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Durango, joya colonial

Esta ciudad conjuga edificios históricos, museos, plazas y parques. A sus alrededores, se asientan pueblos tradicionales y una majestuosa sierra

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La capital del estado de Durango es una valiosa muestra de la riqueza arquitectónica mexicana, legado de la época colonial. Sus construcciones –que delatan su relevancia histórica– adornan calles y plazas y albergan templos, museos, edificios gubernamentales, teatros y centros culturales.

Pero a Durango también lo caracterizan los pueblos que lo rodean, en los que parece que no pasa el tiempo, y su vasto entorno natural, con parques enclavados en la sierra, cascadas, lagos y reservas biológicas que resultan ideales para la práctica del ecoturismo.

Arquitectura duranguense: testigo de la historia

En esta ciudad es posible admirar una gran cantidad de edificaciones coloniales, barrocas y góticas. Algunas construcciones, como el Templo de San Agustín y el Palacio de Escárzaga, tienen una clara influencia francesa en su fachada.

La mayoría de los templos e iglesias se concentra en el corazón de la ciudad. La Catedral Basílica Menor, erigida en estilo barroco y con una portada de cantera ricamente adornada, es una de las obras arquitectónicas más bellas del norte del país. Cerca de la Catedral se encuentra el Templo de San Agustín, que destaca por su hermoso altar mayor.

Asimismo, los majestuosos palacios de Durango abren sus puertas a los visitantes. El Palacio de Zambrano, actualmente Palacio de Gobierno, alberga murales en su interior que ilustran las etapas históricas de la ciudad. El Palacio del Conde del Valle de Súchil, de acentuado estilo barroco y el Palacio de Escárzaga, de elegante estilo afrancesado, también pueden visitarse.

En el escenario del Teatro Ricardo Castro, también decorado en estilo francés, se llevan a cabo funciones de teatro, ópera, danza y conciertos musicales.

Opciones de cultura

Durango también cuenta con una amplia oferta de museos y centros culturales. Una casona del siglo XIX aloja el Museo Regional de Durango, donde, a lo largo de catorce salas, es posible conocer el desarrollo histórico de la región.

Por otra parte, el Museo de Arqueología exhibe objetos antiguos de las culturas que poblaron el territorio, mientras que el Museo de las Culturas Populares cuenta con una amplia colección de artesanías de los grupos tepehuano, huichol, tarahumara y mexicanero.

Otros museos son el Museo Interactivo de Durango (Bebelech), el Museo del Niño, el Museo de Minería y el Museo de Arte Moderno Guillermo Ceniceros.

Quienes deseen relajarse o caminar entre árboles, fuentes y exposiciones fotográficas, pueden visitar alguno de los corredores que existen en la ciudad, como el Corredor Constitución y Las Alamedas.

Las plazas duranguenses, símbolo de identidad

Dos son las principales plazas en la ciudad: la Plaza de Armas y la Plaza IV Centenario.

La Plaza de Armas se rodea por la Catedral y edificios de grandes ventanales y balcones; aquí, los citadinos acuden a descansar en una banca, ver pasar a la gente y reunirse con familiares o amigos.

En la Plaza IV Centenario se encuentran edificios de gran importancia: el Palacio de Gobierno, el Congreso del Estado, y el Tribunal Superior de Justicia.

Pueblos encantadores, bosques y cascadas

A unos cuantos kilómetros de la ciudad se asientan dos fascinantes pueblos cuyas fachadas recuerdan al viejo oeste: Villas del Oeste y Chupaderos.

Estos poblados han servido como set de numerosas películas de género “Western”; asimismo, por las tardes en sus salones se presentan espectáculos de baile cancán y recreaciones de peleas entre cowboys y sheriffs.

Quienes busquen practicar ecoturismo se deleitarán con todas las opciones que Durango ofrece. El Zoológico Sahuatoba permite admirar una gran variedad de animales exóticos en un ambiente que iguala al natural; por otra parte, Cuchillas es un excelente lugar para descansar en sus áreas verdes que cuentan con más de 200 árboles.

Otra opción es rentar una cabaña en la Sierra Madre Occidental, donde, además de tener una vista privilegiada de la sierra, es posible realizar actividades como cacería, pesca, caminatas y rapel.

En los parajes naturales El Tecuán y Mexiquillo, laderas escarpadas, arroyos y formaciones rocosas conforman un paisaje de excepcional belleza. En Mexiquillo se encuentra el Jardín de Piedras, con piedras de peculiares formas y una cascada de unos 30 m de altura.

El Espinazo del Diablo, un camino que transcurre entre montañas y barrancas, ofrece un maravilloso espectáculo de la Sierra Madre Occidental.

De la cocina a la mesa

Los ingredientes protagonistas de la gastronomía duranguense –una mezcla afortunada de sabores dulces y picantes– son la carne seca, el chile “pasado” (tostado y secado al sol) y el comino.

Aunque existe una gran variedad de platillos tradicionales, destaca uno por su gran sabor y aceptación entre los habitantes de la ciudad: el caldillo durangueño. Se prepara en una cazuela de barro y contiene carne seca o fresca, chiles asados, tomates y comino; se acompaña con tortillas de maíz.

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