquilizarlos. En general, las notas de empresas estatales, conocidas como cuasi-soberanas, se consideran menos riesgosas debido al respaldo gubernamental.
De acuerdo con Jaimin Patel, analista de Bloomberg Intelligence, la calificación crediticia de la compañía podría estar ocho niveles más abajo sin la ayuda del gobierno. Guido Chamorro, que administra 4 mil 500 millones de dólares en activos como codirector de deuda en moneda dura de mercados emergentes de Pictet, recientemente aumentó sus tenencias de bonos a 2027 de Pemex, según datos recabados por Bloomberg. Chamorro afirma que el Presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, hará lo que sea necesario para mejorar la situación de la compañía. Está a la espera de una baja de calificación (S&P Global Ratings y Fitch Ratings han dicho que podrían reducir la calificación de grado de inversión de la petrolera) porque una caída de los precios podría ser una oportunidad para comprar más. “Pemex aún gana dinero, sólo que no tiene permitido mantenerlo”, estableció Chamorro desde Londres, lamentando la alta carga impositiva de la compañía. Sin embargo, “el default no es un problema en el futuro previsible”. Fitch redujo la calificación de Pemex, en dos escalafones, a principios de este año, a “BBB-“, el grado de inversión más bajo. Moody’s tiene a Pemex al mismo nivel, mientras que S&P la ubica dos niveles más arriba, en “BBB+”. Los departamentos de prensa de Pemex y de la Secretaría de Hacienda no respondieron, de inmediato, a una solicitud de comentarios.
Así, pues, como puede verse, la moneda está en el aire. Y es deseable que caiga del lado más favorable a las expectativas presidenciales. De lo contrario, y en vista de las esperanzas de bienestar y mejoría económica que el Presidente ha generado entre una gran mayoría de mexicanos, lo que se vio reflejado en el impresionante triunfo, sin precedente, que obtuvo en las urnas el pasado 1 de julio, podemos estar al principio del desencanto popular, con repercusiones económicas, sociales y políticas de pronóstico reservado. Y aunque discrepo de algunas decisiones y medidas del Presidente López Obrador, por el bien de mi patria le deseo que acierte en su pronóstico y sea exitoso.

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