Amor de Dios es herencia del cristiano, resalta el Papa en misa en Rabat

Ante unas 10 mil personas congregadas en el complejo deportivo, el Pontífice profundizó este domingo en su homilía sobre la parábola del Hijo Pródigo, subrayando que si miramos a los demás con el corazón de Dios, podremos ver a los demás como hermanos y no como enemigos.

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El Papa Francisco resaltó hoy que el amor de Dios es la herencia del cristiano durante la celebración de la Santa Misa en el estadio deportivo Príncipe Moulay Abdellah de esta capital, en la última jornada de su viaje apostólico a Marruecos, el número 28 de su Pontificado.

Ante unas 10 mil personas congregadas en el complejo deportivo, el Pontífice profundizó este domingo en su homilía sobre la parábola del Hijo Pródigo, subrayando que si miramos a los demás con el corazón de Dios, podremos ver a los demás como hermanos y no como enemigos.

En el marco del cuarto domingo de Cuaresma, Francisco recordó la alegría con la que el padre recibe al hijo “esperado y añorado” a quien abraza y organiza una fiesta para celebrar su regreso y la irritación y cólera que despierta en su otro hijo, quien no puede entender a su progenitor, ya que considera que su hermano “no es digno ni merecedor de tal perdón”.

En este sentido, el sucesor de Pedro dijo que son muchas las circunstancias que pueden alimentar la división y la confrontación, ya que “siempre nos amenaza la tentación de creer en el odio y la venganza como formas legítimas de brindar justicia de manera rápida y eficaz”.

No obstante, el Papa Francisco señaló que lo único que logran estos sentimientos “es matar el alma de nuestros pueblos, envenenar la esperanza de nuestros hijos, destruir y llevarse consigo todo lo que amamos”, según un reporte de la agencia Vatican News.

“Por eso Jesús nos invita a mirar y contemplar el corazón del Padre. Sólo desde ahí podremos redescubrirnos como hermanos, sólo si cada día somos capaces de levantar los ojos al cielo y decir “Padre nuestro” podremos entrar en una dinámica que nos posibilite mirar y arriesgarnos a vivir no como enemigos sino como hermanos.

Asimismo, el Obispo de Roma hizo hincapié en la frase con la que el padre contesta a los reproches de su hijo mayor, celoso de su hermano: “Todo lo mío es tuyo”, no se refiere tan sólo a los bienes materiales sino a ser partícipes también de su mismo amor y compasión.

Explicó que esa es precisamente la mayor herencia y riqueza del cristiano; “porque en vez de medirnos o clasificarnos por una condición moral, social, étnica o religiosa podemos reconocer que existe otra condición que nadie podrá borrar ni aniquilar ya que es puro regalo: la condición de hijos amados, esperados y celebrados por el Padre”.

El pontífice exhortó a no caer en la tentación de reducir nuestra pertenencia de hijos a una cuestión de leyes y prohibiciones, de deberes y cumplimientos: “nuestra pertenencia y nuestra misión no nacerá de voluntarismos, legalismos, relativismos o integrismos sino de personas creyentes que implorarán cada día con humildad y constancia.

El Papa concluyó su homilía agradeciendo a los cristianos en Marruecos por el modo en que dan testimonio del Evangelio de la misericordia en estas tierras: “gracias por los esfuerzos realizados para que sus comunidades sean oasis de misericordia”.

“Los animo y aliento a seguir haciendo crecer la cultura de la misericordia, una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea su sufrimiento. Sigan cerca de los pequeños y de los pobres, de los que son rechazados, abandonados e ignorados, sigan siendo signo del abrazo y del corazón del Padre”, dijo.

En su encuentro previo con los sacerdotes, religiosos, consagrados y el Consejo Ecuménico de las Iglesias en la catedral de Rabat, el Papa destacó que una comunidad cristiana pequeña, como la de Marruecos, no tiene por qué ser insignificante, siempre que sea fiel al Evangelio.

“El problema no es ser pocos, sino ser insignificantes, convertirse en una sal que ya no tiene sabor de Evangelio, o en una luz que ya no ilumina”, subrayó el líder de la Iglesia Católica e insistió en que “somos cristianos porque hemos sido amados y encontrados, y no gracias al proselitismo”.

El Papa se remitió a la parábola evangélica del grano de levadura para afirmar que la comunidad cristiana de Marruecos “es semejante a un poco de levadura que la madre Iglesia quiere mezclar con una gran cantidad de harina, hasta que toda la masa fermente”.

La razón, explicó, es que “Jesús no nos ha elegido y enviado para que seamos los más numerosos. Nos ha llamado para una misión. Nos ha puesto en la sociedad como esa pequeña cantidad de levadura: la levadura de las bienaventuranzas y el amor fraterno donde todos como cristianos nos podemos encontrar para que su Reino se haga presente”.

El Papa Francisco arrancó esta mañana el segundo y último día de su viaje papal a Marruecos con una visita al Centro Rural de Servicios Sociales de la ciudad costera de Temara, situada a 20 kilómetros de Rabat, gestionado por la Congregación de las Hijas de la Caridad.

El Centro ofrece diferentes servicios a la población, como alfabetización para adultos, apoyo escolástico para los más pequeños, comedores escolares, guarderías para niños de entre dos y siete años, ayuda psicológica y atención médica a los más necesitados.

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