Mala Vibra, irreverente y milenario

Sin duda alguna el DJ ecuatoriano es el creador del género electro-ancestro

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La fusión de lo ancestral y la modernidad convergen y difuminan el tiempo que se reinventa entre la unión de sonidos evocados por los bombos, charangos, flautas de caña; instrumentos autóctonos de los Andes ecuatorianos y los beats electrónicos que son el alimento del alma musical de Edwin Méndez, DJ y productor musical que gusta llamarse Mala Vibra, por aquello de preservar su genuina irreverencia por la vida.

Mala Vibra visitó las instalaciones de IMPACTO, El Diario, para hablar de su género electro-ancestro por la gira que realiza por América Latina.

La verdad fue una experiencia fantástica encontrarse con un amante de la esencia de la naturaleza y sus enigmas, que se conjugan con su música y su ávida necesidad de mostrársela al mundo.

Mala Vibra es un irreverente de la vida, pero su alma musical y su buen corazón nos transporta a un paraíso musical que, como se dijo en la plática, debería llamarse Buena Vibra por todo lo que transmite.

Pero bueno, ya entrados en materia, iniciamos la entrevista con el DJ que viene de Ecuador en gira promocional por suelo azteca.

—¿Quién es Mala Vibra?

“Llevo diez años haciendo música, desde que tengo uso de razón nací para la música, nací para cantar, para tocar; he tenido varias propuestas musicales anteriores, pero ahora Mala Vibra en esencia es música electrónica entre deep house y la música andina con sonidos ancestrales de las regiones del Ecuador.

—¿De dónde viene Mala Vibra?

“De la sierra ecuatoriana que es de donde vengo yo. Mi familia es de una provincia de Cañar y yo soy de la Ciudad de Cuenca”.

—¿Nombre real?

“Edwin Méndez, no me gusta mucho, te digo la verdad; me gusta más ser Mala Vibra”.

—Eres joven, ¿cuándo nació Edwin?

“El 29 de diciembre de 1991”.

—Las influencias musicales son genuinas, ¿cómo las has conservado al paso del tiempo?

“Siempre he tenido la influencia de la música nativa, de la música andina, creo mucho en la música que manejan mis abuelos, mis ancestros; creo en la cosmovisión de los pueblos de los cuales me siento parte, son mi  naturaleza”.

—¿La esencia natural pesa más en tu música que la tecnología?

“Sí, por el hecho de creer en la energía que tienen las montañas. El conocimiento de que el ser humano está  conectado con la naturaleza y con el cosmos, creó en ello y la música siempre ha sido una herramienta esencial para esto”.

—Mezclas lo moderno con lo antiguo; los dos elementos ya estaban ahí, ¿cómo surgió?

“Yo estoy convencido de que la música ceremonial es para sanar el cuerpo, sanar la mente y con la música electrónica necesitaba hacer algo completamente único”.

—¿Eres original o ya existía este concepto?

“Es auténticamente mío, completamente mío; porque yo encontré ese punto de convergencia, es un espacio que yo cree. Mi música es muy criticada porque se sale de los lineamientos de la música electrónica y de la música ancestral”.

—La combinación es perfecta… ¿Difícil de asimilar?

“Sí, al final lo es. La gente que escucha mí música, mis promotores me decían ‘no puedes cantar tanto en la música electrónica, no puedes darle tanta lírica’ y yo decía ‘claro que puedo meter oraciones largas’ que decían mis abuelos, porque la música es libertad. Puedo meterme y romper la línea del tiempo y puedo integrar los tambores que yo quiera.

“En la música lo importante es que yo me sienta identificado para que yo lo pueda sentir como un ritual y así sea capaz de llegar a muchas más personas. Con la música electrónica se alcanza a públicos variados y estoy llegando a mucho más jóvenes, porque mi música lleva la fuerza necesaria”.

—¿Cuándo se da esa conexión?

“Cuando empiezo a tocar e invoco la energía de los ancestros, del bosque, el fuego, viento, de los muertos y los espíritus arranca todo; La música se vuelve en una ceremonia, sueno las semillas, sueño las bocinas y la gente se conecta y yo me siento satisfecho”.

—¿La mercadotecnia queda de lado?

