De cuando la lepra dio paso a la educación en Rapa Nui

De acuerdo con estudios médicos consultados, la lepra llegó a Rapa Nui (Isla de Pascua) en 1889, probablemente por tres personas que llegaron contagiadas desde Tahití, aunque otras versiones señalan que fue un año antes, cuando Policarpo Toro tomó posesión de la isla a nombre de Chile

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Rapa Nui, el lugar poblado más alejado del planeta, fue por décadas estigmatizada por la lepra, enfermedad que con el paso de los años fue erradicada, lo que permitió que el antiguo leprosario de la isla se convirtiera en un centro educacional.

De acuerdo con estudios médicos consultados, la lepra llegó a Rapa Nui (Isla de Pascua) en 1889, probablemente por tres personas que llegaron contagiadas desde Tahití, aunque otras versiones señalan que fue un año antes, cuando Policarpo Toro tomó posesión de la isla a nombre de Chile.


Debido a la presencia de la enfermedad, las autoridades chilenas prohibieron a los isleños por varias décadas salir de su territorio, aunque hacia 1916 sólo cinco habían sido diagnosticados con lepra, mientras que otros cuatro casos eran “dudosos”.

Con el paso de los años, no obstante, los enfermos de lepra aumentaron y relatos históricos refieren que hacia 1916 ya se había contagiado al menos 10 por ciento de la población, algunos de cuyos integrantes vivían en cuevas, marginados de los demás.

De acuerdo con las mismas fuentes, sólo a partir de 1917 se tomaron medidas para controlar la enfermedad. Éstas comenzaron por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la isla, distante tres mil 700 kilómetros del continente americano.

Además, se construyó un leprosario para albergar a los enfermos, aislarlos y evitar que contagiaran al resto de la población de Rapa Nui, que en 1950 estaba constituida por 750 nativos y 30 continentales, además de 35 enfermos de lepra.

La calidad de vida al interior del recinto sanitario fue deplorable por muchos años, con enfermos que fueron obligados a tomar medicamentos para animales e incluso con casos de personas sanas que fueron encerradas en el sitio a modo de castigo.

Una de las formas para detectar la lepra era pedirle a la persona sospechosa que estirara lo más posible los dedos de sus manos. Un fracaso en esta sencilla prueba era síntoma de la presencia de la enfermedad y el enfermo o presunto enfermo era encerrado en el leprosario, que llegó a tener 60 personas internadas.

El lugar, de unas 20 hectáreas, fue aislado por las autoridades con cierres perimetrales y una guardia armada en la entrada, con enfermos que eran cuidados por religiosas y que obtenían sus alimentos de algunos cultivos y los envíos que hacían sus familiares.

Fue hasta 1968 cuando las autoridades chilenas permitieron a los isleños salir de Rapa Nui, dos años después que los habitantes de esta isla obtuvieran la calidad de ciudadanos de este país sudamericano.

El leprosario, que se ubicaba en las afueras de Hanga Roa, fue reemplazado en la década de los 70 por un sanatorio que funcionó hasta 1992, cuando los últimos tres enfermos de lepra fueron dados de alta.

Este año murió María Auxilia Hereveri Pakomio, a los 89 años de edad, quien era la última paciente viva que permaneció en el leprosario, al que ingresó con sólo ocho años de edad. Se desconoce si estaba enferma al ser internada o si se contagió al interior del lugar.

La amarga y triste historia de la lepra quedó atrás en Rapa Nui y hoy los terrenos que albergaron al centro médico están ocupados por la Aldea Educativa Hona’a o te Mana (“Nido de conocimiento”), un liceo donde los jóvenes cursan sus estudios secundarios y las especialidades técnicas de agropecuaria y turismo.

El 95 por ciento de los alumnos que asisten al liceo son rapanui, poseen una asignatura relacionada con la cultura de la isla que es obligatoria, tiene 14 aulas y su construcción está inspirada en Orongo, un lugar ceremonial de la isla.

Son los propios alumnos de turismo los que guían a los visitantes por algunos rincones de lo que fue el leprosario-sanatorio, incluidos muros de piedra considerados parte de las construcciones más antiguas de la isla que se mantienen en pie y que datan de entre 1905 y 1910.

Según relatos de monseñor Rafael Edwards, quien visitó Rapa Nui en 1916, en esta construcción de piedra ubicada al final de un sendero se habrían refugiado los leprosos, algunos de los cuales incluso buscaron en algún momento escapar de la isla en una balsa que terminó por hundirse en el Pacífico.

El alcalde de Rapa Nui, Pedro Edmunds Paoa, dijo a periodistas que en 1964 llegó una misión de médicos canadienses, que determinaron que la isla fuera declarada libre de lepra y se medicara a las personas que tenían secuelas.

Recordó que “muchos niños fueron internados en el leprosario luego que se hicieran rasmilladuras (heridas superficiales sin gravedad) en los codos o en las rodillas. Ellos eran vistos por enfermeros, quienes veían las heridas y decían que era lepra, pero finalmente muchos niños se contagiaron acá con los verdaderos enfermos”.

“Un primo mío que tuvo lepra y que murió a los 61 años me contaba que para comer iban a punta y codo, porque no tenían piernas, a la orilla del mar. Ahí agitaban en el agua restos de animales muertos, como vacas u ovejas, para cazar tiburones y poder comer”, manifestó.

Cerrado el leprosario-sanatorio, y con escasez de recintos educacionales en la isla, la municipalidad gestionó con el Estado la entrega del terreno, lo que permitió construir la Aldea Educativa en un lugar que en el pasado concentró mucho sufrimiento y dolor y que en la actualidad está lleno de risas, optimismo y futuro.

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