A 80 años, evidencia del neopanismo

Abismales distancias de origen

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Lógico que en plena decadencia se haga reaparecer a un sujeto de la calaña de Vicente Fox dizque para festejar los 80 años del PAN

Un 15 de septiembre de 1939, se reuniría en la gradería del Frontón México, un grupo de mexicanos que había vivido la primera década de la fundación de un partido nacido del propio poder para perpetuarse (PNR). La motivación de éste organismo era la unificación de las decenas de clubes políticos diseminados en el territorio nacional. La intención oculta era llegar a ser un partido corporativo de Estado (semejante al de los que existían en Alemania, Italia y España).

Frente a ésta realidad era ineludible oponerse mediante una alternativa democrática verdadera, que le diera a los mexicanos opciones políticas que la pluralidad nacional exigía. Había que impedir la institucionalidad de la perniciosa práctica de un partido oficial.

La convocatoria que hiciere Manuel Gómez Morín con Efraín González Luna y un número inicial de universitarios (recordemos que Gómez Morín en 1932 había sido el rector que defendió la autonomía de la UNAM), incluía también a trabajadores que no podían resignarse a someterse a un sector sindicalizado del partido oficial, al que se adhirieron campesinos que padecían lo mismo. La propuesta fue la de la modernización política del país a partir de la adopción de un régimen real de partidos independientes.

En el escenario internacional se  gestaba la Segunda Guerra Mundial. Las tendencias hegemónicas de Alemania no sólo hacia adentro, sino con pretensiones continentales, eran una amenaza que se había inoculado precisamente por la irrupción de un partido personalizado por su líder y con proyectos extraterritoriales. La vacuna entonces contra estos avances totalitarios era el reconocer la pluralidad de la sociedad y el imprescindible respeto a la libertad de asociación en partidos políticos independientes, con estatutos democráticos y cuyas propuestas deberían ser sustentadas en una plataforma política y a su vez, en una declaración de principios de doctrina que definiera su visión de la persona humana, estado y sociedad.

El acierto era evidente. México requería con urgencia de partidos independientes. Sólo así se liberaría de la posibilidad de una concentración de poder que en toda la historia del hombre había sido contra la libertad y la dignidad ciudadana. La idea se nutría continuamente de las deliberaciones colectivas que se hacían en las asambleas del nuevo partido. Brotaron en todos los estados de la República los simpatizantes que anhelaban salir de la asfixia del partido oficial y reclamaban una política enmarcada en principios éticos inviolables para su eficacia en la posibilidad de un ejercicio de gobierno, que jamás rebasara los límites del respeto a los derechos ciudadanos consagrados en la Constitución.

En 1969 Acción Nacional 30 años después, actualiza su Plataforma bajo la denominación “Reforma Democrática de Estructuras”. Los postulados originales aplicados a las realidades contemporáneas. El país se precipitaba a la negación de las aspiraciones revolucionarias, la demagogia prevaleció y la resistencia al cambio se agudizó.

La persistencia de un partido oficial no sólo cerraba la vía electoral sino que propiciaba la corrupción como medida de estabilidad política. En lo internacional la Guerra Fría proseguía y la irrupción de la Revolución Cubana en 1959 rompió el equilibrio mundial. El movimiento castrista era atractivo en cuanto a su valor y capacidad para enfrentarse al gigante norteamericano pero, su derivación en un sistema centralista, que podía explicarse por la imposición de la base militar Guantánamo, no convencía finalmente por la implantación de medidas de control antidemocrático.

La plataforma de Efraín González Luna del 69 causó escozor en los grupos más conservadores que todavía participaban en el instituto político. Dicho documento progresista había sido precedido por la valiente participación de Acción Nacional en el movimiento de 1968 en el que su representación en el Congreso defendió los derechos de los jóvenes a la protesta pacífica y censuró acremente la represión gubernamental al extremo de culminar con la masacre de Tlatelolco. El PAN estimuló su expansión en el territorio nacional y empezaron a darse triunfos significativos en capitales de estados como Mérida y Hermosillo, pese a las maniobras oficiales para impedirlo. En 1982 la candidatura de Pablo Emilio Madero logra romper el cerco y acumula casi cuatro millones de votos libres en el más difícil marco electoral.

Lo más destacado de ese avance singular en la historia política del país, es el que se había logrado con pleno respeto de la independencia del partido. Con trabajo voluntario, jamás se acudió a apoyos económicos del gobierno o de grupos de intereses particulares. La hazaña continuaría por algún tiempo hasta el inicio del periodo de Carlos Salinas de Gortari (1988) que desplegó la estrategia de infiltrar al partido grupos empresariales como la Coparmex y la Canaco para inclinarlo al apoyo del TLC. Se infiltraron células empresariales con consigna de que fueran preparando el camino para posteriormente, en un Consejo Nacional, excluir a los panistas auténticos para que el partido aceptara el subsidio oficial que había rechazado persistentemente.

Desde la campaña con “Maquío” Clouthier, quien ya había conseguido fondos particulares y de instituciones norteamericanas, se pactó con Salinas la reprivatización de la banca.  La campaña presidencial fue muy vistosa pero no alcanzó la votación que Pablo Emilio Madero obtuvo en la anterior.

Aquí está claro el quiebre de la línea de independencia que había acompañado la opción panista. Por eso hoy es lógico que en plena decadencia se haga reaparecer a un sujeto de la calaña de Vicente Fox dizque para festejar los 80 años del PAN que hoy es un NEOPAN, con distancias abismales de sus orígenes.

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