Médico en tu Casa, programa que lleva salud hasta el último rincón de la capital

Este día, del Centro de Salud de esa localidad partió una camioneta del programa a visitar a un menor de 10 años que sufrió una parálisis flácida

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Las historias que viven todos los días los protagonistas del programa El Médico en tu Casa, en la Ciudad de México, son capaces de arrancar sonrisas, de reflejar el amor al prójimo o, en cambio, de revolotear en la cabeza cuando se duerme.

Sus brigadas han visitado más de 2.8 millones de viviendas de sectores vulnerables y han atendido a más de 264 mil personas, desde que se implementó por parte del Gobierno de la Ciudad de México en septiembre de 2014.

En Santa Ana Tlatocenco, Milpa Alta, tras un camino de subidas y bajadas, de cerros, de caminos sinuosos y de casas de madera y lámina, llega la brigada, encabezada por Teresa López, representante del programa en la zona centro de la capital.

Poco a poco se quedó atrás la mancha de concreto y comenzaron a aparecer las nopaleras, cada vez con mayor frecuencia, e incluso el transporte público desaparece.

Alejandra Pérez Prado, encargada del programa en el poblado de Santa Ana Tlatocenco, explicó que El Médico en tú Casa atiende población vulnerable; personas con alguna discapacidad; adultos mayores; y demás habitantes que no pueden trasladarse hacia el centro de salud, viven en situación de abandono, o son pacientes terminales.

Este día, del Centro de Salud de esa localidad partió una camioneta del programa a visitar a un menor de 10 años que sufrió una parálisis flácida que le ocasionó una debilidad muscular y por mucho tiempo estuvo en el hospital.

La situación empeoró cuando por una caída se fracturó la pierna. El niño se recupera bastante bien, dice, pero aún está la secuela motriz.

Básicamente, se le da actualmente rehabilitación para que vuelva a su vida normal. Los pronósticos auguran que será al 100 por ciento.

Acompañada por Nayely, una enfermera, el chofer, la representante de la zona centro y por Notimex, la galena se dirige hacia el hogar de Leonardo Medina Plazas. Hablan de los perros que a veces las amenazan con morderlas.

Una dice a la otra que lo mire fijo para que se espante y no les haga daño. La otra le responde que un canino mordió precisamente ese día a un compañero en otro poblado.

Antes andaban a pie estos caminos, pero ahora van en camioneta, porque llegó en febrero la unidad.

Leonardo festeja su regreso a clases. En su humilde cuarto lo cuida su hermana, quien dice que se turna con su mamá para ser su enfermera.

Extraña a sus compañeritos, tiene la mochila lista y es nueva. “Voy a ser médico para cuidar a las personas”, asegura. Camina, pero todavía con pasos inseguros.

Qué importa el mañana. Hoy está aquí con su sonrisa y sus ojos buenos, con sus ganas de comerse el mundo de dos mordidas.

En otra casa, Aranda Argüelles Clara es revisada por la doctora. Sus signos vitales. Sus ojos. Preguntas médicas. Su esposo la escolta. No va al Centro porque no puede caminar, no ve bien. Por esta casa, ni los camiones pasan. Entonces, salir implica llamar a un taxi.

“Soy diabética, hipertensa. Yo no veo bien. Mi esposo camina poco, pues…”, dice mientras un perico no para de graznar.

Para Leonardo y Aranda, El Médico en tú Casa representa la posibilidad de tener un seguimiento médico, de sentirse acompañados y más seguros en cuanto a su bienestar físico.

-¿Cómo se hacen de sus pacientes?

“A veces vienen los familiares, en general vamos casa por casa, preguntando por la salud de la gente. Los detectamos en las pláticas”.

Otro caso se encuentra cerca de ahí. “Se trata de dos hermanos ciegos de nacimiento. Sus papás los mantuvieron escondidos siempre. Tienen hermanos, ya son grandes”.

Difícilmente han dejado que entremos a verificar su salud. “Desconfían de todos. Ella tiene uva voz que congela la piel… Igual, ahí vamos y seguimos tratando de convencerlos de hablar con la psicóloga o el odontólogo”, comentaron las enfermeras.

También está el caso de Ana. Es una niña que nació enferma. Su mamá la hizo un lado. Su abuela la atendía. Un día le dio neumonía y pues fue el tiro de gracia. Mientras agonizaba, la mamá hacía los preparativos para festejar a otra niña menor que estaba sana. Pero un día le dio por sentarse a hablar con ella, le pidió perdón, al otro día falleció.

También, comentó la enfermera, “había una señora que tenía enfermo a su esposo. Tenía cáncer en los huesos. Le llevábamos su medicina y la tratábamos de convencer para que no le faltaran sus medicamentos”.

“Pero ella no se los quería dar, porque la había maltratado mucho. En un momento dado, el hombre dejó de gritar, seguro de que ya ni eso podía hacer. Ella decía que para qué darle los medicamentos, que ya estaba mejor…ni gritaba”, recordó.

La medicina es un trabajo duro, porque estas son las situaciones que viven quienes decidieron ver por la salud de los demás. “Es muy frecuente que tengamos que preparar a las familias para situaciones de duelo, porque vemos a enfermos terminales y a personas ya muy grandes”.

El éxito del programa ha llevado a que el gobierno de la Ciudad de México firmó convenios de colaboración con 11 estados del país, además de igual número de países como Colombia, Cuba, Ucrania, Panamá, Brasil, Lituania, Guatemala. Uruguay y Argentina, por ejemplo.

Si bien es imposible saber qué cargan sus corazones, con qué ánimo llegan a sus casas, lo cierto es que, pese a todo, las brigadas de El Médico en tu Casa están listas para visitar a sus pacientes hasta el último rincón de la capital del país.

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