El sueño mágico del jardín escultórico de Edward James en Xilitla

    Esta escultura da la bienvenida al espacio que nació como un sueño para convertirse en un emblemático jardín, al que todo aquel que lo visita quiere regresa

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    La línea del corazón anuncia que tendrá muchos amantes; la línea de la cabeza habla de una imaginación ilimitada, mientras que el surco de la vida muestra su poder para cautivar. La lectura de la figura de las manos del jardín escultórico de Edward James, expresa todo lo que este lugar es.

    Delicadamente moldeada con un gris y frío concreto que ha sido seducido por la naturaleza, esta escultura da la bienvenida al espacio que nació como un sueño para convertirse en un emblemático jardín, al que todo aquel que lo visita quiere regresar, cautivado por el deseo de volver a experimentar su magia.

    El sitio conformado por más de 36 piezas entre esculturas, edificios y estructuras, como el cinematógrafo y la casa de tres pisos, se ha convertido en un símbolo del turismo no sólo del Pueblo Mágico de Xilitla, sino de San Luis Potosí, al recibir al año cerca de 100 mil visitantes, señaló Zaira Liñán Zorrilla, directora del recinto.

    Con la idea de encontrar un “Jardín del Edén”, Edward James, un millonario inglés que se encontraba de viaje por una carretera cercana a Xilitla, vislumbró el paraíso virgen que tanto buscaba, donde aves, insectos, flores y una imponente cascada, pasarían a formar parte del que buscaba convertir en su jardín privado.

    “Este lugar en la Huasteca Potosina fue diseñado por Edward James, él lo compró a finales de 1940 y lo empezó a hacer un jardín con orquídeas y flores exóticas de muchas partes del mundo, a finales de los años cincuenta”, apuntó.

    No obstante, la materialización de su sueño sería frustrada en un primer momento, debido a una helada que cayó en la zona en 1956 y la cual terminó con su producción de orquídeas, motivo por el cual el inglés tuvo que replantear de nuevo su ilusión.

    “En 1962 empieza a hacer esculturas de cemento mediante moldes de madera de pino que parecieran ser troncos de árbol, a reproducir hojas que hay en este sitio para hacerlas en concreto porque llegó a decir que si caía otra helada ya no iba a matar a sus plantas”, explicó Zaira.

    Inmediatamente, la ingeniosa mente del hombre que fue benefactor en los inicios de quienes se convertirían en grandes artistas como Salvador Dalí y Leonora Carrington, comenzó a bosquejar el espacio artístico y escultórico surrealista inspirado en las orquídeas y en la vegetación de la Huasteca Potosina.

    De acuerdo a información de la dirección del jardín, el Surrealismo es el movimiento artístico y literario que surgió en Europa en 1917, en donde el mundo de los sueños y el inconsciente, son considerados como fuentes para la creación.

    “Dicen que no existe la arquitectura surrealista, por eso se le dice arquitectura fantástica, pero la inspiración es tomada de muchas partes del mundo. Veía unas ventanas de una catedral que le gustaba, tomaba fotos y mandaba las postales y decía hay que hacer esto en Xilitla”, narró.

    ¿El resultado? Un mágico y a veces incomprensible espacio donde en nueve hectáreas de las 32 que en total tiene el lugar, se alzan esculturas, edificios y estructuras con un sinfín de formas extravagantes que han sabido converger con la belleza de la vegetación que ha coloreado su piel con la tonalidad de la vida, el verde.

    “En la entrada está la puerta redonda que le llaman el anillo de la reina, de ahí viene un pasillo que le llaman de los siete pecados capitales porque están las siete serpientes, pero también ahí están unas estructuras que les llaman hongos y dragones”, describió Zaira.

    Otra de las estructuras emblemáticas es el cinematógrafo, que pensada para la proyección de películas para los habitantes de Xilitla, es una torre desnuda que se alza airosa para comunicar a los visitantes que están a punto de experimentar el delirio y el deseo.

    Esto, debido a que Edward James decía que al mirar a través del arco era como tener una pantalla permanente hacia el magnífico jardín que había creado. Y no se equivocaba, la imagen que se aprecia desde este punto es tan irreal que los paisajes de los cuentos de hadas se quedan cortos.

    Caminar por el laberinto del jardín escultórico, nombrado en el 2012 como monumento artístico por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), es un ataque constante de dudas, sorpresas y locura. En el más recóndito espacio, puede aparecer una sorpresa.

    “La naturaleza crece aquí diario y con este clima que tenemos que es muy noble para que crezcan las plantas y los bambús, tenemos eso de que de repente dejas de ver una estructura y hacen el mantenimiento y aparece nuevamente”, mencionó la directora.

    Ejemplo de esto, es la oculta y pequeña escultura de una especie de lombriz que parece adentrarse a la tierra a un costado del camino que lleva a la famosa casa de tres pisos, en el que el visitante pasa de andar por una especie de pasillo sin paredes ni techo, a un espacio reducido en el que sólo cabe una persona.

    “En alguna de las cartas, Edward James dice que esa casa la construye porque lo iban a visitar sus amigos los Guinnes, una familia de Irlanda, entonces empieza a construir esa casa para recibirlos. Era prácticamente sin paredes para que se pudiera observar desde todos los ángulos la naturaleza”, detalló Zaira.

    Por otra parte, la locura y asombro generalizado de todo aquel que visita el jardín se debe a que la mayoría de las estructuras y edificios parecen inconclusos: sin paredes, sin pintura y sin nada en su interior. Esto tiene una explicación que concuerda con la personalidad poética e imaginativa de James.

    “Muchas de las estructuras, según lo que cuentan los trabajadores y la familia Gastelum, quienes eran sus amigos, es que se emocionaba en hacer una estructura, después se le venía otra idea a la mente y decían ¡paren, paren! ya no hagan eso ahora vamos a hacer otra cosa, entonces por eso las cosas se iban quedando inconclusas”, dijo.

    Lo irreal de la convergencia armónica entre las estructuras y la naturaleza es palpable en Las Pozas, lugar donde la imponente cascada de más de 10 metros, nutre los contenedores que su creador realizó a modo de pequeñas albercas que acompañan al espectacular quiosco que se encuentra al pie de la cascada.

    Edward James murió en 1984, año en que se suspendió definitivamente la construcción del que alguna vez fuera la ambición y el sueño de su vida. Sin embargo, aunque el espacio nunca fue pensado para ser abierto al público, en 1991 se da la oportunidad a la gente de adentrarse en él. En 2007 fue adquirido por una fundación privada.

    “Él dijo algo muy bonito, que él no hubiera podido lograr este jardín en otra parte del mundo, lo logró por la gente que estaba aquí”, detalló Zaira.

    Con esta afirmación, quizás por eso la escultura de las manos que parecieran querer salir de la tierra, porque quieren y necesitan, hacer saber a todo aquel que pase por ahí, que este jardín escultórico es un encuentro con la magia que deleita y provoca una adicción de siempre querer regresar.

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