“Estoy haciendo música electro-ancestral, en lo comercial mi música está en el deep house, latin house, pero yo la considero música electro-ancestro, creo que lo que estoy haciendo es único, lo estoy haciendo con sinceridad, por eso estoy aquí en México y me voy a Chile, Argentina y sí es necesaria la mercadotecnia. Traigo toda la energía de los Andes, toda la fuerza que puse al hacer este disco”.

—En las plataformas digitales sorprendes; va jalando, ya llevas un millón trescientos mil vistas.

“Sí, a la primera semana llevaba 100 mil visitas, después de cuatro semanas tenía un millón de visitas y gané un premio. Me sentí muy satisfecho porque la gente del mundo se conecta, fue un boom y cada vez conocen más el tema”.

—¿Nunca te había pasado esto, sentir el éxito?

“La verdad, te soy bien sincero, no. Tengo tres sencillos publicados en YouTube, pero en esta ocasión la respuesta ha sido buenísima, y es que la música la puedes bailar y escuchar, además de que te sirve para relajarte y conectarte con la naturaleza”.

—¿Estás satisfecho del camino recorrido?

“Me siento muy satisfecho, mi música ha tenido muy buena acogida. Logramos trascender entre la música ritual, la música de los Andes, la música de los pueblos desaparecidos. Aquí en México hay muchas civilizaciones que han desaparecido, pero igual su legado está ahí”.

“Llevo diez años haciendo música de forma profesional, me he llevado muchos galardones, mucha critica buena así como mala. Como productor y DJ llevo dos años y anteriormente también hice música ancestral, el camino es todavía largo”.

—¿Consideras que tu música trasciende a lo espiritual?

“Por supuesto, todos los pueblos prehispánicos tenían mucho en común, todos los pueblos creían que existía una vida después de la muerte. En mi tierra todas las civilizaciones que existieron como los incas, creían en las deidades del sol, la fortaleza de la luna, la serpiente y aquí también los mayas, aztecas; también ellos creían en lo mismo. A pesar de que antes no había canales de comunicación, la espiritualidad era compartida.

“Pese a la llegada de los españoles que nos conquistaron y nos quitaron nuestras tradiciones, se conserva la esencia ancestral.

“Mira, es un debate muy largo, hay beneficios, pero es un debate muy polémico. También tenían algo muy importante, la música era su herramienta, aquí, allá en Sudamérica, en la Patagonia y en todos lados era un instrumento del ritual y era una herramienta para sentirse mejor, para conectarse con su entorno, con sus difuntos, con el sol, para sanar su cuerpo, para fortalecer su alma, para eso era la música.

“Yo recalco que su música y sus instrumentos tanto aquí como acá tienen una fuerza y una importancia increíble y por eso estamos para seguir mostrando que la música, aparte de que la puedes bailar, te puede curar, te puede fortalecer. Si nuestros ancestros lo hacían ¿por qué no podríamos hacerlo nosotros?, dicen que el baile es sanador, muchas veces terminamos bailando sin darnos cuenta”.

—El poder de la música te transmite sentimientos, te llena y te inspira. ¿También te puede llevar a la reflexión?

“Sí, hay veces que me escribe gente y me dice ‘oye, tu música me alegró la tarde’ o ‘veo la vida de una forma diferente, la letra me tranquilizó’. Hubo un caso de alguien que perdió un ser querido y tengo una canción que se llama “Desencarnó” y dice así: “Entiende, procesa que el viaje empieza, trasmuta la carne, el cuerpo regresa en aire, en fuego en viento regresas…

“Como decían mis abuelos, mis ancestros, el cuerpo muere, pero tu carne llega a la tierra y vuelve a nacer en la naturaleza”.

—¿Dios está en ti?

“Creo más bien en muchas deidades, en los dioses que están en la naturaleza, representados por los elementos de la naturaleza.

“Si la pregunta es sí creo en Dios, es que creo en la naturaleza que están representada en deidades”.

—¿La familia?

“La llevo siempre muy presente. Mi padre, mi madre siempre me han apoyado mucho incondicionalmente, a pesar de que he tenido una vida muy caótica, una adolescencia muy problemática y siempre agradecido con ellos porque a toda la locura que fue mi vida me han estado apoyando pese a miles de cosas que he pasado”.

