‘En chino’ solución a conflicto comercial entre EU y gigante asiático

Demandas de línea dura que el gobierno del presidente Donald Trump puso sobre la mesa podrían dificultarla aún más

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BEIJING.- Las demandas de línea dura que el gobierno de Estados Unidos entregó a China podrían dificultar, aún más, la resolución de un conflicto comercial entre las dos economías más grandes del mundo, indicaron analistas.

La insistencia de Washington de que Beijing reduzca el enorme déficit comercial de Estados Unidos con China, en 200 mil millones de dólares, para fines de 2020, entre otras demandas, es más probable que aumente las tensiones que calmarlas.

El objetivo de las demandas es que China abandone las políticas que favorecen a las empresas nacionales, especialmente en una rivalidad estratégica con Estados Unidos en el sector de tecnología, que Beijing considera fundamentales para su modelo económico impulsado por el Estado, y vitales para su crecimiento futuro.

Un editorial del Diario del Pueblo mencionó que Beijing estaba dispuesta a entablar discusiones que conllevaban beneficios para ambas partes, pero que no cedería a las tácticas de mano dura que dañan los intereses de China.

“Frente a la feroz ofensiva del proteccionismo de Estados Unidos, China defiende resueltamente su interés nacional”, señaló.

El gobierno chino, acotó, “nunca cambiará sus intereses principales y rechaza la demanda estadOunidense (por ser) exorbitante”.

Un funcionario estadounidense confirmó la autenticidad de un documento que describe las prioridades de Estados Unidos que presentó a China antes de los dos días de conversaciones comerciales que finalizaron el pasado viernes.

En Washington, el presidente Donald Trump dijo: “Tenemos que lograr la equidad en el comercio entre Estados Unidos y China, y haremos eso”.

Trump había hecho campaña por la presidencia con la promesa de reducir el déficit comercial de Estados Unidos con China, que ascendió el año pasado a 337 mil millones en bienes y servicios.

La intensificación de la disputa comercial entre Estados Unidos y China ha sacudido a los mercados financieros durante semanas.

En marzo, la administración Trump impuso aranceles al acero y aluminio importados.

Por su parte, China impuso aranceles a una gama de productos estadounidenses, incluidos el bourbon y pantalones de mezclilla (blue jeans).

Una pelea aún más importante se cierne sobre las acusaciones estadounidenses de que China roba tecnología y obliga a las compañías de la Unión Americana a entregar secretos comerciales a cambio de acceder al mercado chino.

Estados Unidos está considerando imponer aranceles de hasta en 150 mil millones de dólares a las importaciones chinas y Beijing ha respondido con aranceles por 50 mil millones de dólares en productos estadounidenses, incluyendo soja y aviones pequeños.

Buscando evitar una guerra comercial, Estados Unidos envió, esta semana, una delegación de alto nivel a Beijing, encabezada por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin .

La misión incluyó el secretario de Comercio, Wilbur Ross, Comercial, Robert Lighthizer, y a Peter Navarro, consejero comercial de la Casa Blanca y crítico de línea dura de las políticas chinas.

Luego de que terminaran las conversaciones, el Ministerio de Comercio de China indicó que las dos partes acordaron establecer un mecanismo para tratar de resolver su disputa, aunque persisten las diferencias.

El informe no dio detalles, lo que sugiere que se ha logrado poco progreso.

Estados Unidos entregó una “lista detallada de demandas”, declaró, desde Washington, Mark Calabria, consejero económico del vicepresidente Mike Pence, según declaraciones recogidas por la agencia financiera Bloomberg.

Washington quiere que los aranceles chinos sean del mismo nivel que los que impone Estados Unidos, según Calabria.

Asimismo, pide reducir en 100 mil millones de dólares el déficit en las relaciones comerciales con China, que en 2017 representaron un total de 375 mil millones de dólares, y espera obtener, además, una mayor apertura del mercado chino a sus productos.

Estados Unidos también quiere reforzar la protección de su propiedad intelectual y critica, en particular, las transferencias de tecnología “forzadas” que China impone a las compañías extranjeras que trabajan en el país.

La tecnología es uno de los puntos de mayor fricción entre ambas economías y Estados Unidos teme, en particular, al programa llamado “Made in China 2025” que considera un intento de dominar el sector a nivel mundial y que Wilbur Ross calificó de “aterrador”.

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