Hay que dejar el mito de que cada filme mexicano sea un éxito José Buil

El cineasta, quien estrenó “Crímenes de Mar del Norte”, valora que sean 10 o miles de personas que acudan a ver su trabajo, pues todos pagaron su boleto

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El cineasta José Buil convoca a acabar con el mito de que cada película mexicana sea una estadística del top ten en la taquilla, pues considera que un espectador que asiste a una sala para presenciar un trabajo fílmico, sobre todo mexicano, es tan valioso como lo son miles de personas.

“Mis respetos si van 10, 20 o 100 personas a ver filmes nacionales, y mucho más, si son miles, todos pagaron un boleto”, señaló.

Sus opiniones vienen en respuesta a si son suficientes 40 salas que le fueron asignadas a “Crímenes de Mar del Norte”, su más reciente película que se estrenó el pasado 24 de noviembre.

Responde con tranquilidad que el filme se verá en la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Puebla, Toluca y área metropolitana.

En entrevista con Notimex en las instalaciones de la Cineteca Nacional recinto por el que ha visto pasar sus filmes, Buil no se exalta, por el contrario, explica un proceso.

“Yo no soy de los que piensa que una película llega a la cartelera y será un exitazo en taquilla. No me agrada pensar que seamos considerados deportistas; de que hacer cine es como una carrera de fondo, no debe ser así”, agregó.

Explicó que tanto sus filmes como los que ha hecho con Maryse Sistach, su mancuerna en las aventuras en esta industria cinematográfica, son productos que han sido vistos por una audiencia suficiente en su momento.

Para Buil enfocarse al puro estreno de un largometraje no es suficiente para valorar una obra cinematográfica. “Te puedo asegurar que se ha pagado boletos por verlas desde su inicio y luego las películas siguen vivas durante muchísimos años.

“Te pongo el ejemplo de ‘Perfume de violetas’, de Maryse, o de ‘La leyenda de una máscara’, que es mía, se ven continuamente en el cine, en la tele, en video, etcétera”, dijo.

“Los crímenes de Mar del Norte”, es la crónica de los asesinatos sucedidos en la Ciudad de México en 1942 a cargo de Goyo, un estudiante de química”, señalan sus notas de prensa.

“Estos hechos son narrados por Jorge Roldán “El Calavera”, quien fue implicado en los mismos por su amistad con el estrangulador de mujeres”, agregó el documento.

Buil reiteró que los cineastas, entre ellos él y Maryse, “le damos a ganar dinero al ‘sistema’ durante muchos años”.

“Pienso que hay que quitarnos de encima el criterio neoliberal que marca que si tu película no hace taquilla millonaria, no es un éxito, eso es mentira”, enfatizó.

Insistió que si una película mexicana logra 100 mil espectadores “les comento que es un éxito porque eso es cómo llenar el Estadio Azteca, entonces nosotros estamos contra el criterio neoliberal que descalifica a convertirlas en estadísticas”.

Se refirió concretamente a su reciente película: “Para mí un espectador es valiosísimo, espero que muchos vayan a verla. Los que puedan hacerlo a través de la pantalla grande, sería un fenómeno, y después la podrán volver a ver en su televisor en la sala de su hogar.

Posteriormente en sus computadoras “y por allá del paso del tiempo alguien la puede ver sentado en la Alameda Central en su celular, pero para eso, seguro será dentro de 5 años”.

Al preguntarle acerca de cómo fue que cruzó por su mente llevar al cine lo ocurrido a Goyo respondió: “Le atinaste a la palabra, a la frase, ¿dónde me cruza la idea de hacer Los Crímenes?”.

“En sí no había pensado hacer una película sobre esto sino que todo nació por ahí de 1988 cuando el señor Goyo anunció a la prensa nacional que se había recibido como licienciado en Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México”.

Recordó que Goyo se dedicó a hacer un ‘tour’ de medios y fue a dar al programa de Guillermo Ochoa, que era matutino.

“Tuve entonces la oportunidad de escucharlo cuando lo estaban entrevistando; quería verlo y me pareció muy sospechoso que no nos dijeran cuál era su pasado”, comentó el cineasta.

Señaló que decidió indagar su vida en la Hemeroteca de la UNAM.

Ahí, dijo, se encontró con la realidad histórica de los crímenes de Goyo que sucedieron en una etapa de psicosis bélica en la Ciudad de México inducida por el gobierno de aquellos años que le había declarado la guerra al Eje y eso fue el primer bucito que “se echó en esa investigación”.

¿Pero él tenía un pasado oscuro (los asesinatos), te atrajo la curiosidad, el morbo o la necesidad de plasmarlo en una película?, se le preguntó.