—¿Qué te aliviana?

“Regresar a la naturaleza, el poder desconectarme de todo; sea lo que sea estoy aquí, estoy haciendo música, estoy en el marketing, pero llega un instante en que cojo todo y lo dejo ahí y me voy al campo y me estoy en mi casa de adobe, prendo fuego, llego a la calma. La verdad quisiera vivir siempre allá, pero estoy aquí luchando.

“Me recordaste mucho una palabra que decía mi papá, que él amaba su jacal, muchos le llamaban ‘pobreza extrema’, yo le llamo ‘infancia feliz’.

“Sí, mi casita de tierra es el paraíso; miro al cielo, veo las estrellas y soy feliz.

“Mi música habla de eso, de dejar todo y regresar, ver la candela, admirar las estrellas, sólo que estamos inmersos en eso de la tecnología.

—¿Qué te disgusta?

“La gente que maltrata a los animales, que considera que el ser humano es el eje del mundo, que piensan que están sobre todos y que minimizan cualquier otra forma de vida, siendo que es lo contrario.

—¿El hombre?

“Máquina de destrucción de lo que somos”.

—¿La mujer?

“Equilibrio, reflexión, instintivos. La mujer da vida, gracias a la mujer es que estamos aquí”.

—¿Tu pasión?

“La música, es mi vida, la razón de mi existencia”.

—¿Por qué el nombre de Mala Vibra?

“Porque soy irreverente en lo que hago. En el momento que llego al escenario cambio de vibración, es una esencia distinta, no es que sea mala, sino que es una vibra distinta”.

—¿Eres irreverente?

“Sí, y mi música lo es también”.

—Tu concepto es lo contrario, buena vibra, por tu forma de ser como persona. ¿Por qué no otro nombre?

“Simple, mi música es irreverente e innovadora. Hablo de cosas que nadie se ha atrevido hablar. Estoy sacando una canción que habla de que los astros se conectan con las tumbas en donde están enterrados los antiguos caciques y reyes y las tumbas se conectan con las montañas, hablo de eso y de cierta forma es irreverente porque va en contra de muchos principios de la forma de vivir actual y de la sociedad”.

—¿Te has creado un personaje o eres auténtico?

“No sólo digo, soy. Creo en espíritus del viento, espíritus del bosque, los volcanes, las luces en el cielo. Como decían mis ancestros: Las montañas tienen fuerza, su propia energía. La muerte es un viaje por que la vida es un espiral.

“Estoy hablando de conceptos prehispánicos y a ti te parecen innovadores porque muestro la cultura de los Andes de una forma muy distinta”.

—¿Cómo te ves en 10 años?

“Me veo viviendo en las montañas y alejado de todo, yo tengo mis días contados y ahora es mi tiempo de hacer música.

“Estoy dando lo que tengo que dar, estoy dando mi música, estoy sembrando y lo que perdure.

“Es bonito estar en las giras, los medios, es un trabajo y tal vez llegue el momento en que no pueda vivir sin hacer música”.

—¿Tu misión en la vida es tu música?

“La misión es lograr que a la gente le llegue y logre conectarse, pero como todo en esta vida es pasajero, el futuro es bien incierto, así que lo importante es que la gente sea feliz, que nos demos un tiempo para estar con el cosmos y las estrellas y escuchen mi música”.

—¿Hasta dónde quieres llegar?

“Muy alto, muy arriba y sé que voy a llegar, y mi música va ser muy escuchada y va llegar un punto en el que la gente le va entender ya que es muy radical; quiero que la música electro-ancestral sea muy reconocida y sé que atrás también viene mucha gente siguiendo mis pasos y eso me hace feliz porque ese reto no lo esperaba”.

Ya para finalizar, Mala Vibra da las gracias a IMPACTO por la atención prestada para la entrevista y no se va sin antes dejar sus redes sociales.

“A todo México le digo que para estar en contacto y puedan saber todas mis giras y promociones, pueden consultar mis redes sociales: En Facebook malavibramusic y en Twitter @malavibra”.

También da una primicia para esta Casa Editorial al expresar que en esta semana lanza un nuevo video que lleva por título ‘Danza en el pueblo de la Tzanza’, en donde la dirección y producción corrió a cargo de Zain Films.

 

 

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