2019, el año de la desconexión

Lo que podría considerarse el proyecto de un solo hombre, Andrés Manuel López Obrador, a veces no comprendido por los miembros más conspicuos de su partido, apenas está en la etapa de desmantelamiento del pasado. Y como dijo el clásico: ‘Lo mejor está por venir’…

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El mejor ejemplo de lo que Andrés Manuel López Obrador quiere hacer con el país es la demolición de lo avanzado en lo que sería el nuevo aeropuerto capitalino, en Texcoco. Remover el andamiaje. Empezar de cero

El 2019, prácticamente, ya se fue.

En su último tercio será difícil cambiar las perspectivas que los dos primeros no cumplieron, sobre todo en cuanto a ver, al menos, la punta de lo que podría ser, como su propio arquitecto, Andrés Manuel López Obrador, ha calificado su proyecto, la “bella utopía, pero que ha bautizado como la Cuarta Transformación.

Previo al Primer Informe de Gobierno de este domingo, que no es de un año, sino de nueve meses, el Gobierno Federal, por vez primera encabezado por un partido de Izquierda (aunque en la práctica es una mezcla de todo), ha sobrellevado, y soportado, la más pesada ráfaga de críticas de los últimos años como una reacción natural al tamaño y características de sus objetivos.

Hasta este momento, 1 de septiembre, México sigue siendo el mismo en casi todos los rubros, en casi todos los asuntos, en la inteligencia de que lo que se pretende cambiar está en proceso y lo que ha cambiado es muy poco.

El proceso está en el desmantelamiento y la desconexión.

A reserva de lo que el Presidente añada de novedad, o de sorpresa, a su discurso de hoy, todo lo habremos escuchado ya, principalmente, en las conferencias de prensa “mañaneras”, en donde ha dado cuenta de cifras que luego resultan erróneas o exageradas, pero que él resuelve, inconcusamente, con un “yo tengo otros datos”.

Las conferencias ‘mañaneras’ del Presidente López Obrador son el mejor catálogo de lo que, este domingo, él resumirá en su Primer Informe de Gobierno

Podríamos decir que hasta agosto, partiendo del 1 de diciembre del año pasado, cuando asumió como Presidente en funciones, el ruido ha sido mucho, y algo más que pocas nueces, sobre todo porque su estrategia incluye no sólo modificar el fondo, sino la forma, con respecto a los regímenes anteriores (priístas y panistas), que abarcan lo que él considera el “periodo neoliberal” de 36 años.

Obras de infraestructura a la vista no hay por la simple razón de que en nueve meses es casi imposible edificarlas. Entre las medidas y decisiones tomadas, y acciones implementadas, destacan, de inicio, el combate al “huachicoleo” (robo de combustible a ductos de Pemex), cuya práctica se redujo casi en su totalidad.

El combate al ‘huachicoleo’ y casi su desaparición en su totalidad es uno de los logros confirmados del arranque del gobierno de López Obrador

Algo más que le ha permitido a López Obrador mantener la atención, algo aplaudida por parte del “pueblo sabio”, pero también temida, cada día más, por sus adversarios (los “neoliberales”, “conservas” o “fifís”, principalmente priístas), es su plan contra la corrupción, que, aunque había prometido no llevar a cabo una “cacería de brujas”, al parecer como tema “colchón” para un informe es perfecto.

Además de la lista de nombres que todos los días crece bajo la pluma de Santiago Nieto, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, dependiente de la Secretaría de Hacienda, y que ha generado que los jueces trabajen horas extras otorgando o negando amparos, el primer gran “trofeo” de la incipiente gestión lopezobradorista es la cabeza de Rosario Robles, hoy detenida en el penal de Santa Martha Acatitla a la espera de que sus abogados se apliquen en un plazo ya de casi un mes para que le concedan llevar su juicio en libertad.

Un caso, el de Robles, rodeado de polémica, pues aun cuando, por semanas, se dijo que sólo se fincaba en su contra el delito de omisión por no informar a su entonces Jefe, el ex Presidente Enrique Peña Nieto, de las presuntas anomalías conocidas como “La Estafa Maestra”, el juez de inicio del caso la vinculó a proceso y le impuso la prisión preventiva. El lado “sospechosista” es que el segundo apellido del impartidor de justicia Felipe de Jesús Delgadillo es Padierna, es decir, resultó ser sobrino de Dolores Padierna, esposa de René Bejarano, quien en 2004… usted ya sabe, las ligas, Carlos Ahumada, los bolsos del saco del entonces incondicional de López Obrador. Entonces apareció la sombra de dados cargados.