Sin adoptar la posición defensora del personaje en cuestión, Buil estimó que eso del pasado oscuro era bastante común.

“A cualquiera le pudo haber pasado, casarse con alguien y luego divorciarse, aunque para la época no era algo que todo el mundo hiciera, pero eso era lo más oscuro que tenía, no había nada oscuro, realmente no se sabía que hubiera cometido crímenes.

“El asunto es que él sí estaba diagnosticado como una persona enferma de los nervios y en agosto de 1942, que es cuando se desarrolla la psicosis bélica de la ciudad por la declaración de Guerra al Eje, al tiempo que en Goyo crece su psicosis criminal”.

Relata que mientras va subiendo el suspenso porque se acerca la fecha del primer apagón por el conflicto militar, Goyo va intensificando sus crímenes.

Hasta donde se sabe, según comentó Buil, el primero de todos los asesinatos lo comete el 15 de agosto y casi al día siguiente se anuncian las instrucciones para el primer simulacro de apagón en la Ciudad de México.

“Todo mundo entraba en crisis emocional, se solicitaba ahorrar gasolina, mayor energía, se apagaban las luces temprano.

Es así que el día que escuchó la alarma antiaérea todo mundo se quedó en casa, en los coches, en los autobuses, en los tranvías, en los restaurantes, en los bares, todo mundo tenía que apagar la luz.

Y mientras la alarma sonara, porque se suponía que aviación germana a comenzar los bombardeos e iban a destruir todos los edificios, entonces bajo esa atmósfera Goyo desemboca en el crimen, explicó el entrevistado.

“Yo todavía me trato de explicar el mayor de ellos: como fue el asesinar a su propia novia que era una chica de la clase media alta, pero ya había matado a tres”, comentó.

Se supo que a las cuatro las enterró en el laboratorio de su jardín casi al ras de la tierra y eso provocó un olor cadavérico en todo el vecindario.

Añade Buil que fue increíble que durante un mes nadie extrañara a las tres primeras chicas y esto era debido a que se trataba de prostitutas muy humildes

Se ufanó de que le sobró material como para hacer cinco películas más sobre el tema, “pero nada más por escrito”.

José Buil comentó que eligió la historia de “Los crímenes de Mar del Norte” y aplicó para recibir financimiento del Insitituto Mexicano de Cinematografía (Imcine).

Se congratula de que su filme sea parte de ese cine negro mexicano. “Es que yo le llamo, ‘el cine pegado al hueso’, porque va más allá de la piel, de la carne, del músculo y llega hasta el hueso para mostrarte la realidad tal como es”.

Comentó que en este caso se trata de la realidad histórica en la capital mexicana, “nosotros nos apegamos a los hechos que están cronicados en muchos periódicos mexicanos de manera extraordinaria”.

Aprovechó la charla para recomendar el archivo del diario “La Prensa”, “porque los fotógrafos de ese periódico eran unos auténticos artistas de la fotografía de nota roja que nos sirvió de inspiración para nuestra cámara y del blanco y negro”.

Se refirió también al proceso de producción de la planificación que incluía ceñirse a hacer la peli con el dinero obtenido. “Fue cuando me pregunté qué podemos hacer y lo primero fue descartar lo que no podíamos hacer, para lograrlo reestructuré el guión.

Recurrió a una trampilla cinematográfica, es decir, en lugar de mostrar cuatro crímenes a lo largo de hora y media, lo que hizo fue encajar cuatro asesinatos en una hora.

Es así que optó por contar en media hora (de la hora y media que dura la cinta), para la investigación.

El espectador puede ver, entonces, claramente que el crimen de Chela sí es denunciado por el papá de la novia de Goyo.

Fue gracias a hubo una agente del Servicio Secreto llamada Ana María Dorantes, papel a cargo de Úrsula Pruneda, quien tomó la investigación que le facilitaron en el Archivo Histórico de la Ciudad de México.

A Goyo fue muy fácil atraparlo porque estaba recluido en un hospital psiquiátrico porque su mamá consideró que andaba mal de los nervios.

En “Los Crimenes de Mar del Norte” participan Gabino Rodríguez como “Goyo”; Sofía Espinosa como “Chela”, la novia del asesino; María Rojo como la mamá del desquiciado; y Alberto Estrella es el papá de “Chela”.

Además de Fernanda Echeverría y Norman Delgadillo como “El Calavera” y Vico Escorcia, entre otros.

La música corrió a cargo de Eduardo Gamboa; en el sonido Carlos Guilar; Jay Aroesty en la dirección de arte y en la producción, Maryse Sistach.

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