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Autor: Juan Bustillos
El ex candidato presidencial pretendió echar a pelear a Beltrones y a Peña
Roberto Madrazo fue a Toluca en plan de provocador. Con la autoridad moral que le da haber conducido al PRI a tercera fuerza electoral, descartó ayer a Beatriz Paredes de la contienda presidencial y pretendió echar a pelear a Manlio Fabio Beltrones con Enrique Peña Nieto.
“Enrique es el cuadro más calificado que tenemos en el PRI; otro compañero es Manlio y hasta ahí. No veo más que a dos finalistas... veía a Beatriz antes del 4 de julio, después de esos resultados francamente no”, sentenció.
En cambio, el presidente de la Mesa Directiva de los Senadores y coordinador de la bancada priísta fue cauto. Elogió al gobernador mexiquense, pero dijo que falta mucho para la sucesión y que el PRI tiene varios cuadros consolidados como el propio Peña. Los apresurados “comen ansias”, remató.
En realidad, como dijo IMPACTO, La Revista, la semana que terminó ayer marca el inicio formal de la sucesión; el informal debemos datarlo en el momento mismo que se declaró la derrota de Andrés Manuel López Obrador en 2006. Manlio dice que falta mucho, pero bien sabe que no; el desenlace está a la vuelta de la esquina y apresurarse a estas alturas no es comer ansias.
Llegó pues el momento de las definiciones porque, como Madrazo el provocador anunció, la decisión se dará sólo entre dos: entre quien fue su coordinador de campaña presidencial y el que sufrió su ausencia cuando protestó como candidato a gobernador del Estado de México.
Beltrones y Peña o Peña y Beltrones deben cuidarse de los provocadores como Madrazo que pretenden enfrentarlos. Deben mirarse en la experiencia de Roberto: su empecinamiento en ser candidato, a pesar del rechazo ciudadano (más del 50 por ciento de los electores opinaba pestes de él), echó a perder la posibilidad al PRI de recuperar la Presidencia de la República. Se dio el caso vergonzoso de que los candidatos a diputados obtuvieron más votos que el presidencial.
Como se recordará, Madrazo acudió a las peores artes para deshacerse de sus competidores; ordenó protagonizar simulacros de cambios de la dirigencia nacional partidista para asegurarse el control de la postulación del candidato e hizo muchas cosas más para satisfacer su ambición presidencial.
Perdió y para explicar su derrota ha recurrido a todo tipo de argumentos; el principal, que sufrió traición en el interior de su partido. No reconoce que la primera traición fue la suya. Intentó engañar a sus competidores diciéndoles que no pretendía la candidatura y que sólo aspiraba a construir un gran partido.
En su derrota arrastró al PRI al sótano de las fuerzas electorales. De no ser por la habilidad de Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, que aprovecharon la debilidad de Felipe Calderón, del PRI sólo quedaría el recuerdo. El resto lo hicieron los gobernadores, en especial Peña, supliendo en la mayoría de las entidades la ausencia de la dirigencia nacional.
Si Peña y Beltrones son inteligentes (y no hay duda que lo son) deben demostrarlo ahora. La situación está servida, mejor que seis años atrás, para el retorno del PRI a la Presidencia; sólo lo evitará una confrontación interna, como Madrazo la propuso ayer. Como él lo hizo seis años atrás.
¿Serán capaces de percatarse de su responsabilidad histórica y cerrar oídos a quienes pretenden enfrentarlos?
Manlio ha preguntado a su partido para qué quiere el poder y ayer Peña contestó que no hay otro tiempo, que éste es el momento para impulsar cambios verdaderos.
A simple vista caminan por el mismo sendero. Que así sea.
Opinión