Por lo pronto, Robles es tema mayor en el Primer Informe de este domingo. Aunque también pesa la lista de “perseguidos”, como Emilio Lozoya (que incluye a su familia), Juan Collado, también detenido, aun cuando su caso esté al margen de lo que el gobierno persigue; Gonzalo Gil White, hijo de Francisco Gil Díaz, ex Secretario de Hacienda. Otros, como Ramón Sosamontes, en lista de espera. Y por ahí ya mencionan que la carabina anticorrupción apunta hacia Luis Videgaray, Miguel Osorio Chong, pero que la mira más atenta está puesta en quien fue jefe de todos.

 

VOLVER A ARMAR EL ROMPECABEZAS

En su Primer Informe, López Obrador podrá presumir varias cosas, algunas de las que se duda si fueron la mejor decisión o sólo capricho, como la suspensión de la construcción del nuevo aeropuerto capitalino en Texcoco. Otras, de las que se duda su funcionalidad plena, como la edificación del aeropuerto “Felipe Ángeles” en la base militar de Santa Lucía, la de la refinería “Dos Bocas”, en Tabasco, y el Tren Maya en el sur-sureste del país.

De la chistera, sin embargo, el Presidente dará datos, cifras y hasta argumentos para salvar la crítica en dos temas torales en la vida del país, y que a la vista del “pueblo sabio”, del “medio sabio” y del “no sabio”, falta un largo trecho para tener resultados.

Uno, la economía, que, aunque el Ejecutivo se esmere en decir dos o tres veces por semana que “vamos requetebién”, los organismos nacionales e internacionales, principalmente las calificadoras, la prensa internacional “fifí” con opiniones de expertos, pero a veces hasta las instituciones de crédito nacionales, el INEGI y hasta el Banco de México, muestran las rutas de riesgo por las que transita el país.

El miércoles pasado fue Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, quien señaló que el gobierno se mantiene en “claroscuros”.

“No vamos tan mal como las redes sociales dicen ni tan bien como dice la autoridad”, expresó.

Y uno de los temas que mencionó fue el de la inversión, de la que, afirma, no existe.

“Nos preocupa que no estamos creciendo, que no hay suficiente inversión, que los planes de infraestructura deberían estar más acelerados”, advirtió Salazar Lomelín.

El otro tema que el líder empresarial puso también como prioritario atender es el que nosotros y cualquier mexicano percibe como de atención urgente, el de la inseguridad y la violencia.

Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, señaló que el gobierno se mantiene en ‘claroscuros’. Falta hacer más, dijo, contra la inseguridad y por la inversión

López Obrador ha basado el andamiaje de sus programas y una nueva estructura social, económica y política en su “austeridad republicana” para hacerse de fondos; parte de este plan es desburocratizar secretarías y dependencia, así como reducir los salarios de los que queden (porque “nadie puede ganar más que el Presidente”).

Pero además cancelar programas de administraciones anteriores y modificar las formas de operar los recursos. Esto ha generado molestia en empleados de gobierno despedidos, pero también en algunos sectores de la población ante la cancelación, por ejemplo, de la entrega de apoyo económico a instancias infantiles y órganos autónomos, además de confusión y desabasto (aunque pasajero) en el sector médico.

Este domingo, López Obrador cumple una parte mínima de sus sueños después de ganar, por fin, hace 14 meses, la Presidencia de la República; dará su Primer Informe de Gobierno, durante el cual, ha dicho, no portará la banda presidencial, lo que hace 13 años parecía una obsesión. Muestra de humildad, tal vez.

El entorno que presentará será el de un país en plena desconexión del pasado reciente, una especie de desprender las partes del rompecabezas, revolverlas y comenzar a ensamblar desde un aparente punto cero.

A nueve meses de iniciado su gobierno, más que resultados concretos, o muy pocos, el Presidente deberá dar fuertes argumentos para mantener la esperanza y la confianza en que la reingeniería que imaginó y está llevando a la práctica estará sostenida sobre nuevos y vigorosos pilares que no permitirán ninguna especie de crisis, y menos económica.

Ésta última, a mi juicio, improbable, a menos que las causas externas sean de un calibre mayor y Estados Unidos, China y Alemania, entre otros, conduzcan al mundo a una debacle.

De otra forma, aun entre el flojo arranque del crecimiento (más que exhibido por quienes dan seguimiento) y el lento desarrollo (porque en nueve meses es imperceptible), López Obrador tiene el apoyo de la cúpula empresarial y, aunque a veces pequemos de incrédulos o demasiado malévolos, los ahorros y recortes, aunque parezcan exagerados, o quizá por eso, al tiempo (mediados o finales del año entrante) darán resultado. La clave está en saber aplicar esos recursos, dar el manejo del nuevo esquema a personal capaz, ceñirse a la versatilidad y permitir el asesoramiento inteligente.

