América Latina ávida

Que sus gobiernos le presten atención, que la escuchen o se vayan, su clamor

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Las cargas policiales enfrentan a los manifestantes; en su afán de controlar los golpean con toletes, los avientan con los escudos, les lanzan gases que arden en la piel y en los ojos; les disparan balas de goma o balines de metal que les lastiman el pecho, y ya por todo ello les han quitado los ojos o la vida a algunos.

En el clamor popular, América Latina gritó que no dejaría que el camino fuera igual en 2019.

Cientos de ciudadanos, encabezados por los jóvenes, salieron a las calles a reclamar que sus gobiernos les prestaran atención, que los escucharan o se fueran.

Antes de finalizar 2019, Puerto Rico pudo cambiar de gobierno, los indígenas ecuatorianos lograron el diálogo y los chilenos convocaron a una nueva constituyente.

Mientras, los ciudadanos de Haití y Colombia han demostrado que la bandera que portan la defenderán con o sin el respaldo de sus presidentes y representantes políticos.

 

EL AUMENTO DE PRECIOS Y LA CORRUPCIÓN COMO DETONANTES

“Este estallido social en Latinoamérica obedece a unas estructuras de desigualdad, injusticia y exclusión que son a nivel mundial”, asegura Malely Linares, doctora colombiana en Estudios Latinoamericanos que se ha especializado en movimientos sociales de izquierda en el continente.

En entrevista, explica que la alza de precios y las denuncias de corrupción han marcado las acciones en la región; las protestas se han caracterizado por iniciar con temas sumamente específicos que afectan a algunos sectores y han conectado con las demandas de otros, lo que provocó que aumentaran los asistentes a las manifestaciones y diálogos.

Uno de los ejemplos más relevantes en el año fueron las acciones de los chilenos, que llevan más de dos meses en constantes movilizaciones demandando cambios que se han solicitado, de diversas maneras, desde los años 90, pero que ahora se conjuntan porque el movimiento social le ha dado cabida a un amplio abanico de demandas.

Sin embargo, Chile y el resto de los países, subraya la doctora Linares, tomaron como inspiración otras protestas, como los chalecos amarillos de Francia y los libertarios de Hong Kong; se trata de un movimiento global que no se puede ignorar y que en esencia está unido por las mismas razones.

 

Haití

América empezó el año con las manifestaciones en Haití, que reclamaban la renuncia del presidente Jovenel Moïse; las demandas se arrastraban desde el 2018, pero el descubrimiento de la posible corrupción de las autoridades y el robo de un fondo de 3 mil 800 millones de dólares les dieron un nuevo impulso a las protestas, que sólo en febrero se cobraron la vida de al menos seis personas.

El gobierno local no tomó medidas extraordinarias para modificar sus políticas, y aunque las consecuencias de estas revueltas no han sido evidentes para la comunidad internacional, el número de migrantes haitianos ha aumentado en el continente.

Sólo en México, los migrantes del caribe se incrementaron, en 2019, en un 2 mil 864 por ciento respecto al año anterior, en su mayoría haitianos, según los datos de la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación.

 

Puerto Rico

En julio, las calles de Puerto Rico se llenaron de protestas; una conversación del gobernador, que se podía leer en casi 900 cuartillas y que fue filtrada a la prensa, repleta de comentarios misóginos y homófobos colmó a una sociedad que ya estaba molesta.

El descontento crecía desde los daños provocados por el huracán “María”, dadas las pocas acciones gubernamentales; un estudio del “New England Journal of Medicine” reveló que la catástrofe cobró la vida de 4 mil 600 personas en la isla, una cifra muy alejada de las 64 personas que el gobierno admitía.

Además, el huracán generó profundos daños económicos que se juntaron con la detención de funcionarios señalados por corrupción, y el descontento se hizo notar.

A las protestas llegaron los artistas puertorriqueños más relevantes de la escena musical; Ricky Martin, “Bad Bunny” y “Residente”, del grupo Calle 13, entre otros, llevaron los amplificadores internacionales a la protesta social; los manifestantes exigían la renuncia del gobernador Ricky Rosselló.

Poco más de una semana después, el congreso anunció el inicio de un juicio político que destruiría al gobernador, pero Rosselló se adelantó; el 24 de julio anunció, en un video, que dejaría su cargo el 2 de agosto, lo que provocó celebraciones en las calles.

 

Ecuador

Los ecuatorianos también llegaron a un acuerdo después del estallido de sus protestas, que iniciaron cuando el presidente Lenin Moreno anunció que para estabilizar la economía, el Fondo Monetario Internacional (FMI) recomendaba eliminar algunos de los subsidios económicos del gobierno, entre ellos el que se otorgaba a las gasolinas.

