Al final del sexenio, los damnificados del gabinete

Luis Enrique Miranda cuarto subsecretario presidencial

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Durante varios meses, la pregunta recurrente era por qué Luis Videgaray se mantenía  en el gabinete presidencial, a pesar  de la errónea política económica.  Muy lejos de sus antecesores Gustavo Petricioli, David Ibarra, Pedro Aspe y Jesús Silva Herzog, y no se diga del artífice de la estabilidad económica durante 12 años, Antonio Ortiz Mena, los yerros fueron evidentes.

Los pronósticos de crecimiento de la economía mexicana siempre estuvieron por debajo de los estimados.  Equivocarse en un punto porcentual hacia abajo significa una severa caída en la producción y el empleo.  Los graves recortes presupuestales frenaron la inversión, el empleo, el consumo y la creación de infraestructura para el desarrollo.  Y la deuda pública de 5.9 billones de pesos, en diciembre de 2012, pasó a 9 billones de pesos en 2016.

Lo trágico del presidencialismo y del sistema político mexicano es que los hombres en el poder se mantienen por voluntad del Presidente de la República, a pesar de su evidente impericia.  Lo malo fue que los relevos en el gabinete no fueron por los malos resultados, sino por la inexplicable visita de Donald Trump y la negativa de la candidata Hillary Clinton de aceptar la invitación de venir a México.

Indiscreto y atrabancado, Donald Trump ni siquiera guardó el decoro de callar que su presencia en Los Pinos había forzado la salida de Videgaray.  Por el contrario, calificó la renuncia del ex secretario como ejemplo de éxito en su visita a México.  Con todo y su xenofobia, racismo y antimexicanismo, no le faltó razón.

Presidenciable natural, el secretario Videgaray, erróneamente, se adelantó a los tiempos y se equivocó en el método.  A 69 días de la elección presidencial en Estados Unidos, y a un año y medio de la designación del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Videgaray quiso ser mano y nulificar a su más cercano opositor: Miguel Ángel Osorio Chong.

En el exceso de sus pretensiones, Videgaray trasladó sus funciones hacendarias a la política exterior de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en sustitución de la canciller Claudia Ruiz Massieu.  Consejero áulico del Presidente Peña Nieto, quiso ser  el portador y autor de las invitaciones y visitas de los candidatos presidenciales de América del Norte.

Lo malo resultó que Videgaray no midió las consecuencias. Enemigo declarado de México, Trump insistió en la construcción del muro fronterizo de 10 mil millones de dólares, con cargo al erario nacional, y la deportación de 10 millones de mexicanos indocumentados.  El resultado: La embestida mediática en contra del Presidente Peña Nieto y la mayor caída en su gestión de gobierno.

Sin embargo, más allá de la renuncia de un presidenciable, los cambios y reacomodos en el gabinete presidencial perfilan, ya, al candidato del PRI para el 2018.  Eliminado Videgaray, aparentemente el puntero, y casi en solitario, es el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.  Sólo que las encuestas revelan lo contrario.   En una encuesta realizada, recientemente, por el diario Reforma, la panista Margarita Zavala tiene el 26 por ciento de la intención del voto, el 24 por ciento López Obrador y el 14 por ciento Osorio Chong.

Se agrega a esa circunstancia el desgaste que el secretario de Gobernación ha tenido con el movimiento de la CNTE y los sucesos de Nochixtlán, Oaxaca, donde murieron nueve personas. Cabe aquí la frase de la represión acuñada por Gustavo Díaz Ordaz: “A un secretario de Gobernación no sólo hay que tenerle respeto, sino también miedo”.

En ese ajuste del gabinete presidencial quedan dos prospectos que podrían ser el candidato del Presidente Enrique Peña Nieto, José Antonio Meade Kuribreña y Luis Enrique Miranda.  Meade es uno de esos casos insólitos de la política, sobre todo en un periodo de transición entre el PAN y la entrega del poder al PRI.

En menos de seis años ocupa, por quinta  ocasión, la titularidad de una secretaría de Estado.  A finales del sexenio de Felipe Calderón fue nombrado secretario de Energía y, poco después, de Hacienda, y al inicio del gobierno de Peña Nieto secretario de Relaciones Exteriores, para después hacerse cargo de la Secretaría de Desarrollo Social.

Esa característica de Meade Kuribreña permite inferir, desde ahora, que no será candidato presidencial en el 2018.  Por el PRI no puede ir, puesto que tiene su origen en un gobierno panista y sería complicado que, desde el gabinete de un gobierno priísta, un partido de oposición lo avalara con sus siglas,  Además, a Meade no se le identifica con ningún partido; más bien, por la política ha caminado como apartidista independiente.

Queda, pues, entonces, la que se percibe como la opción del Presidente Peña Nieto para el 2018: Luis Enrique Miranda Nava.  Colaborador cercano cuando este fue gobernador del Estado de México, se desempeñó como secretario de Gobierno y a partir del 1 de diciembre de 2012 como subsecretario de Gobernación.

De ser candidato presidencial del PRI, Miranda Nava lo hará bajo dos circunstancias específicas.  Sería el cuarto subsecretario que asciende a secretario y el segundo que procede de la Secretaría de Desarrollo Social. Su cercanía con el Presidente Peña Nieto permite afirmar casi sin equivocación, en la antigua liturgia del sistema político mexicano, que es el famosísimo “tapado”.

El general Manuel Ávila Camacho transitó de subsecretario a secretario de la Defensa Nacional; de ahí a candidato presidencial, y desde un escandaloso fraude electoral se convirtió en sucesor del general Lázaro Cárdenas.

José López Portillo comenzó el sexenio de Luis Echeverría como subsecretario del Patrimonio Nacional y, después de director de la Comisión Federal de Electricidad, secretario de Hacienda, que culminó como Presidente de la República.

Y, finalmente, Miguel de la Madrid inició el sexenio como subsecretario de Hacienda con José López Portillo y al asumir como secretario de Programación y Presupuesto tuvo la plataforma ideal para asumir la candidatura del PRI y,  luego, la Presidencia de la República.

Pero, además, Luis Enrique Miranda llega a secretario con un halo protector más.  Es secretario del lugar donde se incubó la candidatura presidencial de Luis Donaldo Colosio, cuidado, al extremo, por Carlos Salinas para que no hubiera nada que obstaculizara su ascenso a la primera magistratura del país.

Hay otro argumento a favor de Miranda Nava. Desarrollo Social es, en la práctica, la secretaría de elecciones del partido en el poder, como lo fue con Vicente Fox y Felipe Calderón, en donde se reparten beneficios a los marginados que son una buena reserva de votos y en la que no hay desgaste político.

No hay que olvidar que en el antiguo rito del Tlatoani, el presidente, al dar a conocer a su candidato, simultáneamente designaba a su sucesor.  Afortunadamente, hoy, únicamente puede nombrar candidato.  Ampliaremos…

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