100 días… 100 dudas

La Cuarta Transformación camina entre un laberinto. Cualquier pendiente requiere, para mostrar resultados, mínimo de seis meses a un año, y eso tan sólo para verificar la ruta Pero hay expectativas, ante estrategias casi inéditas, en la recaudación de fondos para programas sociales, mediante la llamada “austeridad republicana”, así como en un bajón a la violencia

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Si de ponernos filósofos se trata, tendríamos que decir que un gobierno que pueda recibir el “Oscar” por colocar a un país en la cúspide del desarrollo, tendría que ser, forzosamente, un gobierno añejo o, cuando menos, de medio plazo.

Cualquier otro juicio es imposible y hasta corto de argumentos.


La explicación: No hay resultados visibles y, mucho menos, constantes y sonantes, en 100 días de gestión administrativa.

Cualquier parámetro de medición en temas sociales, económicos o políticos requieren de un plazo crítico para establecer la proporción de cambio, hacia adelante, hacia atrás o de estancamiento.

Lo demás es polvareda.

Esta semana, mañana 11 de marzo para ser precisos, escucharemos el mensaje de Andrés Manuel López Obrador sobre sus primeros 100 días de gobierno.

Sugiero que para salud mental de gobernados y gobernantes, lo que diga los rescatemos todo, frase por frase, punto por punto, y se compare, como cápsula del tiempo, con un plazo mayor, digamos, seis meses, un año, mitad de sexenio y sexenio completo.

Y no es echar la sal.

Soy de los que ha han criticado mucho más el tono, la burla, el desdén y el desorden del actual e inédito gobierno, que las estrategias en sí, por muy “locas” que parezcan.

Específicamente hay dos muy visibles y que a la vuelta de los meses (no de semanas, y mucho menos, de 100 días) pueden ser causa de una metamorfosis en el sistema: El ahorro en muchas áreas de la economía, que generará un “cochinito” bien dado para cubrir varias de las promesas. En distintos rubros se está jalando una buena cantidad de cientos de millones de pesos, por no decir miles.

La otra, el aspecto de la seguridad. Ignorar en cierta forma la actividad de los grupos del crimen organizado (sin mantener totalmente los brazos cruzados, como lo está haciendo ahora el Gobierno federal con el cártel de Santa Rosa de Lima, Guanajuato) lo va orillando a un arrinconamiento, a permanecer fuera de la esfera social pública (“la vieja escuela”, mencionaron por ahí en alguna narco-manta).

En este caso, el comercio-negocio no se erradica por completo, pero se restringe a una periferia. Los crímenes dejan de ser muestra de poder o de presencia. De pasada no estaría mal entrarle también al crimen no organizado o medio organizado, el de los delitos del fuero común, porque en la Ciudad de México como que la Jefa de Gobierno, Claudia Sehinbaum, pide a gritos una manita. Los asaltos y ejecuciones están desatados.

La combinación de estas estrategias, bastante inusuales en los gobiernos recientes, como hacerse de recursos desollando dependencias, organismos, partidos; aplicar en serio la no apología del delito, pero, además (si realmente se hace), aplicando programas sociales contra la pobreza y marginación, los resultados, dude quien lo dude, estarán a la vista.

En todo caso, sin embargo, estamos hablando, necesariamente, no de 100 días, sino, en el mediano plazo, como dijimos, mínimo un año.

En ese orden, está trazado por ahora lo que podrá ser el cúmulo de resultados positivos, negativos o avances medios en la gestión de López Obrador.

 

LAS DEPENDENCIAS Y SU REORDENAMIENTO

El jueves pasado, Manuel Bartlett Díaz, director de la Comisión Federal de Electricidad, dijo que ha cumplido al pie de la letra las recomendaciones del Presidente de la República en cuanto al “rescate” de la dependencia.

“Yo creo que sí pasé el examen”, expresó en el día 97 de la administración.

“Hemos dicho que las finanzas de la CFE las dejaron bamboleando, con una deuda enorme, con problemas muy serios. Esa es la herencia que traemos.
“Precisamente, las instrucciones del Presidente son rescatar la CFE, revisar la cuestión financiera y generar energía, que es lo que ha dicho permanentemente, y eso es lo que estamos haciendo”.

Creo, y no pienso que tenga vuelta de hoja, que Bartlett todavía no puede ser evaluado.

Ni siquiera a los 200 días. Vaya, en cuestión energética, la CFE o Pemex podrán hacer ajustes o malabares, o incluso ni eso, y reducir el costo de los productos al público, lo que dista todavía mucho de un saneamiento financiero, generar energía o rescatar, si eso es cierto, cualquiera de las dos dependencias.

El ejemplo de Bartlett y la CFE caen como anillo al dedo para hablar del resto de las dependencias federales en cuanto a resultados.

Vaya, quizá antes de poner los motores a toda máquina, deberán resolver lo de su mudanza al estado que les toque, según la descentralización propuesta por López Obrador. Cosa, por cierto, que las distraerá mucho.