En los primeros días de octubre, los indígenas iniciaron las protestas contra la medida, pues fueron los primeros afectados; el cambio aumentó el costo de los hidrocarburos de 1.8 dólares a 2.3, un aumento del 20 por ciento que daría como resultado, a mediano y corto plazo, que no pudieran transportar sus productos para la venta y sus economías se estancaran; por ello acudieron a la capital.

Las protestas intentaron ser contenidas por las fuerzas del orden, lo que resultó en enfrentamientos que provocaron que otros sectores se acercaran a los indígenas, sobre todo los estudiantes.

En una semana, cinco personas murieron en las manifestaciones; los cierres de calles y los enfrentamientos fueron respondidos por el gobierno de Moreno con toques de queda y el desplazamiento de la capital a la ciudad de Guayaquil.

El gobierno decidió hacer una mesa de diálogo el 13 de octubre; uno de los resultados del ejercicio fue la eliminación de los costos extras a la gasolina, lo que aminoró las manifestaciones paulatinamente, hasta que terminaron, sin embargo, el gobierno de Moreno continúa sufriendo las consecuencias políticas de las detenciones y las muertes provocadas por los enfrentamientos con las fuerzas policiales.

 

Chile

Las protestas en Chile iniciaron pocos días después del estallido en Ecuador, cuando el gobierno del presidente Sebastián Piñera decidió aumentar el costo del boleto del Metro.

Los estudiantes iniciaron las protestas, que se reforzaron con algunos ciudadanos, hasta que, en pocos días, las calles estaban repletas de manifestantes de todas las edades.

Piñera decidió revertir las cuotas, pero la contramedida no supuso el fin de las protestas; después de llamar al conflicto social una guerra y sacar a las calles al ejército por primera vez desde los tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), las manifestaciones se incrementaron en frecuencia y número de participantes.

Los ciudadanos se reunían a protestar antes del toque de queda instaurado por el gobierno y las autoridades respondieron con los Carabineros, la policía militarizada que emplea gases lacrimógenos, tanquetas lanza agua y disparos de balines y balas de goma para reprimir cualquier manifestación.

Estas armas han provocado que más de 300 personas hayan perdido algún ojo o la vista; además, los heridos por golpes o quemaduras ya suman 3 mil 583, según datos del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), respaldado por la ONU y Amnistía Internacional, una cifra negada por los Carabineros.

Las demandas se han multiplicado, al grado de que ahora se discute la posibilidad de una nueva Constitución, ya que la antigua rige al país desde los años de la dictadura de Augusto Pinochet, quien tomó el poder por medio de un golpe de Estado contra el presidente Salvador Allende, en 1973.

En Chile continúan las manifestaciones y quienes protestan siguen siendo detenidos por las autoridades; el proceso de cambio social continúa en las calles; no se reduce a las cámaras, que ya legislan lo necesario para hacer una constituyente.

 

Colombia

La energía del cambio se contagió hasta Colombia; fuerzas sociales convocaron a un paro general para el 21 de noviembre, al que respondieron estudiantes, sindicalistas, activistas, campesinos y grupos indígenas.

Juntos protestaban en contra de las medidas económicas del gobierno de Iván Duque, que pretendía minimizar los salarios para las nuevas generaciones y las pensiones, así como implementar cobros reducidos a las grandes empresas que se equilibrarían con el aumento a los impuestos de la clase media.

Tales medidas tienen que ver con lo recomendado por el FMI y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), organismos que pretenden regular y consolidar el mercado.

El país arrastraba problemáticas previas, derivadas del asesinato de líderes sociales, ataques de los militares contra comunidades y el incumplimiento de los acuerdos de paz con las guerrillas.

Las manifestaciones no han terminado y las cargas policiales hieren a quienes protestan, por el empleo de balines y otras armas antidisturbios; un joven llamado Dilan Cruz, que cursaba el bachillerato, fue asesinado por uno de esos proyectiles, como informó el dictamen de Medicina Legal tras la revisión de la herida localizada en el cráneo como parte de la autopsia.

 

La ‘influencia externa’ y el futuro

Un discurso que se ha repetido en todos los países es el de la “influencia extranjera”, ya sea por parte de Venezuela, Cuba o Estados Unidos; los gobiernos de los pueblos movilizados reiteran que en sus países, las protestas inician por un factor externo.

Algunos señalan la migración; otros las redes sociales digitales, y se han hecho diversos esfuerzos por parte de los comités de inteligencia de los países para comprobar de dónde vienen las ideas.

El año terminado se definió en las calles y cambió la perspectiva del continente; para este 2020 se acercan reformas y elecciones que transformarán las políticas y mantendrán a sus ciudadanos atentos; se propondrán nuevas ideas, pero sobre todo avanzará el continente a una nueva etapa, ya que el calendario precedente materializó un año que permitió redefinir el rumbo de la historia contemporánea en Latinoamérica.

 

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