Jueves 17 de mayo de 2012 Última actualización: hace 30 segundos

Opinión

Los empleados del IFE como dueños de la ley

Sociedad y justicia

Autor: José Elías Romero Apis

No se dan cuenta de que muchos mexicanos, quizá la mayoría, ven al IFE como una institución desleal, mentirosa, ambiciosa, onerosa, deshonesta, tramposa, convenenciera, indolente e innecesaria

(Segunda de dos partes)

Agregaron que ellos estaban para cumplir la ley. ¡Vaya mezcla de estulticia y soberbia! Ellos estaban, precisamente, violando la ley, y no cuidándola. Están equivocadamente convencidos de que la democracia mexicana se lo debe todo al IFE, y nada a los ciudadanos. No se dan cuenta de que muchos mexicanos, quizá la mayoría, ven al IFE como una institución desleal, mentirosa, ambiciosa, onerosa, deshonesta, tramposa, convenenciera, indolente e innecesaria. Que ella es la culpable de la perturbación del quehacer público y de la contaminación del ejercicio político. No digo que tengan razón, sino que esa es su percepción.

Son los ciudadanos los que sufren y se quejan de que esa institución los obligue, periódicamente, a realizar engorrosos trámites para obtener o revalidar un cartón o un plástico que les resulta indispensable para identificarse y, de último paso, para votar en unas elecciones que, a la mayoría, no les interesan, no les esperanzan y no les convencen.

A los burócratas de mi encuentro no era el caso decirles que, con esa acta que ellos descalifican, yo he transitado por varias universidades como alumno y como maestro. He trabajado en cinco dependencias federales y en dos locales. He tenido pasaportes durante toda mi vida. Soy derechohabiente del ISSSTE y contribuyente del fisco. Tengo RFC y CURP. Me he casado y he tenido hijos, todo debidamente registrado. Para efectos electorales, he tenido credencial desde que se inventaron, pero, además, he contendido y triunfado electoralmente. Es decir, sin mayor problema, y ante el escrutinio de los partidos adversarios, el IFE me ha registrado como candidato y me ha expedido la constancia de mayoría para ser diputado federal.

Por eso puedo jurar lo que es del dominio público y de los registros del gobierno: que mi acta natal jamás ha sido impugnada ni cuestionada porque, además, está perfectamente redactada. No la defiendo por ser la mía. No es mi obra, sino la de unos empleados municipales muy modestos, pero muy aplicados a su quehacer y muy respetuosos de sus leyes.

En fin, ya encontraré la solución jurídica de un problema que no me agobia, pero me abruman los millones de electores desprotegidos ante una institución a la que los mexicanos no quieren ni respetan y que, contra su voluntad, obedecen y mantienen.

Abogado y político.

w989298@prodigy.net.mx

* Siete veces ex subprocurador en las procuradurías General de la República y del Distrito Federal

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