Y hablemos de las más importantes o las más recurridas por el Presidente, Hacienda, Gobernación, Comunicaciones, Educación, Trabajo, Seguridad, Bienestar.

Los 100 primeros días de gobierno no les ha servido ni para acomodar bien la silla.

En días pasados, el Ejecutivo mencionaba que ya se está recaudando más. ¿Más qué?

Cualquier afirmación en ese sentido sólo obedece a un disfraz de eficacia que todavía es imposible verificar.

Gobernación, la anterior súper-Secretaría, reducida a nada, tiene tantos pendientes que apenas irá en la idea de por dónde empezar. Tan sólo en dos de los temas que por ahí le dejaron, como derechos humanos y migración, no sabemos si está igual o peor.

Comunicaciones y Transportes, su fuerte es la infraestructura. Va para largo.

Educación, que venga la contrarreforma, apapachar a la CNTE, sobrellevar al SNTE. Y los frutos del nuevo proyecto educativo, al corto plazo, ni sus sombras.

Trabajo, las huelgas en Matamoros, Walmart y otra decena por ahí no terminan de dar el puntaje a la titular de la dependencia, Luisa María Alcalde.

Bienestar, lo mismo. Por mucho que la entrega de dinero en la mano a todo mundo no resuelve nada. A nadie saca de la pobreza. No soluciona un problema de décadas. Sí, los programas a mediano y largo plazo que involucran la capacidad y el desarrollo de los ciudadanos.

Pero todo es un laberinto. Todo tiene que ver. Lo social con lo educativo, con la seguridad, los impuestos, el control de precios. La ecuación del triunfo como gobierno no está tan sencilla.

 

TERCER MENSAJE CONTRA EL ‘NEOLIBERALISMO’

Sin duda, después del 1 de julio del 2018 y el pasado 1 de diciembre, éste será el tercer mensaje en el que Andrés Manuel López Obrador tome por el cuello a los “neoliberales” y compañía, es decir, a los “conservadores”, los “fifís”, los “abyectos”.

Porque 100 días no son suficientes para izar la bandera del triunfalismo.

Entonces lo que el Presidente seguramente hará este lunes será dar un repaso, cambiando un poco el tiempo verbal, de los que fue su aparatosa victoria electoral.

A lo más, decir que las bases de su estrategia de gobierno caminan a pesar de tantas controversias, errores, resbalones, reversas, extravagancias, confrontaciones, por decir lo menos.

La referencia de 100 días, 100 dudas, es quizá lo que mejor encuadra en el arranque de un gobierno que, hay que reconocerlo, ha puesto todo el esfuerzo en convencer que por la Transformación hará hasta lo imposible, pero que precisamente en esa línea la dificultad es doble.

Vaya, cambiar los hábitos de gobierno, como se les tilde, pero empecemos por “neoliberales”, no es cuestión de enchílame otra. Hay quienes hablan de generaciones, otros de sexenios. López Obrador habla de años, pero este lunes querrá convencernos de que en días (100) México es otro.

Hablo de dudas, ya se enumeraron algunas, pero hay muchas otras, algunas quizá que ni siquiera se me ocurran aquí, y rebasan las 100.

Ampliemos en otras. Por ejemplo, no simplemente sobre cuál será la actuación y el resultado de la Guardia Nacional, sino cómo se abordarán las leyes secundarias pendientes para concluir su perfil.

¿Funcionará el triduo de aeropuertos?, ¿bajarán los precios de combustibles?, ¿cuál será el estatus de la economía, de la Bolsa, del peso?, ¿cuál la relación con organismos financieros, con los bancos?, ¿cómo funcionará nuestra relación diplomática, económica y política con el mundo, partiendo de la base Venezuela?, ¿realmente produciremos más petróleo; funcionará ‘Dos Bocas’?, ¿funcionará la descentralización burocrática?

Hasta ahora, mucho queda en simples proyectos.

En toda esta idea “innovadora” de gobierno, de la que no sabemos cómo definirla porque ni es de Izquierda, ni es de Derecha, sino todo lo contrario; pero tampoco demócrata social o semi-religiosa, hay un desplazamiento visible de los grupos de la sociedad.

El llevado y traído empoderamiento de los ciudadanos ha quedado, hasta ahora, en un trazo de futuro empoderamiento de un solo partido, bajo un puñado de consignas unilaterales.

Eso sí, si el laberinto se desdobla y los integrantes de este gobierno se encuentran y reencuentran, que la oposición, sobre todo el PAN, el PRI y el PRD, pongan a remojar no sólo sus barbas.

Porque de todo este laberinto, de toda esta melcocha de “innovaciones”, algo bueno ha de salir. Y lo que hoy asusta a muchos, en el mediano y largo plazo, insisto, podrá sorprender.

La comparación áspera: 100 días, ¿100 dudas?

 

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@RobertoCZga

 

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