Por lo pronto, salvando en su discurso los asuntos de la inseguridad, el crecimiento y la inversión, este domingo será para López Obrador, otra vez, como el seguimiento del festejo de su triunfo político del antepasado 1 de julio. No tiene de otra; no hay mucho que mostrar. Tampoco mucho que exigir.

 

UN PARTIDO RIJOSO Y LA SOMBRA DE LAS TRAGEDIAS

Es seguro que no sean temas para su discurso de este domingo, pero, sin duda, son asuntos que han marcado sus primeros nueve meses de gobierno: Uno, la confrontación entre miembros de su partido cuando de poseer poder se trata y, dos, los episodios trágicos de los que no escapa ningún gobierno, pero que el suyo tuvo la mala suerte de sufrirlos casi iniciando su gestión.

Las reyertas en Morena, sea por la elección en Puebla, por la renovación de la presidencia de la Mesa Directiva del Senado o por la de la dirigencia del partido, sólo reflejan la conducta de la que no se desprendieron cuando formaron parte de las “tribus” del PRD.

Una conducta que puede abollar el barco o provocar que haga agua, aunque López Obrador haya ya pintado su raya (si no le bajan “que se le cambie de nombre al partido y renuncio”), y que puede mermar la eficacia de una administración.

Y eso que apenas se cumplen tres cuartas partes del año y ya Ricardo Monreal, Martí Batres y Yeidckol Polevnsky andan de mírame y no me toques. Qué será cuando se acerque la hora de la verdad, de mitad del sexenio en adelante. Ahí aparecerán, como ya pintan desde ahora, Marcelo Ebrard, Claudia Sheinbaum, Mario Delgado y, por qué no, hasta Alfonso Durazo, y otros.

Desde ya el Presidente está obligado a cuidar sus espaldas hasta de sus propios morenos. Porque a veces, hasta un comentario tipo misil de Porfirio Muñoz Ledo, que gusta decir lo que piensa, puede caer en terreno amigo.

A todos sorprendió el pasado 24 de diciembre, en plena víspera de Navidad, el accidente, en Puebla, en el que murieron la Gobernadora recién electa, Martha Érika Alonso, y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, suceso que, por cierto, hasta hoy no se ha resuelto.

El accidente, en Puebla, en donde mueren la Gobernadora Martha Érika Alonso y su esposo, el senador Rafael Moreno Valle, marcó, trágicamente, el inicio del sexenio

Pero apenas casi un mes después, en pleno operativo contra el “huachicoleo”, otra tragedia de altas dimensiones marcaban el arranque del lopezobradorismo. La explosión de un ducto de Pemex del que cientos de personas recolectaban combustible en Tlahuelilpan, Hidalgo, dejó un saldo de más de 130 muertos.

La explosión de un ducto de Pemex en Tlahuelilpan, Hidalgo, que dejó un saldo de más de 130 muertos, ocurrió en pleno operativo contra el ‘huachicoleo’

El gobierno fue, poco a poco, enterrando el suceso, pero la fecha y el tamaño de la desgracia son imborrables.

Los otros hechos trágicos, idénticos a los de la época “neoliberal” y que ahora, todavía a nueve meses del gobierno, la siguen culpando, los ha puesto el crimen organizado. El último, como para que no se olvide, apenas una semana antes del Primer Informe, ocurrió en Coatzacoalcos, Veracruz, cuando un grupo armado atacó un centro nocturno y mató a 29 personas, saldo hasta el viernes pasado.

Grosso modo es el panorama que puede pintar Andrés Manuel López Obrador este domingo, a reserva de que bajo la manga traiga un as que haga estallar los cañones de la Cuarta Transformación.

En sentido estricto, ningún nuevo gobierno ha sido efectivo en el primer año de gobierno. Y menos lo puede ser éste, que pretende arrancar, desde sus cimientos, lo que considera mal construido.

Pongamos como mero ejemplo, a manera de explicación con peras y manzanas, el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que por las causas que fueran, atinadas o desatinadas, lo levantado hasta ahora deberá ser removido.

Pero es el comienzo; hay plazo para hacer las cosas bien, para dejar las extravagancias, las exageraciones, para rectificar. Porque, como dijera el ya clásico, “lo mejor está por venir”.

 

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@RobertoCZga

 

 

 

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