Bicentenario Frankenstein

El monstruo cumple 200 año; de los labios de Mary Shelley, quien en ese entonces tenía 18 años de edad, brotó la historia de un monstruo, construido a base de retazos de cadáveres y condenado a una vida de frustraciones… El primer tiraje de este ser fue el 1 de enero de 1818

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El 1 de enero de 1818 apareció ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’.

Desde entonces el monstruo creado por Mary Shelley se ha convertido en un icono cultural, como atestiguan los estudios que se publican con motivo de su aniversario.

De los labios de Mary Shelley, quien en ese entonces tenía 18 años de edad, brotó la historia de un monstruo, construido a base de retazos de cadáveres y condenado a una vida de frustraciones. Lo llamó Frankenstein y nació la noche del 17 de junio de 1816.

El 1 de enero de 1818 aparecía con un tiraje de 500 copias Frankenstein o el moderno Prometeo.

A principios del siglo XIX, la obra causó conmoción, sus implicaciones eran demasiado profundas en una sociedad que aún se peleaba con el gas, el vapor y el carbón.

“El referente más claro de Frankenstein es Prometeo, porque, como decía J.B.S. Haldane, ‘no hay ninguna gran invención desde el fuego a volar, que no haya sido catalogada como un insulto a algún dios’. Si lo miras así, el monstruo es una perversión, es una blasfemia, pero en sí mismo es de una naturaleza completamente distinta y creo que ese es el gran hallazgo de Shelley: Frankenstein siente remordimientos por la creación de algo que es profundamente humano, pero no puede evitar tratarlo como si no lo fuera. Y de hecho el libro es una historia de amor y venganza más que de un descubrimiento singular”, aclara Frayling, que sigue así la teoría de Miranda Seymour, la más reciente de las biógrafas de Shelly, quien niega que la autora estuviera interesada en el ángulo tecnológico de la historia y que afirma que “el corazón de Frankenstein gira en torno al rechazo, al rechazo del doctor a su propio hijo”.

Es así como Mary Shelley escribió la novela, considerada la madre de las historias de terror.

La escritora británica, cuyo nombre de pila era Wollstonecraft Godwin, no era precisamente el tipo de hija paciente que esperaba a que su padre le arreglara un buen matrimonio tras la temprana muerte de su madre, una defensora de los derechos de la mujer.

En 1814, cuando apenas sumaba 16 años, inició una relación con el poeta Percy Bysshe Shelley, que estaba casado, y tuvo con él una hija que falleció a los pocos días de nacer. Aunque se casaron dos años después, tras el suicidio de la primera mujer de Shelley, la alta sociedad de la época siempre la miró con recelo por su defensa de las relaciones abiertas y su predilección por discutir con los hombres.

Mary se tomó su tiempo, pues quería lograr una experiencia terrorífica total. “El lector no debería atreverse a apartar la mirada, pues la sangre correrá torrencialmente por sus venas y el latido de su corazón se acelerará”, escribió en el prólogo. Y así fue como, tras una pesadilla nocturna, creó a Frankenstein y su monstruo.

La novela que la futura Mary Shelley gestó aquel verano giraba en torno al estudiante de medicina Víctor Frankenstein que, en su afán por desentrañar los secretos del alma humana creó un monstruo a partir de distintas partes de cadáveres.

“La repugnancia y un vertiginoso espanto se apoderaron de mi corazón cuando fui consciente de la criatura que había creado”, escribe la propia autora. Pero aunque éste tiene instintos asesinos movidos por la rabia y el odio, alberga un sufrimiento muy humano.

“Nací en Ginebra. Mi familia es una de las más ricas de la ciudad”, comienza la narración de Shelley sobre Víctor Frankenstein, que en muchos aspectos se parece a su entonces amante Percy.

La novela avanza a través de las cartas que escribe a su hermana el capitán de un barco británico que encontró el cadáver de Frankenstein en el Ártico cuando el médico había decidido buscar al monstruo para ponerle fin.

Tras su publicación, la novela fue en un principio destrozada por las críticas, pero la idea cuajó: los teatros comenzaron a realizar montajes con la historia de Frankenstein que popularizaron su éxito y en 1910 se filmó la primera película muda sobre la historia.

La famosa imagen del monstruo fue creada en 1931 por el cineasta James Whale con el actor británico Boris Karloff como protagonista. Al parecer, se inspiró en un cuadro de 1799 de Francisco de Goya, según documenta Axelrod.

 

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