Feministas no entienden y hacen enojar a AMLO

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Parece que las feministas al fin entendieron que la gran preocupación del Presidente López Obrador sobre los feminicidios es que no le pinten las puertas del Palacio Nacional para que sus visitantes distinguidos, como los empresarios que invierten en cachitos de lotería, no encuentren sucia su casa.

Esta mañana las feministas una vez más causaron la molestia presidencial porque llegaron hasta el Palacio Nacional a protestar por la mala actuación de las autoridades judiciales de la Ciudad de México en torno a las investigaciones del asesinato de la niña Fátima que ha conmocionado a los capitalinos, no sólo al género femenino.

El Presidente no se molestó solo con las feministas que perturbaron su conferencia de prensa mañanera, sino que de nueva cuenta la emprendió contra la prensa que ahora no le mereció calificativos de conservadora y fifí, porque ahora le endilgó uno mejor: “zopilotera”.

Y todo porque la prensa ha cumplido su obligación: dar seguimiento completo al caso exhibiendo la torpeza de las autoridades y las recomendaciones presidenciales para evitar estos crímenes atroces que parece pronunciados por un cura de pueblo.

Para López Obrador crímenes como el de Fátima no ocurrirán en el futuro porque su gobierno está trabajando en el bienestar material y del alma, y quizás porque supone, como Martí Batres, que son consecuencia del régimen neoliberal.

Desde donde se le vea, pese a las buenas intenciones producto de la bondad que caracteriza a los gobernantes de la Cuarta Transformación, la verdad es que no pueden con la inseguridad.

Cuando los mexicanos gocemos de bienestar material y del alma, López Obrador será historia, buena o mala, pero historia al fin. Hoy es realidad inocultable por lo menos para las feministas que sienten que las mujeres están desprotegidas.
Para estos asuntos las prédicas desde el primer púlpito del país, cargar culpas a los gobernantes del pasado y recomendar no pintar las puertas del Palacio Nacional, de nada sirven.

Se requieren resultados y no sólo presumir lo bonito que están quedando los cuarteles de la Guardia Nacional.

Por cierto, cuidado, no vaya a ser que a las feministas les de por pintarles las puertas.

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